BRASIL: ¿CONFLICTO CON LA IGLESIA?

Un congreso de 120 agentes pastorales, incluidos 50 obispos que trabajan en la zona Amazónica, se reunió en Belém (Pará) del 26 al 30 de agosto . En un comunicado se declararon “defensores intransigentes de la preservación de la selva” y denunciaron la “agresión violenta, irracional e inescrupulosa de la naturaleza, con incendios criminalmente provocados”.

Siguen afirmando: “Lamentamos inmensamente que hoy, en vez de ser apoyados e incentivados, nuestros líderes sean criminalizados como enemigos de la patria”. Se refieren a lo dicho por el general Augusto Heleno, ministro del gobierno que calificó a determinados asuntos del Sínodo en Roma como “temas de seguridad nacional. El Sínodo quiere debatir sobre tierras indígenas, explotación de las tierras amazónicas, agricultura y deforestación; son temas que son asuntos exclusivos del gobierno brasileño”. Los religiosos responden que consideran “incontestable la soberanía de Brasil”, pero que apoyan “la preocupación del mundo entero por el respeto a una región que cumple una importantísima función reguladora del clima a nivel planetario”. Por eso denuncian el envenenamiento de ríos y lagos, la contaminación del aire por el humo “que causa una peligrosa intoxicación especialmente a los niños, la pesca depredadora, la minería y las madereras clandestinas, el comercio ilegal de biodiversidad..” Añaden que “últimamente creció de manera asombrosa la violencia en la región”. Solo en Brasil, entre 2003 y 2017 fueron masacrados 1.119 líderes amazónicos por defender sus territorios. La selva amazónica cubre el 60% de todo Brasil y la Iglesia Católica trabaja allí desde el 1600 con cantidad de escuelas, hospitales, talleres, obras sociales, fundando pueblos y ciudades. El CIMI de la Iglesia Católica responsabilizó directamente al gobierno de Bolsonaro por el aumento abrumador de la deforestación y los incendios, exigiendo reforestar las tierras: “Bolsonaro convirtió a  Brasil en paria mundial, en materia ambiental”. A su vez un alto funcionario del gobierno manifestó que “la Iglesia Católica pierde terreno en Brasil a favor de los evangélicos, por haber abrazado un agenda izquierdista” y entrometerse en la política interna del país. El gobierno de Bolsonaro se niega a demarcar tierras indígenas; las abre a la explotación de minerales, energía, agronegocio; desmantela las agencias de vigilancia ambiental. Todo lo hace en nombre del progreso y el desarrollo, pero violando la misma Constitución brasileña. El general Heleno pidió “que el Sínodo se limite a cuestiones religiosas, sin criticar a los gobiernos o a las políticas públicas de los países de la región”. En el Sínodo participarán 102 obispos de los 9 países de la región amazónica, 57 de ellos brasileños.

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