Argentina: “El abrazo de paz de los dos presidentes”

Luego de la Misa por la Patria celebrada en Luján el pasado 8 de diciembre, a la que asistieron el entonces presidente Mauricio Macri y el presidente electo -hoy presidente de la Nación- Alberto Fernández, el obispo Sergio Osvaldo Buenanueva reflexionó sobre el saludo de la paz que se dieron ambos políticos. Ofrecemos un resumen tomado de AICA.

¿Qué significado atribuirle al abrazo de paz de los dos presidentes?
“En cierto modo, dicho gesto se prolongó, ahora en el marco secular del Congreso de la Nación, cuando, también cumplido el rito republicano del traspaso de las insignias del poder, ambos líderes volvieron a estrecharse en un abrazo”… “Obviamente, la primera referencia del rito litúrgico es su significado en el marco de la liturgia eucarística. Junto con la oración del Padrenuestro, el abrazo de paz prepara a la comunidad orante para el momento más sagrado de la misa: la comunión con el Cuerpo de Cristo”.

…“Pienso que, tanto en la misa como en el Congreso, han llegado a percibir el alcance político de su gesto. Los líderes genuinos saben generar gestos simbólicos de largo alcance. Por una parte, recogen aspiraciones y anhelos profundos, sentidos por buena parte de la sociedad. Por otra, y si logran realmente expresar esas expectativas, tocan el corazón, marcan un rumbo a seguir y movilizan las voluntades hacia el bien común. Huelga decir que esta capacidad movilizadora la poseen también, y en ocasiones en grado sumo, quienes ejercen liderazgos tóxicos”, advirtió.

“No puedo ponerme en el lugar de ambos presidentes y leer sus intenciones íntimas. Sólo apunto que, para muchos (entre los que me cuento) ese gesto logró conectar con una aspiración de fondo que -creo no equivocarme al escribirlo- hoy está en el corazón de una buena mayoría de argentinos, de un lado y del otro de los diversos posicionamientos políticos o ideológicos que podamos tener. Obvio que los más fanatizados siguen ahí, batiendo sus tambores de guerra, dispuestos siempre a hacer la peor interpretación de todo lo que el ‘enemigo’ hace, dice o calla”, lamentó.

¿Qué anhelo recogen y expresan estos gestos?
“Los argentinos queremos paz. Sentimos la urgencia de plantarnos de otro modo, los unos frente a los otros; de enfrentar nuestras diferencias con un talante distinto al modo como lo hemos hecho hasta ahora. No es la paz de los cementerios, es decir, la que supone acallar diferencias. Bien lo señaló el arzobispo Jorge Scheinig en su lúcida homilía. También el presidente Fernández aludió a ello en su discurso ante el Congreso. Queremos la paz de quienes saben convivir, porque se reconocen semejantes. La que se logra, no de ocultar las diferencias, incluso las más hondas (como las que suscita la legalización del aborto, por ejemplo), sino la que tiene como esencial punto de referencia la condición humana de quien es mi ocasional adversario”, destacó.

“Es la paz de los corazones pacificados de toda violencia, resentimiento, odio o rencor”, consideró.
Por otra parte, afirmó: “Los pueblos son cada vez más impacientes con sus dirigentes. Sobre todo cuando perciben su desconexión con la vida real de las personas concretas, sus deseos e incertidumbres, sus luchas cotidianas y el sedimento de sus decepciones. Cae la confianza en las instituciones: de la justicia a la Iglesia, de la política al periodismo”.

Cuando nuestros miedos y desilusiones se transforman en bronca, ¿qué fantasmas comienzan a agitarse?
…“La política no es campo ni para fanáticos ni para ingenuos. El realismo se impone a cada paso y ante cada decisión concreta que nunca son como se esperan. No vivimos en un mundo perfecto, ni tenemos líderes perfectos tanto como los ciudadanos tampoco lo somos. En política, como en otras áreas de la vida, la lucha es por conquistar el bien posible, aquí y ahora, en medio de limitaciones que suelen ser siempre mayores a las que soñamos”, reconoció.

“Pienso que la inmensa mayoría de los argentinos comprendemos la gravedad y complejidad de los desafíos que hoy enfrentamos y que desbordan la gestión política del bien común. Sabemos también que la política supone conflicto, debate y un ejercicio paciente de oposición crítica. Pero, aunque no es sencillo, sabemos también reconocer cuándo esa conflictividad proviene de una genuina sed de justica, del resentimiento o de un corazón corrompido”, aseguró.

“El tiempo apremia. La mecha realmente está corta. Hay hermanos que no pueden seguir esperando. Que los gestos de paz se correspondan con opciones y decisiones concretas”, exhortó.

“Yo, como creyente, se lo pido a Dios con la insistencia que Jesús nos enseñó”, concluyó Buenanueva.

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