HOMOSEXUALES: ¿QUÉ DICE LA IGLESIA?

El cómico británico Stephen Amos, abiertamente gay, habló con el papa Francisco haciéndole conocer su situación y este le contestó: “Darle más importancia al adjetivo “gay” que al sustantivo “hombre”, no es humano. Todos somos seres humanos y tenemos la misma dignidad. No importa quién eres o cómo vives tu vida; no pierdes tu dignidad. Hay personas que prefieren seleccionar o descartar a otras, debido al adjetivo. Estas personas no tienen un corazón humano”. La reacción de Amos: “Me quedé sin palabras. Francisco está diciendo que aquellos que tienen puntos de vista religiosos extremos contra la homosexualidad, no tienen un corazón humano; y eso es enorme”. Se han conocido también las declaraciones del obispo Thomas Gumbleton, ex auxiliar de la arquidiócesis de Detroit en una entrevista a un periódico italiano. Dijo: “Debido a su doctrina tradicional en el pasado, la Iglesia tuvo cierta responsabilidad por la homofobia que hay en la sociedad; no se distinguía entre la homosexualidad como elección y la homosexualidad como parte de la identidad de una persona. No estuve preparado desde el seminario para acompañar a los gays y lesbianas en sus luchas. Ahora siento profundamente el daño que provoca el lenguaje doctrinal de que la persona homosexual es “intrínsecamente desordenada”. Este lenguaje crea miedo y lleva a la gente a emitir juicios falsos sobre las personas LGBT. El Papa ha acogido a personas gays en su círculo de amigos. La doctrina de la Iglesia sobre el tema aún se está desarrollando y se debe explorar la cuestión más a fondo desde el punto de vista científico”. Por su parte el reconocido teólogo español José María Castillo escribe en Religión Digital: “La insistencia y hasta la agresividad con que algunos en la Iglesia se oponen y hasta se enfrentan a las personas homosexuales, es una forma de pensar y actuar que no se preocupa por el daño que se hace a muchos seres humanos e inclusive a la Iglesia. Estas personas ven en la homosexualidad una “perversión” o una “enfermedad”, y esto como algo degradante, humillante y despreciable. Son calificativos que destrozan a quienes tienen que soportarlos. Como consecuencia, el que se ve así calificado, tiene que ocultar su propia identidad, hasta mintiendo. Hay gente, también en la Iglesia, que se parte la cara para limpiar la sociedad de homosexuales, al tiempo que se calla frente a los corruptos, a los embusteros y violentos, responsables de tantas injusticias como las que estamos viviendo”.  

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