BENEDICTA BIANCHI: BEATIFICAN JOVEN DE 27 AÑOS

Memoria de Benedicta: marcha de las rosas blancas

El 14 de setiembre pasado, día de la Exaltación de la Cruz, fue beatificada en Forlí (Italia) una joven de 27 años: Benedicta Bianchi Porro. Fue toda una vida de sufrimiento físico desde los tres años cuando sufrió una poliomielitis aguda. A pesar de todo, quiso estudiar y desarrollar sus dones musicales (tocaba el piano) y artísticos. Se inscribió en la Facultad de Medicina de la Universidad de Milán; quería ser médica e ir a trabajar en las misiones.

No logró laurearse porque le sobrevinieron varios tumores. A los 16 años perdió el oído; su fe le hacía decir: “oiré siempre la voz de mi alma; esta es la verdadera guía que he de seguir”. Tuvo una desviación de la columna y quedó paralizada. Más tarde quedó completamente ciega; decía: “hay que confiar en Dios con los ojos cerrados. Uno no es nunca ciego cuando mira el cielo. El Señor no permite más sufrimientos de los que podemos soportar”. Fue perdiendo los sentidos casi por completo. Los últimos 4 años los pasó paralizada en la cama, consiguiendo mover solo los dedos de la mano derecha. Se comunicaba con el alfabeto Braille, ya que solo le quedaba un hilo de voz. La llevaron a Lourdes y con su oración ayudó a una mujer a sanarse; pero para ella comprendió que otra era su misión. A un joven de su misma edad y enfermo le hizo llegar este pensamiento; “Yo también tengo 27 años y estoy enferma, sorda y ciega. Pero en mi calvario no estoy desesperada. Yo sé que al final del camino Jesús me espera. En la cama, que es mi demora, he encontrado una sabiduría más grande que la puramente humana. He encontrado que Dios existe y es amor, fidelidad, gracia y fortaleza en todo momento”. Benedicta recibía la comunión eucarística todos los días. Su habitación siempre estaba llena de gente, sobre todo de jóvenes que veían en ella una paz y una luz extraordinaria. Poco antes de morir declaraba: “Grandes cosas ha hecho en mi El que es poderoso. Yo creo en el Amor, en Jesús, en su cruz gloriosa”. Murió recordando la poesía de R. Tagore de la semilla de trigo transformada en oro y agradeciendo a Dios por encontrarse clavada con Cristo en la cruz para la salvación del mundo. Sus últimas palabras fueron: ”gracias”. Murió el 23 de enero de 1964.

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