Misterios de la Biblia: ¿Por qué mataron a Jesús?

Esta es una pregunta que muchas veces los niños de catequesis nos hacen. Ellos hacen las más interesantes preguntas, pues en su sencillez van al fondo de las cosas. ¿Por qué alguien que predicaba el amor a los enemigos, y perdonaba a todos, es odiado hasta el punto de que gente que eran enemigos como los sacerdotes del templo, los fariseos, Herodes y los romanos conspiraron para darle muerte?

La explicación podemos encontrarla tal vez, en la situación política y religiosa reinante en el país de Israel del siglo I de nuestra era.
Jesús era un predicador ambulante de Galilea. Un rabino sin prestigio y que no había estudiado con rabinos de renombre, tan solo con el rabino de su aldea . Si bien como todo israelita adulto, de 30 años cumplidos, tenía según las leyes judías derecho a predicar en las sinagogas, y comentar las Escrituras, no tenía al parecer el poder de ser un referente importante para el pueblo de Israel.
Si bien era Galilea la patria del partido de los zelotes, y aunque probablemente varios discípulos suyos fueran o habrían pertenecido a este grupo, él personalmente no estaba involucrado en este movimiento guerrillero que combatía a los romanos.
¿Entonces? ¿ Por qué fue asesinado?

 

La situación social de la época
En aquel momento Israel vivía una época de crisis, de pobreza y de mucho odio y tensiones.
Los romanos habían conquistado hace tiempo (84 años) el  país. Y aunque su dominación era bastante tolerante con la religión judía y con el Templo, los cobros de impuestos agobiaban al Pueblo. El odio contra los romanos iba en aumento.
También se esperaba al Mesías prometido por los profetas, que según estos iba a ser descendiente del rey David (Is 11, 1-5).
Esta esperanza motivó la formación de varios grupos de creyentes con una visión diversa del Mesías esperado, y con el anhelo de ser el pequeño resto elegido de Israel.
¿Qué era el pequeño resto? Una vieja profecía de los antiguos profetas, que hablaba de que Dios iba a reservarse para llevar a cabo la redención de Israel, a un pequeño resto elegido de israelitas, nobles y puros que no se hubieran inclinado ante los ídolos (Sof 3, 12-13).
Así había varios grupos que pretendían ser ese pequeño resto elegido.

 

Estaban los zelotes, o los celosos, grupo político y religioso en Israel, porque la separación entre lo político y religioso es un concepto que nace del cristianismo y las enseñanzas de Jesús, conocido en nuestro mundo, pero en aquella época ni se lo conocía ni se lo aplicaba.
Los zelotes, grupo al que habrían pertenecido Barrabás y Simón, uno de los apóstoles de Jesús (Mt 10, 1-3) creía que el grupo elegido por Dios estaría constituido por valientes guerreros que siguieran al Mesías, y lucharan contra los romanos. Ellos concebían al Mesías como un nuevo David, que mediante la lucha armada expulsaría al ejército romano y establecería el Reino de Dios en la tierra.
Veían a Jesús con esperanza, y al ver que los pobres y humildes de Galilea lo escuchaban, se preguntaban si él no sería el Mesías elegido para luchar contra sus opresores y establecer de nuevo el Reino de Israel.
Se puede ver la mano de este grupo en el intento de hacerlo rey, que nos cuenta Juan, luego de la multiplicación de los panes (Jn 6,14). Jesús se alejó de allí, pero tuvo que obligar a sus discípulos a  marcharse puesto que muy probablemente varios de ellos estarían de acuerdo con este grupo (Mt 14, 22).
Esto explica el pedido de Santiago y Juan de ocupar los puestos de confianza en el futuro gobierno de Jesús (Mt 20, 20-33). Pero Jesús odia la violencia, habla contra ella claramente. Predica el amor a los enemigos, y hasta llega a alabar la fe de un romano, a pesar del escándalo que esto provocaría seguramente entre sus discípulos (Mt 8, 5-10).
Los zelotes no conspiraron contra Jesús, ni quisieron darle muerte; pero eso sí, deben haber gritado a favor de la liberación de Barrabás puesto que Jesús les había defraudado al no oponer resistencia a sus captores (Mt 27, 20-35).

 

Los saduceos
Su nombre venía del de Sadoc, un sumo sacerdote muy fiel al rey David. Eran la clase dominante entre los judíos. Eran los interlocutores de Israel ante los romanos, y los que habían llegado a un acuerdo con ellos.
En su mayoría este grupo estaba conformado por los sumos sacerdotes del Templo, y el mismo Caifás, Sumo sacerdote aquel año, lo presidía. Ellos administraban el Templo y se enriquecían con él. No creían como el resto del pueblo en la Resurrección de los muertos, y decían esperar al Mesías, pero a decir verdad, les importaba un bledo.
Ellos estaban bien y a gusto con el dominio romano. Aunque estaban subyugados a los mismos, sin embargo comerciaban con éstos, que les permitían el culto, e incluso acuñaban monedas sin la efigie del Emperador con permiso de los romanos para las ofrendas del Templo. Un ejemplo del sometimiento de esta gente era que las vestiduras del Sumo Sacerdote se guardaban bajo llave en el cuartel del Gobernador Romano (la Torre Antonia) en Jerusalén.
Ellos consideraban que eran los artífices de la paz con los romanos y los que habían evitado la guerra con ellos, y el derramamiento de sangre. Creían que el Pueblo de Israel debería agradecerles esto.
Desconfiaban de Jesús, aunque este no era muy conocido en Jerusalén, pero él había criticado su codicia y su amor por el dinero. La expulsión de los vendedores del Templo y la acusación de haberlo convertido en una cueva de ladrones, que había hecho Jesús, no implicaba solo a los vendedores del Templo, sino a ellos, que les habían permitido vender dentro del Templo en el atrio de los gentiles sus mercaderías, como animales para el sacrificio, y moneda del Templo que allí se cambiaba para realizar las ofrendas. De hecho los sacerdotes se enriquecían con esto ya que los vendedores pagaban el 10% de sus ganancias a los sacerdotes (Mt 21, 12-13).
Probablemente esta acción de Jesús fue el detonante que les llevó a causar la muerte del profeta (Mt 26, 3-5).

 

Luego estaban los fariseos, que contra lo que se cree no eran los más acérrimos enemigos de Jesús, pues muchas de las doctrinas que enseñaban coincidían con su mensaje (Mt 23,2-3).
Pero Jesús sin embargo les desafiaba constantemente, pues hacía curaciones en sábado, lo que según ellos no había que hacer en ese día santo, pues en él no se podía trabajar.
Pero Jesús desafiaba esta creencia, y decía que justamente ¿no era el sábado el mejor momento para alabar a Dios curando a alguien y haciendo el bien? (Lc 13, 10-17). Jesús combatió su excesivo legalismo, y les hizo ver que todas las leyes del Señor deben perseguir la felicidad y el bien de las personas y no esclavizarlas (Mc 2, 27). Les acusaba de multiplicar las leyes y normas, y obligar al pueblo a cumplirlas, sin que ellos movieran un solo dedo para liberarlos.
También les criticó su doble vida y la hipocresía de pretender ser jueces de los demás israelitas, presentándose a sí mismos como justos y virtuosos (Mt 23, 1-37).
No aceptaban que Jesús ofreciera el perdón a los pecadores notorios y arrepentidos (Lc 15, 1-2).
Pilato acertó al ver que lo entregaban por envidia. Esto era lo que ocurría en realidad (Mt 27,18).
Ellos eran los líderes religiosos más cercanos al Pueblo. La prueba está en que al destruirse el Templo a manos de los romanos el año 70 después de Cristo, fueron ellos los que reestructuraron el judaísmo, y mantuvieron en sus sinagogas la fe religiosa del pueblo de Israel. Sin embargo tenían celos de Jesús, que era muy querido por la gente, sobre todo por los más pobres, puesto que el grupo de Jesús no discriminaba a nadie como hacían ellos, ni pedían el cumplimiento de tantos mandamientos. Jesús simplificaba todo cuando planteaba el amor a Dios y al prójimo como la base de la Ley de Dios. Y además…..¡Oh escándalo! aceptaba mujeres con él, a las que también trataba como sus discípulas, rompiendo todos los esquemas y discutiendo la validez de las estrictas leyes de pureza ritual que ellos practicaban, llamándolas leyes humanas y no divinas (Lc 10, 38-42/ Lc 8,1-5/ Mt 15, 7-9).
Los más importantes maestros fariseos integraban el Sanedrín, o Consejo supremo de la Nación, que trataba los asuntos de justicia. No es de extrañar que cuando Caifás planteara la necesidad de matar a Jesús, ellos estuvieran de acuerdo. Claro, con las honrosas excepciones de José de Arimatea y Nicodemo que le defendieron. Pero fueron los únicos (Jn 19,38-40).

 

La ambición de Herodes
Herodes había mandado reiteradamente espías a que vigilaran a Jesús, incluso le advirtieron a Jesús que buscaba matarle (Lc 13, 31-33).  Pero Jesús no le temía, y sabía que no iba a tomar él solo iniciativas.
Por otra parte pesaba sobre su conciencia la muerte de Juan el Bautista y su temor supersticioso que le hacía pensar -debido a los milagros que Jesús realizaba- que Jesús era en realidad Juan el Bautista resucitado que había vuelto para vengarse de él, y que por eso hacía milagros (Mc 6,14-27).
En esto Herodes participaba de la mentalidad apocalíptica en la cual todos los judíos participaban,  y la creencia en que la venida del Mesías era inminente y que luego ocurriría el juicio final, y el fin del mundo. El propio Jesús y sus seguidores, y el mismo San Pablo, lo creían. Ya que San Pablo se imagina que estará vivo cuando Jesús vuelva en su Gloria y los muertos resuciten (1Tes 4, 15-18).
Los mismos discípulos suyos parecen creer esto mismo cuando interrogan a Jesús sobre la restauración del Reino de Israel (He 1,6).
Pero era obvio que Herodes veía en Jesús a un competidor respecto a sus propias ambiciones de ser como su Padre, no sólo Tetrarca de Galilea, sino que aspiraba a gobernar también en Judea y Samaría, obviamente como vasallo de Roma.
Por eso manda a algunos de sus seguidores herodianos a tender una trampa a Jesús para hacerle decir que pagar el impuesto al César era algo que no era lícito a los ojos de Dios (Mt 22, 15-22).
También explica su amistad y acuerdo con Pilatos, luego de que Jesús fuera sentenciado a muerte (Lc 23, 12).

 

Los romanos
Cayo Poncio Pilato era gobernador de Judea y Samaría en el año 30 después de Cristo, y según parece era un favorecido por Seyano, jefe de la guardia pretoriana, que en ese momento gozaba del favor del emperador Tiberio, y aspiraba a gobernar el Imperio.
Pero según nos dice el historiador Flavio Josefo, había sido muy duro con los judíos, era famoso por su crueldad y venalidad.
De hecho había sido ya advertido por Roma, puesto que el Sanedrín en pleno se había quejado de él ante Tiberio, debido a los excesos violentos de Pilatos, en la represión contra los judíos.
Por lo tanto él no deseaba tener muchos líos y favorecer un tumulto. Su actitud de declarar la inocencia de Jesús, y “tratar” de liberarlo no fueron más al parecer que maniobras políticas, para aparecer ante el pueblo como alguien tolerante y obligar al Sanedrín a pedir su muerte (Mt 27, 20-26). Su gesto teatral de lavarse las manos obedece a eso.
Pero esto no significa que no viera en Jesús a un enemigo de Roma.
En primer lugar Jesús venía de Galilea, y en su entorno estaba lleno de zelotes.
Por todo lo que se ve, no solo Simón el apóstol llamado “el Zelote” era o había sido del movimiento. Si miramos con cierta sospecha el episodio de Getsemaní, donde varios de sus discípulos estaban armados con espadas (Lc 22,38), y Pedro incluso ataca a uno de los que vienen a aprehender a Jesús (Jn 18,10-11), no es difícil concluir que los zelotes estarían integrando el grupo de Jesús, y aunque Jesús no estuviera de acuerdo con este movimiento, y predicara la paz, el perdón y el amor a los enemigos, ellos estaban allí y esperaban usarle para desencadenar la rebelión armada contra los romanos. Al parecer estaban esperando la fiesta de Pascua para lograr que el pueblo se rebelara contra Roma. Si bien Pilato no quería mancharse con una condena más de un profeta judío, no le convenía dejarlo libre.
¿Por qué? Muy simple: si alguien reúne a los más pobres, y les dice y hace ver que ellos no son pobres porque Dios lo decidió, sino por la injusticia y el egoísmo de los hombres; esto de por sí resulta peligroso para el dominio de Roma en el país.
Por eso aunque Jesús era inocente de los cargos que le imputaron de rebelarse contra Roma, si podía descabezar un movimiento potencialmente peligroso que se había formado en torno a este soñador religioso, eso no le importó: un judío más o uno menos no importaba. La justicia tampoco, lo que le importaba era el bien de Roma y su propia carrera política.

 

Conclusión
Los imperios y las dictaduras siempre tratan de aplastar a quien pretenda concientizar al pueblo, y luchar contra el sistema y las injusticias.
¿Cómo reaccionaron las dictaduras latinoamericanas de las décadas del 70 y 80 del siglo pasado, ante los cristianos, que se preocupaban de defender los derechos de los más pobres? Si bien estos hermanos no pretendían usar medios violentos, fueron acusados falsamente de “comunistas”,  “terroristas” o promotores de la violencia.
¿Qué pasó con Romero, o con Angelelli?  Lo mismo que con Jesús. Molestaban.
Si alguien intenta hacer tomar conciencia a los más pobres de que su situación no es voluntad de Dios, sino de los hombres, intentarán quitarle de en medio.
Estos dos obispos mártires, se enfrentaron contra sus propios compañeros obispos que les dejaron solos y no les respaldaron. Lo mismo hicieron los fariseos y los sacerdotes con Jesús.
Ellos habían logrado un acuerdo con el Imperio, y Jesús les desenmascaraba ante el Pueblo, como traidores que legitimaban las injusticias de los romanos, y que en lugar de servir al pueblo, lo utilizaban.

¿Qué creen ustedes que iba a pasar?

Eduardo Ojeda

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