Misterios de la Biblia: El problema del don de lenguas

En los últimos tiempos se ha extendido el pentecostalismo. Este es un movimiento evangélico que tiene como característica que en las comunidades que lo viven, se manifiestan ciertos dones del Espíritu Santo, como el don de lenguas, descrito en el Nuevo Testamento, como una de las características de las primitivas comunidades cristianas.

Sobre todo el don de lenguas (1Cor 13,1)

Pero a partir del contacto ecuménico entre diversos grupos cristianos evangélicos y católicos, se ha extendido el “Movimiento de Renovación Carismática” a varias Iglesias Protestantes históricas no necesariamente pentecostales y a la Iglesia Católica.

Aquí en Uruguay el movimiento pentecostal católico se extiende desde la Parroquia de Belén en la zona de Malvín Norte de Montevideo -sobre todo gracias al Padre Julio César Elizaga- a varias zonas  y comunidades católicas de Uruguay.

En estos grupos carismáticos también se da la profecía, pero al estilo de los profetas del Antiguo Testamento. Por ejemplo en una reunión de oración, uno de los asistentes dice:  “Así les habla Jesús: Recen mucho y mediten mis palabras, porque (nombra a alguien) no lo está haciendo bien. Por ejemplo, tú (nombra a alguien), rezas poco, y lo haces en forma mecánica, y esto no es de mi agrado”.

Es como si el propio Espíritu de Jesús se posesionara de alguien y hablara así directamente por su boca.

Los profetas del Antiguo Testamento así lo hacían, cuando iniciaban sus mensajes con las palabras: “Así dice Yavéh” (Isaías 3,16, por ejemplo).

Claro que no todos los profetas hablaban así. El mismo Juan el Bautista no decía a cada rato “Así dice el Señor” y  no por eso dejaba de ser un profeta (Lc 3,7-14).

Personalmente creo que muchos cristianos, naturalmente y casi sin saberlo, aunque no pertenezcan a los grupos de oración carismática, cuando revisan su vida en una pequeña comunidad cristiana junto a sus hermanos y dicen: “Yo creo que Jesús nos pide que hagamos esto…” hacen un discernimiento a la luz de su fe, y aunque no digan: “Yo Jesús les digo esto” están haciendo profecía.

Lo que sí me parecía extraño, era lo que veía en los grupos carismáticos dentro de la Iglesia Católica, fenómeno que se da también en los grupos evangélicos pentecostales, que es el don de lenguas, llamado por los teólogos: “glosolalia”.

 

La glosolalia o el don de lenguas 

No consiste este don en hablar en un lenguaje conocido, sino en un lenguaje inentendible para todos, es un lenguaje articulado pero no conocido en ningún país. Se parece bastante al balbuceo de un bebito que antes de aprender a hablar el idioma que hablan sus padres, balbucea en lo que parece un lenguaje propio.

Hay en el Salmo 8 una tierna alusión a estas “palabras” balbuceantes de los lactantes. El salmista afirma que en este hablar, los bebitos alaban al Señor, y con su lenguaje inentendible confunden al adversario y a los rebeldes (Salmo 8,3).

Es como una broma que le hacen a los soberbios, que lo creen saber todo, y no entienden nada. Es una alabanza a Dios que les confunde.

San Pablo habla justamente de este don, en ese sentido. Para que confunda a los enemigos de Dios, y a los que creen saberlo todo. El mismo Pablo aventura también la hipótesis de que sería el lenguaje de los ángeles (1Cor 13,1; 1Cor 14,22).

 

La experiencia del día de Pentecostés

No se debe confundir la “Glosolalia” con el milagro de Pentecostés, ocurrido cincuenta días después de la Resurrección de Jesús, ya que Pentecostés es la fiesta judía que cae inmediatamente después de la Pascua. Exactamente cincuenta días. En esta fiesta el Pueblo de Israel recordaba el momento en que recibieron, a través de Moisés, los mandamientos del Señor.

Es por eso que en Jerusalén había tantos peregrinos judíos provenientes de la diáspora, y que habían nacido fuera del territorio de Israel. Por tanto su lengua materna no era el arameo, que era la que hablaban los discípulos de Jesús en esos días. (*)

En este momento el Espíritu Santo desciende sobre ellos, según lo había prometido el Señor antes de Ascender a los Cielos. Entonces cada uno de los distintos peregrinos que hablaban idiomas diversos, escucharon en su propia lengua el mensaje de Jesús, anunciado por los apóstoles y los primeros discípulos del Señor.

Pero sus palabras no eran una jerga inentendible, sino idiomas conocidos, como el latín, el griego, el árabe, el copto, etc.. Es que el Espíritu Santo hacía de intérprete.

Este fenómeno se llama “Xenolalia”, y que se sepa, ocurrió sólo en ese momento.

Era el “Anti Babel” y la señal de que el Señor bendecía por medio del Espíritu, la evangelización de los primeros cristianos (Gen 11,1-9  / He 2,1-41).

 

Los problemas de la Glosolalia 

En algunas ocasiones y hablando con jóvenes católicos pentecostales, me di cuenta de que consideraban a la glosolalia como la prueba del “Bautismo del Espíritu Santo” que ellos decían experimentar.

También vi con cierta preocupación que tendían a pensar que los que no hablábamos “en lenguas” y que considerábamos que no era un don tan necesario, como yo mismo, éramos unos cristianos de “segunda categoría”.

También les dije que el término “Bautismo del Espíritu Santo” era bastante ambiguo y no se podía aplicar al “don de lenguas” que ellos admiraban tanto.

Más bien el bautismo en el Espíritu Santo no se refería más que a la experiencia de Pentecostés, y al mismo bautismo cristiano. Lo que me sirve de constatación no es sólo el texto en que Jesús Resucitado anuncia a los apóstoles que serían bautizados en el Espíritu Santo en pocos días (He 1,3-8), también hay un texto en el cual San Pablo encuentra en Éfeso a unos cristianos que han recibido el Bautismo de Juan, en lugar del Bautismo cristiano. Ya que el Bautismo de Juan según el mismo profeta había dicho, no era más que un anuncio del verdadero Bautismo que el Mesías esperado daría a los que le esperaban (Lc3,16).  Así Pablo se vio obligado a volver a bautizar a estos hermanos, sin dejar de apreciar la obra de Apolo, que había fundado esa comunidad (He 19,1-7).

El Padre Elizaga, que introdujo en el país la espiritualidad pentecostalista, y fundó el Movimiento de Renovación espiritual, en charla conmigo me reconoció que el término era usado en forma inexacta, y que en realidad no se trataba de recibir el Espíritu Santo, ya que nosotros los cristianos católicos lo recibimos en el Bautismo y en plenitud en la Confirmación. (He 8,14-17). Este “Bautismo en el Espíritu Santo” no es en realidad un nuevo sacramento, sino una experiencia de reavivación de los dones que todos los cristianos bautizados y confirmados ya tenemos.

 

Las aclaraciones Paulinas

El hermoso himno al amor (1Cor 13,1-11) comienza con estas significativas palabras: “Aunque yo hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor no soy nada”.

No le habla San Pablo a los novios y novias, como cuando empleamos este texto en los casamientos, sino a la comunidad de Corinto, donde los que hablaban en lenguas se vanagloriaban del don recibido y miraban por arriba del hombro a los que no lo tenían.

Al mencionar las características del amor, Pablo habla de la humildad del que ama, de la bondad, la compasión y el perdón, diciendo claramente que el don más importante y que define al cristiano, es la misma caridad (1Cor 13,1-11).

Pero la cosa se pone más interesante aún en el capítulo 14, donde reafirma que la glosolalia no es ni por asomo el don más importante concedido por el Espíritu, y que no debían alardear los que lo tienen (como pasa muchas veces en los grupos pentecostales católicos).

Pablo rechaza tajantemente las actitudes de vanagloria, y les pide a los que tienen este don que aspiren al don de profecía, que es notablemente superior al anterior.

Por eso, luego da algunos consejos importantes que todos los grupos pentecostales deberían tener en cuenta.

 

Primero, evitar la confusión

Se trata de que no hablen en lenguas al mismo tiempo. Esto indica que no se ha comprendido que este don es para confundir a los que se niegan a creer. ¿Será esto lo que dice el Salmo 8, de que este balbuceo está hecho para confundir a los que se resisten a creer?

A mí me parece que sí, y esto parece evidente en la explicación que da Pablo.

Hermanos, no sean niños en su forma de pensar. Sean como niños en el camino del mal, pero adultos en su modo de pensar. Dios dice en la Ley: “Hablaré a este pueblo en lenguas extrañas, y por boca de extranjeros, pero ni aún así me escucharán”. Deben comprender que hablar en lenguas es una señal para quienes no creen, pero no para los creyentes. En cambio el don de profecías sí es una señal para los que creen, y no para los no creyentes. 

Supongan que la Iglesia entera estuviera reunida, y todos hablasen en lenguas, y entran algunas personas no preparadas o que aún no creen. ¿Qué dirían? Yo creo que pensarían que ustedes están locos. Por el contrario supongan que todos están profetizando, y entra alguien que no cree, o que no tiene preparación, y todos le descubren sus errores, le dicen verdades y le hacen revelaciones.

Este al verse descubierto en sus secretos más íntimos, caerá de rodillas, y adorará a Dios, y proclamará que él está entre ustedes“. (1Cor 13,20-25).

Pablo afirma que el que habla en lenguas debe pedir el don de interpretarlas, para que su entendimiento no quede ocioso, y él pueda alabar a Dios, edificando no sólo su espíritu sino también a su entendimiento (1Cor 14,1-19). Es que la fe no tiene que ser algo irracional.

Uno de los grandes problemas que constato en el movimiento carismático es la “afectivización” desmedida en la oración comunitaria, y la confusión que crea en los que no están familiarizados con este don.

 

Segundo: Orar en orden y armonía

Dios no es un Dios de Caos.  La oración debe llevar paz y serenidad a nuestro espíritu y no agitación y confusión. Porque si no, estaremos en Babel, y no en Pentecostés.

El apóstol hace entonces algunas recomendaciones a los cristianos de la comunidad de Corinto. Les recomienda que no hablen en lenguas, más de uno por vez en lo posible, para que no haya confusión. Y que nadie hable si no hay alguien que interprete lo dicho, a fin de que toda la comunidad se pueda edificar.

Dice también claramente que los dones recibidos pueden ser dominados por los que los tienen. Dios, dice Pablo, no es un Dios de caos (1Cor 14, 29-33).

 

Tercero: La oración de alabanza, y aún la de lenguas, debe edificar a la comunidad 

Si la oración no nos une, y no nos comunicamos, no es una oración comunitaria, y no está orientada al bien de todos sino a la búsqueda del lucimiento personal.

Si los hermanos no se edifican en esta oración comunitaria, no se sirve a Dios sino a la propia vanidad (1Cor 14,33-40).

 

Conclusiones importantes

San Pablo es un gran maestro, y lo que él pretende decirnos, es que los dones del Espíritu corren el peligro de ser usados en forma individualista, y no generar comunión sino confusión.

Yo personalmente admiro a muchos hermanos carismáticos, pertenecientes al movimiento de renovación espiritual. Han probado ser hombres y mujeres de mucha fe, y compromiso evangelizador.

Sin embargo veo que estos capítulos de la Carta a los Corintios, no han sido siempre tomados en cuenta, a juzgar por la forma en que se dan a veces las “misas carismáticas” y las reuniones de oración. Se busca el efectismo, y el deslumbrar a los que asisten, y la misa o la oración no pueden ser un show o un espectáculo.

Se corre el riesgo de que esto derive en una espiritualidad centrada en los “dones”, pero sin anclaje a la realidad.

De hecho, varios grupos carismáticos católicos no han estado siempre abiertos a la Pastoral de Conjunto, emanada del Concilio Vaticano II, y si bien el papa Pablo VI aprobó a los grupos católicos carismáticos, también es cierto que les advirtió que corrían el peligro de aislarse de las comunidades católicas locales, privando a la Iglesia de los positivos aportes del movimiento.

El movimiento carismático ha fomentado positivamente la oración de alabanza, y la lectura de la Palabra de Dios. Ha renovado muchas comunidades, y ha tendido puentes con los hermanos evangélicos que han experimentado estos dones del Espíritu, en una verdadera actitud ecuménica.

Pero es bueno que a la luz de la Carta Primera a los corintios se haga una revisión de cómo se está viviendo la espiritualidad pentecostal, para que en lugar de dividir a los cristianos, los una en la oración y la devoción al Espíritu Santo; regalo maravilloso de Jesús a su Iglesia.

 

(*) Nota: El hebreo, que era el idioma original del Pueblo, y en el cual estaban las Escrituras, no lo manejaba el pueblo llano, sino que lo hablaban tan sólo los eruditos, aunque los niños judíos cuando leían la Ley de Dios ante el Pueblo, al celebrar su Bar Miztvá, y ser declarados miembros adultos de Israel, debían aprender al menos el texto que debían leer y explicar luego en el idioma vernáculo. En palestina se hablaba el arameo.

 

Eduardo Ojeda

Un comentario en “Misterios de la Biblia: El problema del don de lenguas

  1. Me he integrado a la Renovación Carismática Católica en el año 1974 en la Parroquia de Belén. He vivido varias etapas de su desarrollo en nuestro país. Concuerdo totalmente con la reflexión realizada por el P. Eduardo Ojeda.
    Hoy, ya con 52 años de existencia de esta “corriente de gracia”, el Papa Francisco ha avalado e impulsado a la Renovación Carismática, instándola a recuperar su esencia mas profunda; la alabanza y la adoración, junto con la apertura a los dones y carismas que el Espíritu Santo suscita en toda la Iglesia.
    Diác. Víctor Hugo Méndez

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.