ESTADOS UNIDOS: GESTO PROFÉTICO

El 18 de julio pasado religiosas, religiosos, laicas y laicos católicos se reunieron en el Capitolio para protestar contra el trato inhumano reservado a los chicos inmigrantes en la frontera sur y la separación de familias. Varios obispos llevaron un mensaje de apoyo. El obispo de San Diego Robert McElroy acusó al gobierno de “haber sembrado el miedo, como si fueran enemigos, hacia los inmigrantes y refugiados que han sido la sangre histórica de Estados Unidos”.

Sister Patricia Murphy, de 90 años, también arrestada.

Una de las que protestaron fue la hermana Carol Zinn: “El Evangelio manda y los valores de nuestra patria exigen, que actuemos”, dijo. Por desobediencia civil fueron arrestadas las 70 personas que protestaban, entre las cuales la hermana Patricia Murphy de 90 años (su sexto arresto) que dijo esperar que su gesto moviera a otros a hacer algo. Efectivamente contra las redadas de inmigrantes ilegales (que parecen razias), muchas iglesias se transformaron en “santuario” de acogida y protección, donde los policías no pueden entrar. Se advirtió sin embargo que en este caso las iglesias podrían ser multadas con miles de dólares. El cardenal Daniel Di Nardo, presidente de la Conferencia Episcopal tildó la ofensiva de “errónea e insostenible. Hay que recuperar algunas dimensiones esenciales de nuestra existencia cristiana y de nuestra humanidad que corren el riesgo de ser pasadas por alto en una nación próspera”. El gobierno quiere “capturar” en una primera etapa a unos dos mil inmigrantes ilegales para deportarlos. En Estados Unidos hay 11 millones de inmigrantes ilegales residentes en el país, muchos de ellos con hijos nacidos en el país y por lo tanto ciudadanos norteamericanos. La inmigración centroamericana no para. De Guatemala 750 personas salen todos los días hacia la frontera de México con Estados Unidos. Según el presidente de la Conferencia Episcopal de aquel país Gonzalo de Villa y Vasquez “en los últimos tres años no solo adultos sino  familias enteras con niños chicos, adolescentes no acompañados, emigran por falta de oportunidades, desnutrición crónica, inseguridad social. En Estados Unidos a los dos días de llegar están trabajando y ganan diez o veinte dólares a la hora, lo que es diez, quince veces más de lo que pueden ganar aquí; la mayoría son de origen rural más que urbana”.

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