BRASIL: POLÉMICAS PARA EL SÍNODO

Según el misionero francés p. François Glory desde hace 30 años trabajando en Amazonia, la gran pregunta para el Sínodo es: ¿qué tipo de comunidades queremos?

Glory, 30 años en Amazonia

Escribe Glory: “Hay en Brasil 70 mil comunidades sin Eucaristía. Es fundamental la Eucaristía, pero las comunidades que resisten son las que se reúnen alrededor de la Palabra de Dios. La solución de ordenar a hombres casados puede reforzar el clericalismo que lo concentra todo sobre la figura del cura. No sucede así en las comunidades eclesiales de base. No es solo con la Eucaristía que se forma la comunidad. La comunidad se alimenta de la Palabra y tiene una dimensión social y profética con distintos ministerios. El problema principal no es la falta de curas, muchos de los cuales practican el sacramentalismo; hay que preguntarse qué tipo de comunidades queremos. El 80% de las comunidades en las que he estado, se sostienen gracias a mujeres que aseguran la catequesis, la preparación de los bautismos y matrimonios, la ayuda social. Cuando llega un diácono o un cura, este tiende enseguida a tomar el  poder y todos obedecen. Lo que hay que hacer es formar cristianos para que puedan ellos mismos hacerse cargo de sus comunidades. Si alguna comunidad está lista para ordenar a hombres casados, se estudiarán los casos; pero el cura no debe ser la figura principal. Me temo que lo de ordenar curas a hombres casados sea más bien abrir una puerta que interesa a Europa, como sucedió con los diáconos permanentes. El Concilio los había pensado para las regiones más apartadas y ahora es Europa que los aprovecha. En Amazonia no faltan tanto los curas, sino testigos del Evangelio que se alimentan del mismo y sepan difundirlo”. Por su parte, hablando del documento de trabajo del Sínodo, el cardenal disidente Gerhard Müller, sin percatarse del escándalo que sus palabras suscitan entre los fieles, dijo: “El documento de trabajo expresa una visión ideológica que no tiene nada que ver con el Catolicismo. Supone una herejía y falta de reflexión teológica. El centro de todo no es Jesucristo sino ellos mismos (los autores) que con sus ideas humanas quieren salvar al mundo. Este Sínodo es un pretexto para cambiar la Iglesia y por el hecho de que se haga en Roma, se quiere enfatizar el comienzo de una nueva Iglesia”. Para el otro cardenal también disidente Walter Brandmüller “las tres cuartas partes del documento de trabajo no tienen nada que ver con los Evangelios ni con la Iglesia. Hay una intrusión agresiva en asuntos puramente mundanos como la ecología, la economía y la política. La autoridades estatales (de Brasil) tendrán que rechazar estas pretensiones clericalistas”. Detrás de estas desafortunadas expresiones de los dos cardenales (el tercero es Raymond Burke) se mueven todos los fundamentalistas que se proponen dar batalla en el Sínodo de octubre, como lo han hecho en los anteriores.

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