OPINION: LOS GUARDIANES DE LA FE

Es sabido cómo hay una lucha subterránea y organizada contra el papa Francisco. Desde hace tiempo hay quienes pretenden defender la tradición y la doctrina de la Iglesia contra cualquier cambio; no solo cardenales, curas y obispos sino también laicos y con una agresividad inédita, destructiva. Lo hacen de una forma pública y sobradora.  Confunden doctrina con dogma.

Los dogmas, que son inmutables por ser verdades reveladas por Cristo y transmitidas por la Iglesia, son muy pocos y están fundamentalmente en el Creo que rezamos en la misa. Si bien la Iglesia siempre debe actuar a la luz de la Escritura y de la Tradición, las doctrinas pueden cambiar y evolucionar según los tiempos y las circunstancias; están abiertas a la discusión y al estudio teológico. Si la postura abierta y progresista de Pablo no se hubiera impuesto en el primer Concilio de Jerusalén frente a Santiago, estaríamos todavía obligados a la circuncisión. En la época moderna hubo cantidad de cambios en el magisterio de la Iglesia; por ejemplo sobre ecumenismo, diálogo interreligioso, liturgia, derechos humanos, pena de muerte, guerra justa etc. Que haya hombres casados ejerciendo el sacerdocio o mujeres que sirvan a la Iglesia como párrocas o dirigentes de comunidades, no debería extrañar a nadie ya que así era también en los primeros siglos de la Iglesia. Estos cambios fortalecen la fe en el Espíritu Santo que acompaña, actualiza y rejuvenece a la Iglesia. Reciente ha sido la polémica sobre el libro de un cardenal de la Curia Vaticana, el africano Robert Sarah que no es teólogo pero defiende el celibato sacerdotal en forma absoluta, aunque no sea exigido por la naturaleza misma del sacerdocio tal como enseña el Concilio. El primer papa era casado, los apóstoles también y esta fue la norma durante los primeros siglos; la Iglesia Católica de Oriente sigue manteniendo esa costumbre para los sacerdotes. El libro de Sarah lleva la firma del Papa emérito Benedicto en su contenido central, pero no es un texto papal ni magisterial, sino simplemente la opinión del obispo y teólogo alemán Ratzinger (que en tiempos del Concilio defendió lo contrario). Se habla inclusive del sacerdocio de hombres casados como de un “sacerdocio de segunda clase”, lo que es injusto  y ofensivo ya que el Concilio habla de “sacerdotes beneméritos casados” en el rito católico oriental (Cfr. Presbiterorum Ordinis). Detrás está la maniobra de querer, apoyándose en Benedicto, parar los cambios que el papa Francisco promueve, acompañado por la gran mayoría de los pastores de la Iglesia. Podría suceder con la exhortación postsinodal del Papa lo que ya pasó con Amoris Laetitia que es un hermoso documento sobre la familia pero que los “guardianes de la fe” redujeron a la autorización de la comunión para divorciados en algunos casos. Ahora el tema central del Sínodo Amazónico podría pasar a ser la ordenación de hombres casados en algunos casos y no un valiente manifiesto profético de una Iglesia que se pone al servicio de los últimos de este mundo y de su ambiente de vida.

En realidad el conflicto más profundo no es por la doctrina o por el dogma. Francisco no quiere una Iglesia autorreferencial y doctrinera, sino al servicio del mundo e invita a la jerarquía a dejar de lado los privilegios y los títulos, a alejarse del poder, a bajar del caballo, a ser pastores con olor de oveja para llegar a todos, a luchar por la justicia y realizar la opción por los pobres, a estar abiertos a los signos de los tiempos. Quiere una Iglesia pobre para los pobres. El gran problema hoy no es defender la ortodoxia doctrinal de la fe, sino la promoción de la justicia en un mundo donde millones de seres humanos padecen hambre y mueren.  Detrás de la fachada teológica, está la derecha religiosa y política que avanza en todo el mundo, el fundamentalismo de los Salvini, Bolsonaro y los bolivianos que, van blandiendo la Biblia y el Crucifijo como un arma. Son los que, en vez de fomentar la cultura del encuentro como pide el Papa, fomentan el choque de civilizaciones y religiones, el nacionalismo y el racismo, la xenofobia, una moral rígida y autoritaria. La evidente oposición al Papa y el intento, totalmente falso, de oponer el papa Francisco a Benedicto, han causado un enorme y negativo impacto en el mundo católico. En realidad el tema del celibato sacerdotal no interesa mayormente a los católicos de a pie ni al público en general, pero lo que cunde es la desorientación por estos escándalos públicos de los que deberían ser guías espirituales del Pueblo de Dios. Tradicionalistas y reformistas o renovadores siempre hubo y son necesarios en la Iglesia, como en un coche el freno y el acelerador; depende de las circunstancias y de quien maneja si usar más el uno o el otro. Llama la atención el silencio de Francisco frente a todos estos ataques a su persona, muchas veces sin ningún tipo de respeto. Francisco sabe que no conviene defenderse de los que buscan protagonismo y quieren imponer sus ideas; tampoco aplica sanciones. Cultiva la no violencia y busca dar un testimonio personal, realmente evangélico. También sabe que urge una reforma del papado en una perspectiva más sinodal y participativa (cfr Evangelii Gaudium n.32). Pero a los falsos guardianes de la fe hay que recordarles que el Señor hizo de Pedro, y solamente de él la piedra de la Iglesia y le entregó las llaves de ella, instituyéndolo, solo a él, pastor de todo el rebaño (Jn 21,15-17).

                                                  PRIMO CORBELLI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .