(editorial) BIBLIA Y PEQUEÑAS COMUNIDADES

Uno de los fenómenos pastorales más importantes y positivos en América Latina después del Concilio ha sido la difusión de las Comunidades Eclesiales de Base y cómo, sobre todo a través de ellas, la Biblia ha vuelto a manos del pueblo. La Iglesia Latinoamericana ha optado para que las parroquias fueran redes de pequeñas comunidades, las que llamó “de base” para que fueran realmente insertas en los medios populares y periféricos, y los pobres fueran sus protagonistas.

En la Iglesia universal, debido a la polémica con los protestantes que defendían la interpretación libre de la Biblia, el pueblo cristiano no conoció la Biblia hasta el Concilio; solo conocía el Catecismo. Entre nosotros la lectura popular de la Biblia se difundió, pero no como estudio de la Biblia para adquirir más conocimientos de la misma, ni lectura crítica o científica de los textos, tampoco como lectura fundamentalista que acepta todo al pie de la letra como si fueran enseñanzas dictadas directamente por Dios. Es una lectura popular porque el pueblo de Dios tiene derecho a abrir esta carta de amor dirigida por Él a todos sus hijos. En cantidad de barrios, pueblos y zonas donde no había sacerdotes los mismos laicos pusieron al centro de sus comunidades y grupos la Palabra de Dios. Esta se lee juntos en comunidad porque es la Palabra de Dios que crea la comunidad. Hoy el pueblo cristiano ha aprendido a interpretar la Biblia desde la vida y para la vida. Cuando esto ocurre, la Biblia empieza a hablar a la vida y esta ayuda a comprender la Biblia. Jesús y los Evangelios son la clave para interpretar toda la Biblia, pero partiendo de la realidad y en un clima de oración para recibir una respuesta iluminadora. La lectura orante y profética de la Biblia, en particular de los Evangelios, ha de estar hoy al centro de la pastoral y de la vida de la Iglesia. El objetivo no es solo el alimento espiritual de cada uno sino el compromiso social, el servicio y la tarea transformadora de la sociedad. El Dios de la Biblia es un Dios liberador cuya justicia está al servicio de los pobres y oprimidos, de los huérfanos, las viudas, los extranjeros… El ejemplo del laico Wenceslao Pedernera, recién beatificado y miembro de un movimiento cooperativista rural, lo dice todo. Se multiplican también cursos, seminarios y talleres de formación bíblica para los cristianos de a pie. La catequesis es ahora bíblica. Una relectura bíblica desde la mujer, ha hecho avanzar prodigiosamente la interpretación bíblica con el aporte de mujeres teólogas. En la actualidad sin embargo hay una crisis de las comunidades eclesiales de base por haberse varias de ellas en exceso politizado y haberse distanciado de la religiosidad popular. Lamentablemente junto a esa crisis hay una eclipsis del compromiso socio-político desde la fe y el Papa Francisco lo denuncia constantemente. Muchas de las CEBs se han transformado simplemente en grupos de oración y espiritualidad carismática. El espacio del compromiso socio-político, ha sido llenado ahora por los evangélicos y las sectas. En otros casos, el obstáculo mayor ha sido el clericalismo de los que se sienten dueños de las parroquias y no dejan a los laicos la autonomía necesaria para asociarse y ser fermento evangélico en la sociedad. Los de “abajo” -para muchos en la Iglesia- son los destinatarios de su práctica asistencialista o promocional, pero no los sujetos privilegiados de la evangelización.

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