(editorial) Uruguay legislará en Economía Solidaria

La solidaridad (del latín solidum =sólido) refiere a cómo las partes, muchas veces débiles en sí mismas, pueden hacerse “sólidas” componiendo un todo. Según la doctrina cristiana, la especie humana forma una unidad: todos hijos de Dios, debemos comportarnos como hermanos (fraternidad), por lo tanto “si sufre un miembro, todos los demás sufren con él” (1Co 12,26-27).

De este concepto fundamental de la fraternidad se derivan aspectos de carácter socioeconómico que la Doctrina Social de la Iglesia ha venido desarrollando al menos desde 1891 cuando León XIII promulga la primera encíclica social.

En efecto, desde su texto fundacional Rerum Novarum, la DSI expuso la necesidad de contar con una mirada solidaria de la economía. Aun así, deberemos esperar a los tiempos del Concilio Vaticano II, para que la voz “solidaridad” de manera explícita comience a adquirir rango oficial en documentos magisteriales. Eso ocurre con la Constitución Pastoral sobre la iglesia en el mundo actual, “Gaudium et Spes”, que incorpora un capítulo titulado “El Verbo encarnado y la solidaridad humana”.

Más tarde diferentes encíclicas de Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI y por supuesto, Francisco, le van incorporando a la solidaridad una manifestación también económica. Juan Pablo II, incluso, es el primer  Papa en referirse a la “economía de la solidaridad”, en la cual –dijo- “ponemos todas nuestras esperanzas para América Latina”. En varias de sus visitas a países latinoamericanos menciona su importancia, caso de la homilía de canonización a San Ezequiel Moreno en Santo Domingo (1992) cuando expresó que: “Mirando el actual panorama de América Latina y, más aún, las perspectivas de futuro, se hace necesario sentar las bases de una economía solidaria” (Juan Pablo II, 1992).

Pues bien, en Uruguay esas bases tienen largo aliento que se remontan a las primeras mutuales y sociedades de socorro mutuos en la segunda mitad del S. XIX, las primeras cooperativas y luego un sinfín de diferentes experiencias socioeconómicas basadas en lazos de solidaridad, cooperación y ayuda mutua que se van reinventando en cada momento histórico hasta llegar a nuestra actualidad.

En ese sentido, resulta muy significativo que el movimiento de la economía solidaria en el país haya logrado junto al movimiento cooperativo y las mutuales, proponer un proyecto de ley en la materia. Un proyecto que a la hora de escribir este Editorial, ya resultó aprobado por la Cámara de Representantes, restando sólo un inmediato tratamiento en el Senado.

Desde UMBRALES nos sumamos al coro de voces que alientan su pronta legislación y junto al papa Francisco oramos para que en nuestra  sociedad y economía, las personas y su bien, y no el dinero, sean el centro.

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