(Nunca sin el Otro): Por Felipe Navarrete

Sacerdote jesuita al servicio de los más pobres. Escribe Sergio Sánchez Moreno.


Poca gente hemos conocido que ansiaba más el encuentro definitivo con Jesús. Si miramos su vida, pasó casi 93 años preparando su equipaje para este viaje final. Y si bien en los últimos 4 o 5 años ya su vida estaba muy limitada por una severa y dolorosa dolencia que soportaba sin emitir una queja pero que también lo había limitado en sus contactos y desplazamientos, Felipe no tuvo un anhelo superior en su vida… encontrarse con su amigo Jesús.

Que Él lo presentara ante su Padre
Este 24 de setiembre de 2019, a pocos días de su cumpleaños 93, en un hermoso día de primavera, Felipe salió a reencontrarse definitivamente con sus amigos y familiares que lo estaban esperando en la otra orilla, donde la vida sigue y donde “la casa es grande y tiene muchas habitaciones”.
Felipe Navarrete Salgado, nació en Tupambaé, Cerro Largo, el 7 de noviembre de 1926. Dice de él, Luis, quien lo veía a diario en la enfermería del Colegio Seminario: “No soy bueno con las palabras, pero lo único que te puedo decir es que lo voy a extrañar a mi Santo, mi San Felipe Navarrete Salgado de Tupambaé!”. Y él no lo conoció más que en su última etapa.
A los 19 años recién cumplidos fue aceptado como aspirante a sacerdote en la siempre rigurosa Compañía de Jesús… a ella pertenece el actual Papa Francisco.” Así que el Papa Francisco y Felipe son Jesuítas.

Pero no fue fácil, no
Felipe no había sido como sus hermanos, tanto Eduardo que fue un gran médico, como Roberto, que fue un destacado productor agropecuario y gremialista rural los destacados de la familia.
Felipe tenía excelente conducta pero se distraía con todo. Entonces hacía reír a los demás. Su fama de distraído y atolondrado lo va a seguir toda la vida.
Hizo dos años de noviciado en Montevideo, entre 1945 y 1946. Tres años de Juniorado en Córdoba, Argentina hasta 1950. Desde 1951 estuvo en San Miguel, Argentina estudiando filosofía. Desde 1954 fue profesor de los alumnos pupilos del colegio jesuíta de Tacuarembó.
A pesar de no saber inglés, lo destinan a Estados Unidos por cuatro años, hasta 1962, en el WEST BADEN COLLEGE, en el estado de INDIANA.
Allí, rodeado de su mamá y hermanos… sin su padre que murió pocos días antes, en 1960 fue ordenado sacerdote. Él siempre consideró esto como un verdadero milagro.
Un tipo tímido hasta dar miedo, según él se describe, con poca capacidad para estudiar, ordenado sacerdote por los Jesuítas… ¡milagro de amor -dice- solo posible por la misericordia del Padre Bueno!
El año de 1962 lo encuentra en la famosa Universidad John Carroll en Cleveland, donde hace su Tercera Probación. Luego vuelve a su país, y lo destinan 7 años como Prefecto en Colegio Seminario de Montevideo, y después 4 años como superior de una residencia de sacerdotes en Montevideo.
Llegamos a 1974 donde por primera vez vuelve a sus pagos de Cerro Largo como sacerdote y párroco del Santísimo Redentor de Fraile Muerto. Invitado por quien va a ser su amigo muy fraterno, Roberto Cáceres, obispo de Melo por 34 años.
“Al llegar en tren a Fraile Muerto, en la estación me esperaba Madre Lina, superiora local de Las Misioneras Franciscanas del Verbo Encarnado que desde 1950 servían en la Sala de Auxilios de la población y con las que me entendí de maravillas. Casi 5 años serví allí, recogiendo tanto amor de la gente que se me volvió inolvidable y parte de mí”. Escribía esto a los 82 años.

En esas décadas finales del siglo 20 los Jesuítas estaban presentes en buen número en Treinta Tres y Cerro Largo. Padres José Novoa, Alfonso Ortega, Juan Martín Posadas, Vicente Ramos, Luis Rodríguez, Gabriel Gallínal, Felipe y más adelante Luis del Castillo (como Obispo) son algunos que nombramos.
Felipe es destinado en 1979 a SAN JOSÉ OBRERO, la parroquia del centro de Treinta y Tres donde desplegó una infatigable tarea, actuando no solo como evangelizador, tarea central, sino como gran ayuda y soporte de los diversos grupos y movimientos que impulsaban la recuperación de la democracia. Nacía el Serpaj con el impulso de Luis Pérez Aguirre, otro jesuíta inolvidable, y Felipe estuvo con él. La iglesia conmovía el país con sus Jornadas Nacionales De La Juventud, que en plena época de cercenamiento de libertades, se mandaba una caravana de miles y miles de jóvenes que cantaban:
“Nuestro pueblo necesita nuestra fuerza, juntos vamos construyendo un nuevo mundo de justicia”…
y Felipe estaba allí, acompañando a los jóvenes y apoyando por ejemplo el trabajo de un notable sacerdote como Jorge Techera.
Los sindicatos eran mala palabra y Felipe los amparaba. Impulsaba las Comunidades Eclesiales de Base, creaba y dictaba cursos de varios meses de duración, catecumenados, para profundización de la fe de los adultos, impulsaba los Cursillos de Cristiandad y los Encuentros Matrimoniales.
Pero además, recorría a los vecinos, su motito Honda 50 cc recorría el pueblo visitando amigos, repartiendo socorros, ponía su oración y su fraternidad para enfermos y necesitados en general, trabajaba incansablemente contra los celos compulsivos y esa enfermedad tan destructiva, era su gran enemiga.
Además se daba tiempo de ir a jugar a la paleta al Círculo de Pelotaris Olimar y de jugar durante horas al ajedrez.
Su día arrancaba muy tempranito y dormir 5 horas para él era mucho. Decía que a medida que se fue quedando viejo necesitaba rezar más y dormir menos.
A los 82 años, hace 10 en este momento que escribimos sobre él… Felipe decía:

“He vivido buena parte de mi vida urgido en responder al momento, problemas y necesidades puntuales de personas concretas, la gran mayoría gente muy pobre económicamente. Cómo quisiera hoy más oportunidades de la vida para llorar con los pobres que lloran y reír con ellos que bien saben reír a pesar de las dificultades. Sus miserias siempre fueron mías. Doy gracias a DIOS por todos los pobres que han golpeado mi corazón, necesitados de ayuda… por nunca haberles despedido con las manos vacías”.
“En esta forma de proceder con los pobres, sin darme cuenta, han ido ellos plasmando en mi, un corazón más sacerdotal, más capaz de amar estos hermanos.
Los despreciados, los últimos en la escala social… ellos mismos me han enseñado a amarlos como los ama Jesús. Los tres pilares de mi vida sacerdotal son los Pobres y su servicio, la Eucaristía y la Palabra de Dios… pero los tres unidos inseparablemente”.

Desde 1995 fue misionero en Cuba, en 2002 volvió a Melo para ser por dos años párroco de La Catedral, después un último pasaje por Fraile Muerto, finalizando su servicio intenso a la diócesis con casi 80 pirulos como párroco de El Salvador, barrio Tanco de Treinta y Tres.
Desde 2007 volvió a Montevideo donde cumplirá varias actividades hasta que su enfermedad lo remitió a la enfermería del Colegio Seminario en el centro de Montevideo.
Dice Felipe… “Jesús ha estado siempre en el centro de toda mi experiencia religiosa. Él es el único perfecto. Maestro de vida temporal y eterna. Tanto valen los demás maestros cuanto coincidan con su enseñanza. Él es El Camino, La Verdad y La Vida. No hay otro camino para alcanzar la plena realización humana, temporal y eterna”.
Palabras de Pipe, de su autobiografía inédita y escrita en 2009.
Sentimos tu abrazo. María tiene tu grapita pronta y papá está con el ajedrez tendido…
¿a qué hora llegás, curita?…

Tomado de Tribuna Popular n. 1496

2 comentarios en “(Nunca sin el Otro): Por Felipe Navarrete

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