(editorial) Por un mundo más justo y más solidario

Albert Parsons: “dejen que se escuche la voz del pueblo”, Chicago, 1886.

Se acerca un nuevo 1º de Mayo y el acontecimiento siempre es propicio para instalar en el debate la temática del trabajo y el empleo. Algunos comentaristas han expresado que a nivel internacional ya se han dejado atrás las repercusiones de la crisis del 2007 – 2008. Una década después de tal sacudón, sin embargo, el Informe anual sobre los salarios de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) señala que en la mayoría de los países del mundo, los trabajadores aún no han alcanzado los valores de entonces. De hecho, en el último año el crecimiento del salario real (el precio del salario descontado la inflación) ha sido el más bajo de la última década, situándose en 1,8%.

Uruguay en medio de este panorama destaca por la evolución favorable de su salario real. En la región latinoamericana, es el segundo país que mejor ha visto evolucionar el salario de sus trabajadores en la última década, solo por detrás de Panamá. Por contrapartida, cuando el Informe analiza el grado de inequidad en la distribución de esos salarios, Uruguay sigue formando parte del grupo de países más inequitativos entre los de altos ingresos, tristemente encabezado por Chile. Los países del norte de Europa, sobre todo los escandinavos, siguen siendo los más equitativos, incluso cuando se compara por sexo.

También resulta preocupante que en los últimos cuatro años se hayan perdido cerca de 50 mil empleos. Efectivamente, los datos oficiales indican que el punto más alto en el número de personas empleadas en el mercado de trabajo fue 2014. A partir de entonces, se reduce la cantidad de personas con empleo. En 2018, por ejemplo, se perdieron unos 10.000 puestos de trabajo.

Sin bien la tasa de desempleo del país se encuentra a niveles muy por debajo de los existentes con la crisis de 2002, o claramente por debajo de los niveles exhibidos en los años 90s, lo cierto es que el actual 8,4% de desempleo está dos puntos por encima de lo que teníamos en 2011 (el mejor desempeño de las últimas décadas) lo que revela el principal problema que afecta en el día de hoy a nuestros hermanos y hermanas en lo referido a la temática laboral.

Recordemos la centralidad que el trabajo tiene en nuestras sociedades contemporáneas. A través del mismo no solo obtenemos una renta para satisfacer nuestras necesidades, sino que además construimos identidad, nos integramos socialmente y accedemos a otros beneficios como los vinculados al sistema de seguridad social.

Como nos lo recuerda la aún vigente Encíclica Laborem Exercens, escrita por Juan Pablo II en 1981, “mediante el trabajo el hombre no sólo transforma la naturaleza, adaptándola a las propias necesidades, sino que se realiza a sí mismo como hombre, es más, en cierto, sentido, se hace más hombre”.

Desde UMBRALES, como todos los años, nos unimos al coro de voces que celebran el Día Internacional de los Trabajadores/as recordando a los mártires de Chicago y reclamando por un mundo más justo y más solidario. Lo hacemos convencidos que ese trabajo que abrazó el mismísimo Jesucristo, nos hace más humanos y a la vez más cercanos a Dios.

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