Navidad ¿Fiesta cristiana, o fiesta del consumo?

Eduardo Ojeda

Cuando escribo estas líneas ha transcurrido ya la mayor parte del Adviento, que comenzó el pasado 1º de Diciembre, y sin embargo los comercios, ya a principios de noviembre, y algunos a mediados de octubre, empezaron a armar sus vidrieras, y sus góndolas de articulos para la Navidad. Antes, recién a fines de noviembre lo hacían. Es que así hay tiempo para poder mentalizar a los consumidores, y por otra parte ¿qué niño o niña que va al super con su mamá, no se tienta con algún turrón y pan dulce, para comerlo ya? ¿Por qué esperar a la Navidad, no?

Pero si vamos a nuestros hogares, y a la cena familiar, nos encontramos de que hablamos de cualquier cosa menos del homenajeado. Pues aunque todos sabemos que Jesús es a quien homenajeamos, es justamente Él, el gran ausente. Y si agregamos el hecho de que en nuestras familias son muy pocos los que realmente practican la fe, aunque lo hagan de vez en cuando, o en el momento de morir pidan de apuro a un sacerdote, (¿por las dudas no?)… La verdad es que de Él no hablamos ni lo recordamos y son muy pocas las familias a las que se les ocurre ir a misa o rezar al menos antes de la cena familiar de Nochebuena.

En este pais en el cual se trató de renombrar la fiesta de Navidad como “el día de la familia” sigue primando al menos el agnosticismo como conducta habitual, aunque el juntar a la familia sigue siendo lo más importante, aunque alguien pasado de copas pueda meter la pata y terminamos todos peleados, porque eso sí: en Navidad nos damos licencias alimenticias bastante grandes: comemos alimentos como el turrón o el pan dulce, que son muy ricos en calorías y aptos más bien para un clima invernal, y no para el verano. Y también le damos al alcohol, y mezclamos bebidas, en fin, que en el mejor de los casos terminamos todos artificialmente alegres, o más peleados que antes.

 

Navidad, fecha histórica incierta

Por otra parte, y seamos claros, no sabemos exactamente cuando nació Jesús (Ver Lc 2, 1-21). De hecho, con las referencias que tenemos lo más seguro es que no haya nacido en diciembre.

Lamentamos el balde de agua fría, pero tenemos que dejar de ser cristianos ingenuos y aceptar la razón y la investigación científica como aliadas y no enemigas de la fe.

Las referencias de Lucas cuando nos cuenta el hecho del nacimiento en Belén, nos hablan de que los pastores estaban cuidando sus rebaños en el medio del campo, y no tenían las ovejas dentro de sus rediles (Lc 2, 8-9). Esto en invierno no podía hacerse. El clima de Belén es seco, y cálido en el día pero en la noche, y en el invierno era seco y frío (Belén está cerca del desierto de Judea) por tanto si estaban en el campo raso con sus ovejas, seguramente se iban a morir de frío.

Por otra parte José y María vivían en Nazareth, y si estaban allí era por el censo de Augusto, hecho cuando Quirino gobernaba la provincia de Siria, a la cual pertenecía Palestina (Lc 2,1-2).

Resulta más que evidente que un gobernante que planifique un censo, elegiría el verano o al menos la primavera, y no el invierno para que la gente se traslade a su lugar de origen como afirma Lucas.

Sabemos que Cayo Quirino existió, (encontramos escritos romanos que lo confirman); pero hay otro problema. La fecha del nacimiento de Jesús también está mal. Porque según Mateo cuando Jesús nació gobernaba Herodes el grande, (Mt 2, 1-3. 21-23)  que vivió sus últimos años obsesionado por conservar su trono, y mandó asesinar a su sobrino, a su mujer y a uno de sus hijos pues conspiraban contra él.

Por su crueldad cabe suponer que la famosa matanza de los niños de Belén, tuvo lugar bajo su reinado. No hay registros de este hecho fuera de los Evangelios, pero no desentona mucho con el estilo de este tetrarca, que era un rey títere al servicio del Imperio, y famoso por su crueldad. Además, ¿qué cronista romano o judío se preocuparía de la matanza de 30 bebés de un pueblucho insignificante de Judea?

Tácito contó que en un banquete alguién le comentó a César Augusto sobre la crueldad de Herodes y el asesinato de uno de sus hijos. A lo cual Augusto bromeando dijo: “Está claro que en Judea, es más seguro ser cerdo, que Hijo de Herodes” (es que los judíos no comían carne de cerdo).

Herodes, por lo que sabemos, murió aproximadamente en el año 4 antes de Cristo. El censo de Augusto, ordenado por Quirino, se comenzó a realizar en el año 7 antes de Cristo. Sí, la fecha está equivocada.

Recordemos que el Calendario solar Gregoriano, que es una reforma más precisa del viejo calendario Juliano (mandado hacer por Julio César y que cuenta los años de atrás para adelante, desde la fecha de la fundación de Roma), está equivocado en cuanto a la fecha del Nacimiento de Jesús.

Pero este error no fue del papa Gregorio XIII, que a partir de 1582 lo hizo implementar en Europa. La fecha del nacimiento de Jesús que Gregorio aceptó como cierta fue propuesta por el Monje Dionisio el Exiguo, para fijar la fecha de la Navidad.

Fue el papa San Hormisdas que entre el año 514 y 523, le encargó a este sabio monje que fijara la fecha del nacimiento de Jesús.  Dionisio fijó el año 747 de la fundación de Roma, como el del nacimiento de Jesús. Lamentablemente se equivocó. Pero sería muy engorroso cambiar el año en el que estamos viviendo actualmente ¿no?

Así que Jesús nació en algún momento del año 7 o 6 antes de Cristo. Posiblemente en el verano, julio o agosto, tal vez.

¡Felices Saturnales!
La fecha de la Navidad tiene que ver con las fiestas paganas que se celebraban en Roma.

El solsticio de Invierno, siempre ha sido motivo de festejo en varias religiones antiguas, pues los cambios de estaciones, rigieron siempre la vida de las personas, y sobre todo en el ambiente rural, pues las fechas astronómicas (solsticios de invierno y verano, o equinocios de otoño y primavera) marcaban los momentos de siembras, cosechas, y la vida de la comunidad.

En Roma, el comienzo del invierno que ocurría en los últimos días de diciembre, estaba marcado por las fiestas saturnales. En ellas se hacían, en honor del dios Saturno, grandes fiestas durante la semana que iba del 19 al 25 de diciembre, era una semana de jolgorio, y de rienda suelta a los excesos. Algo así como el carnaval de Río.  Así las grandes comilonas, la bebida, y la promiscuidad sexual dominaban esos días en los que se recordaba la antigua “edad de oro” que supuestamente tuvo la humanidad bajo el reinado del dios Cronos o Saturno, cuando hombres y mujeres vivían muchos años y eran felices. Esta fiesta culminaba con el día del “Sol invicto” el 25 de diciembre, pues en esas fechas se empezaba a notar que el sol empezaba a estar presente más horas en el dia que antes. Todos sabían que el sol empezaría a vencer a las horas de oscuridad.

En ese día se celebraba la fecha del nacimiento del dios Mitra, que era de una religión importada del oriente y que estaba compitiendo con el cristianismo. Esa fue la razón por la que el papa Julio I pidió que la Navidad fuera celebrada en esa fecha, justamente para opacar la fiesta pagana. A pesar de que ya el cristianismo tenía plena libertad en el Imperio para el culto público, el mitraísmo y algunas religiones paganas seguían siendo practicadas.

Así que el Papa intentó “bautizar” esa fecha para sustituir la celebración pagana, por una celebración cristiana.  Entonces el papa Liberio, (sucesor de Julio) decreta en el año 354 que esta fecha correspondía al nacimiento de Jesús. Por tanto la primera celebración occidental de la Navidad se hizo en Roma el día 25 de diciembre de aquel año. Existe discrepancia con algunas Iglesias Orientales, que celebran la Navidad el 6 de enero.

Pero en la forma en que la mayoría de los uruguayos celebramos esta fiesta, no deberíamos saludarnos con el clásico “Feliz Navidad” sino como recomendaba hacer el periodista uruguayo César Di Candia:  ¡Felices Saturnales!

 

Los símbolos de la Navidad

Si hay una fecha con colores brillantes y muchos símbolos, ¡esa es la Navidad! Analizémoslos entonces para valorarlos y aprender de ellos.

El Judas

Está bravo, ¿no? Parece algo antisemita, pero la quema del Judas, sigue siendo todavía una tradición muy uruguaya.  Aunque se va perdiendo porque ya no se hace como antes. A principios de diciembre los niños solían armar un muñeco de trapo con ropa vieja, y algún sombrero perchento y paja, eso sí, mucha paja y trapos, luego se le añadían cohetes y fuegos artificiales que se irían quemando de a poco.

Hoy se siguen haciendo y quemando, pero no siempre. Los niños (al menos cuando yo lo era, y tengo 66 años) fabricaban con esmero ese muñeco, lo más grande posible, lo ponían en una esquina del barrio donde pasaba la gente, y pedían “Una moneda o un vintén, pal Judas” y lo quemaban el 24 de diciembre.

Hoy lo siguen haciendo, pero con muñecos de plástico a los que obviamente no van a quemar. La plata que piden no es para comprar juegos pirotécnicos, sino por pedir, nomás, y comprarse golosinas (en el mejor de los casos).

Yo le pregunté a unos niños si sabían lo que era la Navidad y por qué se quemaba ese muñeco.

Ninguno me supo contestar, aunque uno de ellos me dijo: “Porque la Navidad es el día de los cohetes”

Ni sabía quien había nacido ese día.

La tradición del Judas no es algo antisemita. Es más cristiano de lo que parece: Judas Iscariote, el que traicionó a Jesús, representa al traidor que hay en nosotros, al “hombre viejo” descripto por San Pablo “ustedes tienen que dejar su forma anterior de vivir, el hombre viejo, cuyos deseos engañosos lo llevan a su destrucción” (Efesios 4, 22).

Judas Iscariote no es en realidad la representación de los judíos, sino de nuestro hombre viejo interior. O sea de esa parte egoísta y oscura de nosotros mismos, que nos lleva a vivir una conducta equivocada y malvada, una conducta que debemos abandonar y dejar de lado si queremos ser verdaderos seguidores de Jesús. Es el hombre viejo, que debe ser destruido para dar lugar al hombre nuevo, que es la imagen de Jesús en nosotros.

Por eso quemamos el símbolo de lo que nosotros mismos somos, y lo hacemos precisamente a las 24hs. del día previo al nacimiento de Jesús, el hombre nuevo.  Lo hacemos en un contexto de alegría representando así la dolorosa pero necesaria transformación que el Señor Jesús nos pide para seguirlo y ser sus testigos (Ver Efesios 4, 17-32).

Un sacerdote uruguayo, cuyo nombre no recuerdo (y el único que me podría decir su nombre es un amigo sacerdote, Oscar Adolfo Chapper, ya fallecido y al que obviamente no puedo consultar), inventó un candombe que habla de la quema del Judas en Nochebuena.

Aquí les dejo la letra, de este villancico Uruguayo.

 

El Judas se quema

El Judas se quema, el Judas se quemó, en la Nochebuena, pues nace el niño Dios.

Muñeco de trapo, barriga de paja, tu destino es humo, que se lleva el viento.

Pues naciste viejo, sin alma ni aliento, fantoche de farsa, de triste mortaja.

Muñeco de trapo, tú eres la figura, de uno que lastima nuestros corazones, 

hecho de egoísmo, odios y rencores, es trapo y es paja, es humo y basura.

¡¡A la rueda, rueda, alegres cantemos, lo malo quememos, hoy es Nochebuena!!

 

El árbol de Navidad

El árbol de Navidad no fue en su orígen un signo cristiano. Tuvo un lugar muy importante en la religión de los antiguos normandos o Vikingos, que habitaban el norte de Europa.

Como en esa región el clima era muy riguroso, este pueblo tenía una religión muy pesimista. Y como eran muy guerreros, creían que sus dioses también lo eran. Ellos creían en Odín, el dios del Cielo y de la guerra, en su hijo Thor, el dios del trueno, y otros varios dioses. Estos vivían en el Valhala, que era un hermoso paraíso sobre las nubes, donde los dioses banqueteaban junto a los guerreros que habían caído en combate, y que iban allí al morir.

Pero el Valhala no conocía la paz, porque siempre los gigantes helados, que representaban el invierno, lo asaltaban y amenazaban con destruir a los dioses, y al mundo. Los dioses peleaban. Pero cuando llegaba el invierno, ellos creían que los dioses estaban en peligro, y estaban a la defensiva.  El solsticio de invierno marcaba la peor crisis.

Pero para que el mundo no se terminara, los antiguos vikingos se reunían en el solsticio de invierno, cuando la oscuridad de la noche era más larga,  y le ofrecían sacrificios a los dioses y a sus compañeros de batalla, porque creían que estos les daban fuerza. Los sacrificios que ofrecían eran de los guerreros capturados en batalla, a los que cortaban la cabeza, y la colocaban en el árbol sagrado de los dioses. Este era el pino o el abeto, pues a diferencia de otros árboles que perdían sus hojas en el invierno, este árbol las conservaba, dando la esperanza de que los dioses ganarían.

Luego del solsticio, cuando las horas solares aumentaban, los vikingos respiraban aliviados, pues era la señal de que los dioses estaban haciendo retroceder a los gigantes helados y ganarían;  de esta forma ellos sabían que la primavera volvería.

Como pueden ver, los primeros árboles de Navidad no eran de Navidad, y no tenían globitos de colores en sus ramas, sino otro tipo de adorno menos convencional.

En el solsticio de invierno, además (concretamente el 25 de diciembre) se celebraba el nacimiento del dios Frey, porque los dioses de este pueblo no eran inmortales: nacían y podían morir, aunque vivieran siglos.

El dios Frey, palabra que viene de “frawjaz” y significa “Señor” no es hijo de Odín sino de N´jord y hermano de Freya, la diosa del amor, que luego sería la señora de Thor. Él era el dios de la fertilidad, y era el que proporcionaba la fuerza sexual a los hombres y mujeres y les ayudaba en su fertilidad.

El abeto era un árbol que se adornaba en ese día, y la coincidencia con la fecha de la Navidad, viene por la fecha astronómica. Representaba al árbol sagrado “Yaggdbrassil” que unía los 7 reinos del Universo.

Cuando los misioneros cristianos llegaron prohibieron los sacrificios humanos, y reemplazaron el culto de Odín por el de Jesús. El árbol quedó como testigo de otra época, y como signo de la Vida Nueva que vendría al mundo; no por la victoria de Odín, sino por la venida de Jesús.

Se piensa que fue San Bonifacio, que en un gesto de valentía cortó con un hacha el árbol de Frey y de los dioses, y adornó otro abeto, con manzanas, en representación del pecado original, y con velas, que representaban la luz de la fe y el amor de Jesús que nacía.

Así nació el árbol de Navidad: una estrategia pastoral muy arriesgada de parte de un monje misionero, medio loco, que arriesgó su vida haciendo un gesto más propio de Indiana Jones, que de un misionero convencional cristiano. Así que a este intrépido misionero le debemos el arbolito cristiano de Navidad.

 

¿San Nicolás de Bari o Santa Claus?
Vió la primera luz en el año 270, en la ciudad de Patara, de la Licia, hoy esa región es parte de Turquía. Fue obispo de Myra, la metrópoli de su provincia natal. Asistió al primer Concilio ecuménico, el de Nicea, del año 325. Falleció hacia el 344.

En el siglo XI, unos mercaderes italianos sustrajeron de Myra su cuerpo, para salvarlo de la invasión de los musulmanes, y lo transportaron a Bari, donde es venerado. Su Fiesta: 6 de diciembre, y tiene misa propia.

He aquí la figura de un gran obispo, cuya historia -hermosa en sí misma- se entrevera con abundancia de leyendas. Varón de glorioso renombre en Oriente y en Occidente, ha sido ensalzado, a través de dieciséis siglos, por oradores, poetas y artistas. Es reconocido santo por la Iglesia Católica Romana, la Iglesia Ortodoxa griega, y la rusa. También es reconocido santo por la Iglesia Anglicana, y muy venerado en la Iglesia Luterana. Además es el patrono de Rusia, de los marineros y de los niños.

Los padres de Nicolás eran nobles, y ejemplares cristianos. Le procuraron sólida educación moral e intelectual. Se encargó de su integral formación el propio obispo de Pattara, que era su tío. Muy joven nuestro Santo quedó huérfano y dueño de una inmensa fortuna, que en sus manos fue un medio “para hacerse amigos en el Cielo”. “Vende tus bienes -insinuó el Salvador al joven rico-, repártelos a los pobres”. Así lo hizo Nicolás. Toda su vida socorrería a los más indefensos, y sobre todo a los niños, con los cuales se llevaba muy bien. Por eso se lo considera su patrono.

De este modo fue sumergido Nicolás en un episcopado que iba a ser repleto de tribulaciones, pruebas, luchas y prodigios. La primera grande aflicción, la de su propio encarcelamiento (se perseguía a los cristianos). No se había extinguido el incendio de las persecuciones. Pero en el año 313 Constantino, el nuevo emperador decretaría la libertad religiosa del Imperio, Nicolás sufrió la prisión a raíz de las mismas, pero no dejó de confiar en el Señor.

Un obispo era en aquella época el Padre nutricio de su pueblo. Solía administrar vastos cultivos e instituciones en orden al mantenimiento de la  población y, en caso de crisis, era el llamado por excelencia a preocuparse de las soluciones.

Nicolás fue ejemplo de bondad y amor, él veía a Jesús en cada uno de los indefensos que socorría. Solía dejar alimentos, dinero y ropa en las casas de los pobres, cristianos o no, por eso se lo recuerda, y como una vez -según una leyenda- usó una chimenea para hacerlo, de allí viene su leyenda de que deja los regalos usando las chimeneas. El beneficiario era un padre de familia viudo que tenía tres hijas adolescentes, y por deuda debía darlas como esclavas a uno de sus acreedores, pero Nicolás le arrojó dinero en una bolsa en la chimenea de su casa, y entonces ese padre de familia que era pagano, pagó el rescate por sus hijas, y todavía le quedó suficiente para otros gastos.  Luego, al enterarse quien era su bienhechor se convirtió al cristianismo, y cambio su vida. Sus hijas se casaron felizmente con 3 jóvenes cristianos, y formarían familias ejemplares.

 

El surgimiento de Santa Claus, o “Saint Klaus”

Klaus es diminutivo de Nicolás y era considerado el protector de los niños. No era gordo, sino flaco, y sus imágenes e íconos lo muestran como un obispo generoso, rodeado de los más pobres, y de niños.

En algunos íconos se lo representa junto a tres niños desnudos, que salen de una barrica de madera: es que en los alrededores de Lycia, habían desaparecido varios niños en un bosque cercano. Nicolás investigó y descubrió una cabaña de un asesino, que además de matar a tres niños había puesto sus cuerpos en una barrica con sal, a fin de prepararlos para alimentarse con ellos. Nicolás redujo al hombre, y le ató fuertemente, luego en una habitación contigua, descubrió a los pequeños; el obispo oró con devoción y Dios le concedió el milagro de que estos niños volvieran a la vida.

Luego entregó al asesino a las autoridades y devolvió a los niños a sus padres. Este fue el origen de su condición de protector de los niños.  Tambien se encargó de los huérfanos, y de socorrer a las familias más pobres.

Tras su muerte se le consideró santo, y varios enfermos que acudían a rezar a su sepulcro, fueron sanados de sus enfermedades.

Después de que sus restos fueran llevados a Bari en Italia, su fama de santo milagroso llegó a varias partes de Europa. También en los países escandinavos su asociación a los niños hizo que en su fiesta Nicolás fuera muy similar a los Reyes Magos en otras latitudes.

Su fiesta, el 6 de diciembre, fue declarada “el día de los niños”. Había desfiles en los cuales actores disfrazados de San Nicolás que en Holanda fue llamado “Sinterklass” desfilaban ante los niños y estos les entregaban sus cartas, pidiéndole juguetes y regalos. Su apariencia era la de un obispo con sotana y mitra roja, y guantes invernales y un báculo de pastor.

En la mañana del 6 de diciembre los niños debían encontrar en sus casas el regalo que San Nicolás les ha dejado, no en los zapatitos, sino escondido en algún lugar de la casa.

En el siglo XVI, un grupo de inmigrantes holandeses en América del Norte, fundaron la ciudad de Nueva Amsterdam, que luego sería llamada Nueva York.  Por supuesto trajeron su fiesta y el desfile, pero Santa Klaus, aún no tenía el aspecto de hoy. En 1809 el escritor Washington Irving, escribió su sátira “Historia de Nueva York” en la que deformó al santo venerado por los inmigrantes holandeses en la burda pronunciación angloparlante “Santa Claus”. Luego el poeta Clement Clarke Moore inventó la historia de la fábrica de juguetes del polo norte.

 

El trineo, los renos voladores y toda su parafernalia

En 1863, el dibujante alemán Thomas Nast, lo dibujó en su tira navideña para el periódico “Harpers weekly” gordo, con una pipa, y con los regalos para los niños.

Ya en el siglo XX, en 1902 se terminó de armar al “gordito consumista” gracias a la compañía Coca Cola, que le encargó al dibujante Haddon Sundblom que le representara tomando Coca Cola para una propaganda.

Así surge la imagen actual, con un gorro con pompón rojo, un abrigo rojo de piel, pues del obispo lo único que le quedaría seria el mismo color rojo.

El Ho Ho Ho nace de una leyenda relacionada con la leyenda del santo, que cuando le daba catequesis a los niños estaba de muy buen humor, (se cuenta que cuando un niño decía algo divertido, se reía a carcajadas)… Pobre San Nicolás, casi nada quedó de él. ¿Pero no valdría la pena rescatarlo como ejemplo de obispo solidario, y servidor de los más pobres?

 

El villancico más conocido y popular del mundo

Si uno le pregunta a cualquiera, qué villancico conoce o le gusta más, muy probablemente le dirán: “Noche de Paz”. Es que este villancico es el más popular de todos en el mundo, y todavía no ha encontrado que alguno lo supere. Hay villancicos muy antiguos y hermosos, tradicionales, pero Noche de paz, se lleva las palmas. ¿Pero cuál es su historia?

Ocurrió en el pueblito de Oberndorf en Austria. Era el año 1818 y el cura párroco del pueblo quería obsequiar a su feligresía con un villancico navideño que fuera memorable y les llevara esperanza a varias familias que habían perdido en la guerra a sus seres queridos. El Padre se llamaba Joseph Mohr, y compuso la letra de un poema navideño, pero necesitaba alguien que supiera algo más de música y acordes que él.

Entonces fue a ver al  maestro de la escuela del pueblo, que se llamaba Franz Gruber. Él sabía mucho de música y tocaba a la perfección el piano, el órgano y la guitarra. Era un hombre bueno, y un buen cristiano, así que gustosamente ayudó al párroco.

Escribió la música y además hizo los acordes y arreglos pertinentes. El problema era que no había órgano y no había posibilidad de repararlo, porque como en todas las parroquias humildes, no había mucho dinero para las reparaciones.

El bueno de Gruber, hizo los arreglos y trajo su guitarra. Luego invitó a los niños del coro de su escuela, y el padre Mohr fue el solista, y con su voz de barítono y las voces angelicales de los niños, la misa de nochebuena de ese año, brilló plenamente. La gente del pueblo jamás la olvidaría.

El villancico se empezó a popularizar, y a extender por toda Europa.

Lamentablemente debido a la guerra, la capilla original donde se tocó por primera vez este hermoso canto quedó destruida, pero se construyó una nueva en el mismo predio. Y allí hay hoy un museo memorial que recuerda esta hermosa canción y a sus autores.

Pero la historia no termina aquí… en 1914 ocurrió una historia verdaderamente milagrosa que involucró a este cántico de Navidad.

 

El milagro de Ypres

Ypres es una localidad holandesa en la cual se libraron furiosas batallas en la Primera Guerra Mundial. Habían varias trincheras en las que ingleses y alemanes estuvieron asentados y peleando por las posiciones en la llamada “guerra de trincheras”. Se dio en occidente una guerra de luchas y estancamientos en las famosas trincheras.

Los soldados de ambos bandos estaban muy angustiados y desilusionados, pues se acercaba la Navidad y ya sabían que no podrían celebrarla con sus familias. Les habían dicho que la guerra terminaría rápidamente pero eso no era cierto, y ya constataban que se alargaría.

Esa noche gélida era Nochebuena. Los soldados contaban con pocas provisiones de Navidad, tenían algo de Whisky y chocolate, y algo de budín, así que decidieron acordarse de sus familias y celebrar austeramente en las trincheras.

Los alemanes empezaron entonces a entonar el “Sthilcht Nacht” o sea Noche de paz.  Ellos la conocían muy bien y en su idioma original. Armaron también con algunas ramas resecas, algunas velitas y guirnaldas un pequeño remedo de árbol de Navidad.  Mientras cantaban, los británicos se asombraron de lo que cantaban, pues ellos también conocían el villancico, aunque en Inglés, claro, y entonces trataron de hacer coro con los alemanes.

Estos se dieron cuenta y saludaron en inglés a sus enemigos deséandoles una “¡Merry Christmass!” (Feliz Navidad).

Los ingleses devolvieron el saludo. Un soldado alemán medio inconsciente, cruzó la “tierra de nadie” entre las trincheras con el improvisado “arbolito de Navidad”, signo navideño totalmente desconocido en Inglaterra. Se salvó en un tris de que lo enviaran al más allá con una ráfaga de ametralladoras. Pero… los ingleses hicieron lo contrario a eso, y también ellos cruzaron la línea desobedeciendo a sus oficiales, y al final varios hombres se reunían en la tierra de nadie, saludándose con afecto, e intercambiando sus pequeños regalos.

Incluso mostraban a sus pretendidos enemigos las fotos de sus esposas e hijos. Los ingleses se dieron cuenta de que los odiados alemanes, eran en realidad muchachos asustados, que como ellos deseaban estar en casa con sus familias antes que pelear allí.

Los oficiales de ambos bandos decidieron una tregua, y se dio una gran fiesta. Enterraron a sus muertos, rezando todos por todos, luego jugaron un partido de fútbol (ganaron los alemanes, 2 a 1) y fue un día hermoso. Un día de paz.

Pretendieron continuar con los festejos y fue difícil disuadirles. Sus oficiales amenazaron con el fusilamiento a aquellos que quisieran seguir confraternizando con el enemigo.

Pero el hecho no se olvidó y hoy se sigue recordando. En el punto de encuentro allí en Ypres hay un monumento que recuerda a los jóvenes valientes que dieron un testimonio a favor de la paz y denunciaron la inutilidad y la maldad de la guerra. El sin sentido de la violencia y la crueldad que se dio en ella. Hay incluso un museo, un recordatorio y un memorial en esa misma localidad.

Es que la Navidad, es una fiesta llena de ternura, y que nos habla de la bondad y el amor de Dios.

Así como reza la letra original de la canción:

Noche de paz, noche de amor,
todo canta en derredor,
clara se escucha la voz celestial.
Llamando al hombre al pobre portal.
Dios nos ofrece su amor…

 

El Pesebre

Pesebre de la Iglesia metodista de Claremont, cerca de Ontario, California. Recuerda a las familias de inmigrantes en Estados Unidos, afectadas por la política migratoria.

Es sin lugar a dudas el signo más claro y más cristiano de la Navidad. Los pesebres, nacimientos y Belenes, son una idea original de San Francisco de Asís (1181-1226).

Francisco estaba pasando la Navidad en Greccio, centro de Italia, un pueblito entre las montañas, era el año 1223.

Hacía mucho frío y nevaba, pero al observar la fe, y la alegría con que la gente del pueblito ansiaba celebrar la Navidad, decidió hacer una representación del Nacimiento de Jesús en una gruta cercana al pueblo.

Allí contó con la colaboración de los pobladores que hicieron de pastores, de José y María, y los demás personajes del relato evangélico que cuenta el nacimiento del Señor. Trajo heno fresco, y vino un sacerdote que celebró misa allí en un improvisado altar. Francisco no era sacerdote, pero era diácono, y predicó con tanto fervor que la gente lloraba de emoción. Cuenta la leyenda que el niño Jesús apareció de repente en el pequeño pesebre improvisado entre los animales traídos allí y que Francisco y varios vecinos pudieron verle.

Fue un signo tan grande de la ternura de Dios, mostrada por el Santo, que había abrazado la pobreza más estricta y que sólo deseaba imitar el estilo de vida de Jesús y sus apóstoles: no buscaba fama ni reconocimientos ni aplausos. Siempre camino en la humildad. Tal vez por eso para Francisco el nacimiento humilde y escondido del Salvador en la ciudad de Belén, era la prueba más grande del amor y la misericordia de Dios. Desde ese día en Greccio y en varios lugares, tras la muerte del Santo, se conservó la costumbre de representar el nacimiento de Jesús, o con personajes reales, como hizo Francisco, o con figuras de madera o de yeso.

Personalmente tengo hermosos recuerdos de cuando mi madre nos enseñaba a mi hermano y a mí, cómo había nacido Jesús y por qué lo había hecho en aquellas circunstancias y condiciones tan duras. Fue la primera evangelización que recibí. Muchos niños hoy pueden tener esta bendición si sus padres les inician a través de este signo navideño tan elocuente.

 

Navidad uruguaya hoy.  ¿Cómo la celebramos?
Este es el gran desafío. ¿Qué hacemos en este Uruguay de hoy para celebrar una Navidad cristiana?

Aquí se me ocurren algunas sugerencias:

 

1) No dejarnos atrapar por la fiesta consumista
La Navidad no es una fiesta para regalarnos, sino para regalar al homenajeado, y no tenemos que volvernos locos con regalos costosos y complicados. Tal vez sea mejor regalar cosas que le agraden a Jesús y no tanto a nosotros.

Tal vez hay que pensar en acciones solidarias a tantos niños que nacen hoy como Jesús, en condiciones problemáticas, y de desprotección.

Tal vez el mejor regalo no sea para nosotros sino para los verdaderos necesitados, tal vez sea una tarde compartida con alguien que se siente solo. O invitar a comer a alguien que por problemas de trabajo o circunstancias especiales no pueda pasar la nochebuena con su familia o sus seres queridos. ¿qué tal si lo invitamos a cenar con nosotros? Recordemos: Jesús está en el hermano que nos necesita.

 

2) Navidad de los migrantes
José y María eran migrantes, incluso cuando nació Jesús tuvieron que ir a Egipto, pues peligraba la vida del niño recién nacido. Hay muchos hermanos, cubanos, venezolanos, bolivianos… que han venido escapando -como ellos- de la guerra o de dictaduras.  ¿Por qué no interesarnos por ellos, escucharlos y acompañarlos?

No debe ser fácil pasar estas navidades sin sus familias que quedaron en su país, y preocupados por lo que pasa. Qué nuestras comunidades los acojan, y que se sientan en casa entre nosotros, aún en el exilio que están viviendo.

 

3) Navidad del perdón
Recientemente asesinaron en la calle a un muchacho por ser de un cuadro de fútbol distinto al de su asesino (tiempo atrás había pasado lo mismo, solo que intercambiando los colores de camiseta). Pasó entre nosotros, en este “paisito” tan tolerante y democrático también hay gente llena de miedo, incomprensión e intolerancia.

Todavía hay cierto clima de paz y de tolerancia, pero lo podemos perder, si poco a poco nos dormimos sin prevenir esta violencia, que nos contagia.

Además en este país también se vende la gente por dinero, y muchas veces se vive desquiciado.
¿No será que nos hace falta conocer al verdadero Dios?  Él es el único que nos puede unir, y enseñar a vivir en tolerancia y diálogo, actitudes que admiramos y de las cuales hablamos, pero que no vivimos.

Empezemos por perdonar al que piensa distinto, o al que no le hablamos, porque nos jugó una mala pasada.

¿Por qué no aprovechar para dialogar más o acercarnos al que está distanciado, y que a veces integra nuestra propia familia?

 

4) Navidad de la fe renovada
Renovemos nuestra fe, acerquémosnos a nuestra comunidad cristiana si estamos distanciados.

Puede que nos hayamos peleado con el cura, con un catequista, o alguien de la comunidad. Puede que nos hayamos cansado del chisme y la desunión que puede haber tenido lugar, pero….. ¿no sería bueno hablar con la gente?  Es nuestra comunidad. ¿No cabría una reconciliación?

Renovar nuestra fe, y sentido de pertenencia a la comunidad.  ¿Acaso no es el mejor momento para hacerlo?

 

5) Navidad de comunión con Dios y su palabra
Jesús plantó su tienda entre nosotros. No es un mero disfraz, que se puso el Verbo eterno de Dios, para cohabitar con la humanidad.

Jesús tomó nuestra carne para que todos pudiéramos ser Hijos del Padre Dios. Él no vino a hacer turismo, se hizo uno de nosotros, sufrió lo mismo que nosotros, soportó a gobernantes peores que los que tenemos nosotros, eran gobernantes genocidas y verdaderos asesinos y déspotas.

No vino en una era ideal, vino a un mundo conflictuado como el nuestro. Aprovechemos para interiorizarnos por medio de la Palabra, y la Eucaristía de lo que realmente significa que Dios se haga hombre.

No expulsemos a Jesús de nuestra fiesta. No permitamos que ningún pariente o ningún compromiso social nos aparten del encuentro con el Señor, que vino en nuestra carne, para hacerse nuestro hermano para siempre.

 

2 comentarios en “Navidad ¿Fiesta cristiana, o fiesta del consumo?

  1. Si a todo ese comentario plomo se le puede sumar ,que el niño JESÚS no nació el 25-del 12.es una historia muy larga habría que agarrar el libro gordo (sagradas escrituras)para discernir lo mucho que esta errada la humanidad ,para colmo cada vez más ATEA. SI SEÑOR

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