(catequesis de adultos) PRIMADO DEL PAPA

Frente a los ataques constantes y agresivos de medios católicos, hasta de obispos y cardenales, contra las enseñanzas del papa Francisco, muchos católicos quedan escandalizados. Hubo una época en la que la devoción al Papa se había transformado en una especie de papolatría. Hoy por el contrario se polemiza con todo lo que dice el Papa, sus encíclicas, los documentos oficiales de preparación al próximo Sínodo y sobre la reforma de la curia vaticana.

Es cierto que, gracias también al papa Francisco, uno va comprendiendo cada vez más que la Iglesia no es una monarquía absoluta, como se pensaba en la edad media cuando se hablaba de “monarquía pontificia”. Este no sería el papel asignado a Pedro en el Nuevo Testamento. Tampoco la Iglesia es una democracia en el sentido político actual donde el pueblo es soberano; en la Iglesia el soberano es Cristo. La Iglesia es una “comunidad” y por lo tanto debe haber corresponsabilidad y colegialidad.

Sin embargo en el colegio de los apóstoles la figura de Pedro descolló con una responsabilidad única, la de la presidencia. El primado del Papa  nunca fue cuestionado, si se hace excepción de la ruptura con los Ortodoxos en el año 1000 y con los Protestantes en el año 1500. Pero el Concilio Vaticano I en 1870 le atribuyó al Papa también el carisma de la “infalibilidad”. Esta infalibilidad debe comprenderse partiendo de las palabras de Jesús a Pedro: “confirma a tus hermanos” (Lc 22,32) y se da cuando el Papa actúa con el consentimiento de toda la Iglesia, expresando su intención de proceder a una definición dogmática, siempre en el campo de la fe revelada. Que el Papa sea infalible no significa que los sepa todo, sino que tiene la asistencia del Espíritu Santo cuando define una verdad de fe. Hubo tan solo dos casos hasta ahora y fue con la proclamación de los dogmas marianos de la Inmaculada y de la Asunción. El Papa en estos casos no declara nuevas doctrinas; simplemente expone y explicita las que son verdades reveladas por Cristo y transmitidas por los apóstoles. Sin embargo el tema de la infalibilidad pasó a tener un particular relieve en la historia posterior de la Iglesia, en detrimento de la corresponsabilidad y de la colegialidad. Tal evolución le ha dado a la Iglesia la imagen de una pirámide jerárquica, en la cima de la cual se encuentra el Papa y en los escalones inferiores los obispos, después los sacerdotes y finalmente los laicos; y esa ya no era la Iglesia de los orígenes. Finalmente el Concilio Vaticano II ha restaurado los principios de la comunión y la participación, de la colegialidad y la sinodalidad. Con este Concilio la pirámide se ha invertido y volvió a ser como al principio: primero el Pueblo de Dios, con los pastores a su servicio y el Papa como “siervo de los siervos de Dios”. El Papa no es vicario de Cristo; es el sucesor de Pedro y obispo de Roma.

Dicho esto, el Papa y también los obispos en unión al Papa tienen una autoridad magisterial que le viene de Cristo y que busca velar por la sana doctrina y la unidad de la Iglesia. Cuando enseñan oficialmente desde su “cátedra”( de allí viene la palabra “catedral”) como maestros de la fe, hay que escucharles. Evidentemente hay niveles distintos de autoridad y por lo tanto de obediencia. Una cosa son los documentos del Concilio ratificados por el Papa, una encíclica papal, el documento final de un Sínodo de Obispos y otra, la carta pastoral de un obispo. Oponerse a las orientaciones de un Concilio, de un Sínodo o de una encíclica papal, es grave. Los que se han opuesto, aún siendo ínfima minoría, a las orientaciones vinculantes  del Concilio siguen oponiéndose hoy al papa Francisco que busca llevar a cabo los objetivos del Concilio. El magisterio ordinario también exige desde la fe obediencia y asentimiento religioso, lo cual no excluye la crítica respetuosa y fraterna; jamás la agresividad y la descalificación pública. No hay que identificar la Iglesia con el Papa ni tampoco el magisterio con sus opiniones personales que de vez en cuanto expresa en una entrevista, en un libro, en un discurso ya que él también es libre de dar sus opiniones personales, de las que se puede disentir razonablemente.

                                                     Primo Corbelli

Un comentario en “(catequesis de adultos) PRIMADO DEL PAPA

  1. Todo bien. en la praxis todo tiene que tener el aval del Papa. El Papa está por encima del derecho canónico. Aprueba o no un concilio, un Sínodo, y los documentos de las conferencias episcopales. Escucha todo, pide consejo, etc… y se le debe obediencia, como lo hizo Leonardo Boff. Roma locuta… causa finita est… consultar con padre Richard… Saludos!

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