(catequesis de adultos): ¿QUÉ SIGNIFICA SER “MISIONEROS”?

En la Iglesia el mes de octubre está dedicado a las misiones y a los misioneros. Este año el Papa Francisco ha querido establecer un Mes Misionero Extraordinario, en ocasión del centenario de una importante carta apostólica de Benedicto XV del 30-9-1919. En esa carta el Papa desvinculaba explícitamente la evangelización de todo tipo de colonialismo.

Ahora el Papa Francisco quiere desvincular la evangelización, o misión, de todo tipo de proselitismo y dar una “sacudida” a todos los cristianos para que evangelicen su ambiente, fuera de la sacristía y de la parroquia, en el marco de una “Iglesia en salida”. El lema de esta campaña es: “Bautizados y enviados”. Los misioneros no son únicamente los curas y las monjas. La misión no está ligada al sacramento del Orden Sagrado o a la Vida Consagrada, sino al Bautismo. Jesús ha enviado a la misión no solo a los Doce, sino también a los 72  discípulos (Lc 10,1-12), es decir a todos los que lo estaban siguiendo. Todos somos “misioneros” (del latín=enviados) o apóstoles. Lo contrario de misión es “omisión”: enterrar los dones recibidos en vez de compartirlos (Mt 25,24-30). El Concilio nos ha recordado que de una Iglesia “con misiones” en los países paganos, hay que pasar a una Iglesia “toda ella en estado de misión” como en los primeros tiempos de la Iglesia. Hoy sin embargo en el mundo católico no cabe duda de que son una minoría los que se dedican o piensan en la misión. Hay una conciencia misionera muy débil; se vive un cristianismo puramente individual. En la larga etapa de la Cristiandad la fe se dio por descontada, por ser una tradición de familia. Hoy ya no es así. La fe debe ser una opción personal y desarrollarse en el seno de una comunidad cristiana. La Iglesia del mañana será cada vez más una Iglesia de voluntarios. El Papa nos recuerda que todos debemos ser “pescadores de hombres”, pero ahora ya “no hay que pescar con la red, sino con la caña de pescar”, es decir persona a persona, con un acompañamiento cercano y paciente. Puede que esto nos lleve a una Iglesia minoritaria de pequeñas comunidades, pero seguramente más auténtica. El Evangelio nos pide a los cristianos ser fermento, no masa. Esto no se contradice con el aprecio y el cultivo del catolicismo popular. Frente a los que están alarmados y hablan de cruzadas para recuperar terreno, ya el papa Juan Pablo II había dicho que “la misión se halla todavía en los comienzos” (Red. Missio n.1) y el papa Francisco rechaza cualquier tipo de proselitismo para apurar las conversiones. La primera y más importante misión es con los que no conocen a Cristo y a la Iglesia; se llama “misión ad gentes” (=hacia los pueblos paganos) y hoy se concreta fundamentalmente en Asia. Pero hay también una “nueva evangelización” impulsada por los últimos Papas a la que todos estamos llamados en los países tradicionalmente cristianos, donde la mayoría ha sido bautizada pero no suficientemente evangelizada y se ha alejado de la Iglesia; no ha tenido una verdadera conversión. Todos tenemos la obligación de difundir el evangelio en nuestro ambiente, compartir gratuitamente la fe que hemos recibido gratuitamente en el bautismo (Mt 28,19), pero la manera ha de ser a través de la amistad y el diálogo respetuoso; con la oración y la palabra, pero sobre todo con el testimonio, que es lo que más convence. “Serán mis testigos”, dijo Jesús (He 1,8). Por eso el Papa rechaza sea el clericalismo que mantiene un laicado casi infantil a su servicio, como el proselitismo. No se trata de vender un producto, de ser propagandistas en busca de clientes, imponer, presionar, exigir una contrapartida a nuestras obras de caridad, explotar las necesidades y debilidades de la gente con conductas impertinentes y agresivas. Dios quiere ser amado de verdad, es decir libremente. El Papa ha dicho que “la Iglesia no crece por proselitismo, sino por atracción” (E.G.n.14), es decir por el estilo de vida de los cristianos y su testimonio; y para esto no hace falta ir a África. El testigo de Jesús es uno que vive el evangelio en su vida diaria con coherencia y alegría, en espíritu de servicio a los hermanos. El testigo lo es sin proponérselo, convence sin hablar, da lecciones sin quererlo.

                                                PRIMO CORBELLI

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