(India): Altísima tensión

Recientemente el Parlamento aprobó la ley que otorga la ciudadanía a los migrantes de diferentes países, siempre que no sean musulmanes. El texto es visto como una afrenta a la comunidad musulmana, y fue aprobado con 125 votos a favor y 105 en contra. “Un día histórico para India y para los valores de solidaridad y hermandad de nuestra nación”, tuiteó el primer ministro nacionalista Narendra Modi, desatando rápidamente la controversia. Según el diputado opositor Derek ÒBrien, esta ley -que afecta directamente a 200 millones de personas- “representa una analogía inquietante con las leyes nazis de la década de 1930 contra los judíos en Alemania”.

Las violentas protestas callejeras no se hicieron esperar, con vehículos incendiados y agentes utilizando gas lacrimógeno. El gobierno también ha decidido desplegar miles de soldados en la región donde temen enfrentamientos entre religiones, que ya han encendido otras áreas del país.
El texto es una enmienda a la Ley de Ciudadanía de 1995 que inserta un criterio religioso en el procedimiento para el reconocimiento de la ciudadanía india a todos los refugiados en India sin documentos después de haber escapado de Pakistán, Afganistán y Bangladesh por razones religiosas. La nueva disposición está dirigida a las comunidades hindúes, sikh, jainistas, cristianas, budistas y parsis, excluyendo efectivamente solo a los inmigrantes musulmanes. Esta es una medida política que representa una ruptura fundamental con el principio de laicismo del Estado indio, consagrado en la Constitución.
El gobierno de la mayor democracia del mundo (al menos en número de votantes) parece estar implementando su doctrina ideológica, según la cual la India pertenece a los hindúes. Ejemplo de su afirmación de la supremacía étnica hindú fue la revocación, el pasado 5 de agosto, del estatus especial de Cachemira, una región con una mayoría musulmana que disfrutó de una gran autonomía desde la independencia de la India en 1947.
“El BJP (partido político en el gobierno) es profundamente divisorio y va a destrozar la cohesión social, además de fracturar la identidad nacional, que es plural y diversa. Su idea del poder es centralizadora, y en su núcleo está la aplicación de la hindutva [supremacismo hindú]. Estoy seguro de que va a construir el templo hindú sobre las ruinas de la mezquita Babri en Ayodhya”, explicó el sociólogo Tanweer Fazal, de la Universidad Jawaharlal Nehru.

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