(opinión) POR UNA LIBERACIÓN PENDIENTE(1)

(1)Concepto tomado del libro de Teófilo Cabestrero: “Pascua de Liberación”.

Comenzamos la semana Semana Santa y los cristianos –al menos en Uruguay- nos debatimos en el foro interno entre vivirla de forma religiosa participando en las celebraciones comunitarias, y vivirla de vacaciones, de turismo, descansando, visitando familia y amigos. Los laicos que a menudo estamos ya muy cansados a esta altura del año, al menos nosotros, necesitamos descansar. Pero sin duda que no sólo se cansa el cuerpo, sino el alma, por lo que además de poder descansar físicamente es tiempo propicio para alimentar nuestro interior, nuestra espiritualidad. Y nuestra espiritualidad no depende de un lugar concreto. Podemos rezar y entrar en comunión con Dios estando en la Iglesia, en la casa de familiares, acampando con amigos, o en un balneario con la familia. La Creación entera es obra de Dios y en cualquier lugar podemos alabarlo (LS 87). Si podrá depender de las personas con las cuales estemos, sobre todo en el grado de comunión que logremos vivir con ellas. Y ese grupo humano que me rodea puede ser la comunidad parroquial, la familia o los amigos. Lo importante es cómo la vivimos interiormente. (Para vivir la semana Santa, si nos vamos de viaje, recomiendo el hermoso texto del hermano Alírio Cáceres: “Viajando hacia la pascua ecológica: lista de chequeo”. Lo encuentran en (http://www.amerindiaenlared.org/contenido/14482/ viajando-hacia-la-pascua-ecologica-lista-de-chequeo/).

¿Cómo liberarnos aún de esa tensión de quedarnos en la comunidad parroquial a vivir la semana Santa o irnos de vacaciones? Se trata de una liberación que aún es necesaria, donde ser conscientes del problema cultural es necesario. En el ámbito católico, nuestro entender sobre la vida cristiana aún sigue esclavizado a una mirada que sobrevaloriza el culto y el lugar de la liturgia en la fe de la Iglesia. Vivir la semana Santa dentro de la comunidad religiosa tiene que ver con experimentar la liturgia como un ensayo de la vida (Barros), como una preparación para lo que la vida misma nos hace experimentar. En el día de ayer, Domingo de Ramos, nos unimos a los gritos de aquellos judíos que proclaman a Jesús como Rey y Liberador de las opresiones temporales que sufrían, pero justamente Jesús venía a traer una liberación aún mayor, supratemporal. La fe en él libera no sólo del presente sino que es promesa y cumplimiento futuro: de esto se trata de vivir la fe: “…colocando la realidad en situación de confesarse a sí misma en el infinito y en lo inesperado de su manifestación” (A. Gesché).

Siendo así, reconociendo que la liberación que trajo Jesús parte de las necesidades temporales, ¿acaso no es bueno y necesario que los cristianos estemos allí donde la gente necesita nuestra voz y nuestro testimonio? Mientras la multitud sale a la calle (de turismo, de vacaciones) nosotros debemos ir a la Iglesia y vivir esta semana ad intra. Considero que poco va esto con lo que el Papa invita ser realmente una “Iglesia en Salida” (EG 20-24). No se me entienda mal y partiré desde la misma procesión del día de ayer: hacemos una manifestación pública de la fe católica, caminamos por las calles con cánticos y alabanzas a nuestro Salvador, los sacerdotes usan sus ornamentos religiosos, cargamos los símbolos de la Cruz y de los ramos. Y ello es un derecho que tenemos y por eso debemos ser respetados. Los que nos ven nos aceptarán o no, pero lo respetan. Pero me pregunto: ¿cuánto toca (afecta, impacta) esto en la vida de los que no son cristianos? Pero justamente esto no es lo más importante.

Lo importante está en dar vuelta la pregunta hacia nosotros: ¿cuánto nos toca (afecta, impacta) a nosotros los cristianos, las diversas manifestaciones de nuestro pueblo reclamando liberación?  Ante los reclamos del movimiento feminista, de la comunidad LGTB, de la lucha sindical, de los reclamos por los desaparecidos, de los grupos que reclaman por la injusticia por feminicidios, el abuso infantil, el predominio de la mentalidad patriarcal, el uso de la política (Para saber los puntos centrales del discernimiento cristiano que la CEU propone, leer el mensaje “Tiempo de elecciones, tiempo de esperanza”, en http://iglesiacatolica.org.uy/noticeu/mensaje-de-los-obispos-ante-elecciones-tiempo-de-elecciones-tiempo-de-esperanza/) para explotar al pueblo ¿seguiremos siendo simples espectadores? Desde hace tiempo se quiere los cristianos que se alejaron de la Iglesia vuelvan y se los saldrá a buscar. Pero me pregunto ¿Para qué? ¿No percibimos en esto un cierto riesgo de esquizofrenia? Cuando el pueblo y sus habitantes van por un lado, nosotros nos encerramos. Cuando  queremos manifestar públicamente la fe exigimos respeto, pero poco nos involucramos en la manifestaciones de nuestro pueblo.

Visto desde la religión que “Reconoce la existencia de una comunidad cultural exterior a la Iglesia, en la cual el punto de vista individual está arraigado en la comunidad cultural general. No hay lugar para un sistema de ética, estética, ciencia o sociología que se base en principios teológicos…” (Tilich) considero que como cristianos no estamos aún centrados en lo importante. Si la salvación que trajo Jesucristo es para todos los hombres y mujeres (1 Tim 2, 4-6), y justamente él se hizo uno de nosotros (Jn 1, 14) es desde allí que debemos partir en nuestras prácticas que también son cultuales. Si la liturgia no está al servicio de la vida –y la vida es lo que vivimos en el trabajo, en el estudio, en el ómnibus, al pagar impuestos, al enfermarnos, etc.- no nos está capacitando para ser verdadera luz en el mundo ni daremos frutos como Jesús nos pide. Creo que hoy, nuestra laicidad, nos desafía en reconocer que la ciudad es el “lugar común” en donde podemos encontrarnos cristianos y no cristianos, y donde nosotros podemos hacer eficaz la misión que Jesús nos pide.

Vivamos esta semana de cara a Dios por sobre todo. Si estamos en la comunidad en las celebraciones diarias, o si estamos de vacaciones en familia, lo importante es colocar nuestro corazón en Dios para que toque nuestra conciencia. Que Dios aumente nuestra fe que debe aún ser liberada de las cadenas actuales, de demonios interiores y exteriores (Gesché), y que no nos permite vincular sanamente la fe de la vida de la Iglesia con la vida cotidiana. Dios no se limita al culto, allí nos espera para un momento especial, sobre todo al darnos en la Eucaristía. Pero también nos reclama en el que sufre, en el pobre, en la preso, en el anciano, en el abusado y violentado por débil, en todo aquel que nos necesite. Si estamos dispuestos a sufrir como Jesús, no sobrevaloremos los sacrificios rituales (no sólo las prácticas cuaresmales), sino que “lo más importante sería sufrir solidariamente para liberarnos del dolor por el amor que no se resigna, sino que se rebela y lucha contra el dolor del prójimo” (Cabestrero). Como Jesús debemos colocar el centro sólo a Dios y Dios está en el hombre, y los hombres “somos capaces de lo que Dios es capaz” (Gesché). Pero aún estamos ante una liberación pendiente.

Diego Pereira

Bibliografía

 

Evangelii Gaudium: Exhortación Apostólica sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual (24 de noviembre de 2013).

Laudato si’: Sobre el cuidado de la casa común (24 de mayo de 2015).

Cabestrero, Teófilo, Pascua de Liberación, Salamanca, Sígueme: 1976.

Gesché, Adolphe, La paradoja de la fe, Salamanca, Sígueme: 2013.

Tilich, Paul, Filosofía de la religión, Buenos Aires, Megápolis: 1973.

 

 

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