Misterios de la Biblia: ¿Dónde está Jesús hoy?

¿Cómo nos podemos comunicar con él y encontrarlo?

Esta  pregunta se la hicieron a San Lucas, un médico, ya anciano que supo acompañar a San Pablo, en sus viajes misioneros.
Lucas no era judío, ni había visto personalmente a Jesús, era griego o antioqueno. Pero había conocido a los que habían conocido a Jesús, la tradición dice que también conoció a María.

Él escribiría el Evangelio que lleva su nombre desde su comunidad de origen: Antioquía. Una Iglesia venerada hacia la segunda mitad del siglo I. Pues de allí habían salido muchos misioneros como Pablo de Tarso, y Bernabé. El mismo Pedro, a quien Jesús había designado como Jefe del grupo de primeros seguidores, pasó por la comunidad.
Pero esa generación que Lucas había conocido ya había muerto.

Era la tercera generación de cristianos, que no había conocido a Jesús personalmente. Era el año 69 o 70 cuando Lucas escribió su Evangelio.
Y lo hizo como él mismo lo indica para que todos conocieran lo que Jesús había hecho, y también sus enseñanzas.

Lucas ya era anciano y no quedaban ya testigos vivos, por eso escribió este Evangelio.
Es también el Evangelio más fácil de conocer y entender para nosotros que somos occidentales y no orientales, y no somos judíos.

Por otra parte los cristianos estaban siendo perseguidos por el Imperio Romano, y por supuesto serlo implicaba pasar a la clandestinidad, y bautizarse arriesgar la vida.
Ante tantas crisis los cristianos se  preguntaban ¿ donde estaba el que había triunfado sobre la muerte? Si era tan victorioso como decían ¿por qué en este tiempo de crisis  no se hacía notar? Los cristianos morían en persecuciones y él no parecía hacer nada. ¿Donde encontramos a Jesús? ¿ Además no nos había dicho que estaría siempre con nosotros?

No parecía cumplir con su promesa.

 

El misterio de los discípulos de Emaús
No eran de los 12, eran lo que hoy llamamos “Laicos”  y eran miembros de la comunidad de seguidores de Jesús. Y estaban huyendo de Jerusalén y tenían mucho miedo de las autoridades judías que habían ordenado entregar a Jesús a los romanos, para que pudiera ser ejecutado.

Pero escuchemos ahora la narración de Lucas.   (24, 13-35)

“13 Y he aquí, que dos de los discípulos, iban el mismo día á una aldea que distaba de Jerusalén sesenta estadios, llamada Emaús.
14 E iban hablando entre sí de todas aquellas cosas que habían acontecido.
15 Entonces el mismo Jesús se les acercó y comenzó a caminar con ellos.
1Pero ellos no supieron que era Jesús, pues algo les impedía reconocerlo.
17 Jesús les dijo entonces: ¿Qué es lo que hablan entre ustedes, y porqué están tan tristes?
18 Uno de ellos llamado  Cleofás, le dijo: ¿Tú eres el único  peregrino en Jerusalén, que no sabe las cosas que en ella han acontecido estos días?
19 Entonces él les dijo: ¿Qué cosas? Y ellos le dijeron: Todo el asunto de Jesús Nazareno, el cual fue un profeta, poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo;
20  y cómo le entregaron los príncipes de los sacerdotes y a nuestros gobernantes, que le condenaron a muerte, y le crucificaron.
21 Nosotros esperábamos que  él fuera el que había de redimir á Israel: pero, ya van tres días de que todo esto ocurriera.
22 Unas mujeres de nuestro grupo nos han espantado, pues fueron al sepulcro:
23 y no hallando su cuerpo, vinieron diciendo que también habían visto a unos ángeles, que les dijeron que él vivía.
24 Algunos de los nuestros fueron al sepulcro, y lo hallaron vacío como las mujeres  habían dicho; más á él no le vieron.
25 Entonces él les dijo:¡Oh qué insensatos y necios de corazón son ustedes! ¡ Cómo les cuesta creer todo lo que los profetas habían anunciado!
26 ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?
27 Y comenzando desde Moisés, y de luego por los profetas, les mostró lo que las  Escrituras decían de él.
28 Cuando llegaron á la aldea á donde iban: él hizo como que iba más lejos.
29 Pero ellos le detuvieron , diciendo: Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y el día ya ha terminado. Entró pues a quedarse con ellos.
30 Y aconteció, que estando sentado con ellos a la mesa, tomando el pan, lo bendijo, y partió, y se los dio.
31 Entonces se les abrieron  los ojos , y le conocieron; mas él  desapareció de su vista.
3
2 Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino, y nos enseñaba sobre las Escrituras?
33 Y levantándose en ese mismo momento, volvieron a  Jerusalén, y hallaron á los once reunidos, y á los que estaban con ellos.
34 Ellos les dijeron: Ha resucitado el Señor verdaderamente, y se ha aparecido a Simón.
35 Entonces ellos les contaron lo que les había pasado en el camino, y como le habían conocido cuando Jesús había partido con ellos el pan.”

 

Cómo ustedes pueden ver, ellos no reconocieron al misterioso peregrino que les hablaba.
“Algo les impedía reconocerlo”  es la falta de fe, no otra cosa.

Ellos no perciben la presencia de Jesús que les consuela, les escucha y les anima.
¿Cuantos hermanos nos escuchan, como hace este misterioso peregrino que les acompaña en el camino hacia Emaús?

Decimos:  Dios nos abandona, no está con nosotros, me pasó esto…y ¿Dónde está Jesús?
Jesús está en el hermano que está contigo, en el que camina junto a tí, en el que te tiende su mano solidaria, ahí está. También está en el hermano que te  necesita, en el pobre y el humilde. ¿No dijo Jesús?: “Cuando lo hicieron (brindar ayuda) a mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicieron.”(Mt. 25,40)

Pero también Jesús les muestra que la Palabra escrita que ellos también conocen, y que leían en la Sinagoga era su presencia.  Pues esta anunciaba lo que él habría de padecer por nosotros, para establecer el Reino de Dios.

 

La última presencia
Y por fin, llegan al pueblo, y aunque Jesús amaga a seguir de largo, ellos le piden que se quede.
Así este misterioso peregrino parte el pan y lo bendice; allí recién comprenden y sus ojos se abren.

¡¡Era Jesús el que les había acompañado!!
Y no es casualidad, pues esta cena en la cual él bendice el pan, representa el banquete eucarístico.

Sí, la humilde misa dominical, es la presencia más densa y profunda del Resucitado.
Cada domingo la tenemos a nuestro alcance. Pero……¿La valoramos lo suficiente? Comprendemos que al comulgar estamos uniéndonos al misterioso peregrino de Emaús, justamente  para estar con él y caminar con él.

Él había dicho que estaría con nosotros para siempre, ¿no es así? (Mt. 28,20)  Y como vemos lo cumple.
Él está con nosotros, a través del hermano, en su Palabra, en la Eucaristía, y cada vez que oramos y buscamos su presencia él está.

Tal vez por nuestra falta de fe, no lo reconozcamos. Pero él se ha encarnado, y no fue un disfraz lo que asumió. No; él se hizo hombre en serio, y nunca va a dejar de serlo.
Aunque resucitado, sigue siendo uno de nosotros, y comparte con la humanidad, sus sueños, sus gozos, sus esperanzas y sus anhelos para siempre.

La gente que leyó este hermoso testimonio de Lucas entendió este mensaje.

La pregunta es si nosotros lo hemos entendido y aceptado. La pregunta es si lo vivimos.

 

Eduardo Ojeda

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