(TESTIMONIO) UNA BUENA CRISTIANA

Publicamos, con un título nuestro, esta que parece ser una parábola evangélica para hoy, sacada de Clarín del 16 de abril.
Y sin embargo es un hecho de la actualidad.

 

¿Cuánta bondad somos capaces de ofrecer? En el momento de ser agredidos, ¿cuál es el sentimiento que prevalece en nosotros? ¿El deseo de revancha o acaso la compasión? Cecilia Ramos es médica clínica en Tucumán y desde hace 19 años ejerce como médica rural en un Centro Comunitario en La Ramada, a 40 kilómetros de la ciudad. El 12 de abril pasado cuando se disponía a abrir la puerta de su casa, fue asaltada por dos motochorros. Al violento forcejeo le siguió la huida de los delincuentes y la desesperación de Cecilia, que intentó perseguirlos.

Dice: “no tenía mucha plata pero sí, mi estetoscopio, la linterna y el oxímetro que uso para trabajar; por eso los corrí”. La moto de los delincuentes chocó contra un patrullero que por casualidad pasaba por allí y los ladrones terminaron heridos en el piso. El joven que le había arrebatado la cartera tenía golpes en la cabeza y en la espalda y cortes sangrantes en una rodilla y en el codo derecho. La cartera a un costado , sobre el pavimento. “En un primer momento pensé en no atenderlo, pero me duró un segundo. Si alguien está tirado al suelo, herido, para mí es un paciente. Pedí que me alcanzaran la cartera porqué allí tenía mis guantes, pero la policía no lo permitió”. Se vio así a la víctima con sus manos ensangrentadas por las heridas del que acababa de violentarla. Los vecinos amenazaban lincharlo. “Le pedí al muchacho que no se moviera, porque si se levantaba no íbamos a poder contener la bronca de la gente”, explica. Cuando llegó la hermana del ladrón, la gente empezó a agredirla a ella como si tener ese hermano la hiciera a ella también ladrona. Al final Cecilia ayudó a subir al herido a la ambulancia. “Él me pidió que no hiciera la denuncia. “Si, la voy a hacer”, le dije. Y me respondió: “Mira que sé dónde vives”. Hay algo profundamente humano y conmovedor en el episodio. Una señora médica de cincuenta años con una generosidad sin grietas y un muchacho de 24 años que amenaza aún a quien la socorrió y también la salvó de una agresión salvaje. Más grave aún los comentarios de muchos en el facebook de Cecilia: “Muchos me escriben: ojalá te maten, así no ayudarás más a ningún chorro”. La voz de Cecilia se quiebra recordando la enseñanza que le dejó su madre: “me educó en la idea de hacer el bien sin mirar a quien”. Y también se siente incómoda frente a los múltiples elogios: “Es solo un médico atendiendo a un herido; no es para tanto”. ¿Si acaso ella tuviera razón y no fuera para tanto, por qué ese nudo en la garganta?

                                                                               Gonzalo Abascal

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