COLOMBIA: “LA BATALLA POR LA PAZ”

Publicamos el relato del encuentro de Juan Manuel Santos, Premio Nobel de la Paz, con el Papa el 16 diciembre del 2016, sacado de su libro: “La batalla por la paz”. Escribe Santos: “Yo acababa de recibir el Premio Nobel de la Paz en Oslo, el 10 de diciembre; había tenido actividades oficiales en Estocolmo, Bruselas y Madrid, y concluía mi gira en Italia, donde tenía programado un encuentro con Su Santidad. La última etapa de la visita la cumpliría en Asís, la tierra de san Francisco, donde la comunidad franciscana me iba a entregar la Lámpara de la Paz, un reconocimiento considerado como el nobel de paz del catolicismo.

Estando en Madrid, el 14 de diciembre, en una reunión en el Hotel Ritz con el presidente Mariano Rajoy y empresarios españoles, se me acercó el presidente de Telefónica, César Alierta, quien es muy próximo al entorno papal, y me dijo que el Vaticano me mandaba a preguntar si tendría alguna objeción en que el expresidente Uribe se uniera a la audiencia que yo tenía programada con el Papa dos días después. Me pareció una petición un poco insólita pero, por otro lado, consideré que no podía negarme a una solicitud del Vaticano y que de pronto podía servir para limar asperezas con Uribe y bajar el nivel de polarización del país. Así que le respondí que no tenía objeción, y acepté la inclusión del expresidente. En el Vaticano, estaban convencidos de que yo estaba al tanto de la gestión que se había hecho en forma clandestina. La verdad es que me enteré con menos de 48 horas de anticipación.
El empresario y banquero Luis Carlos Sarmiento facilitó su avión privado para trasladar a Uribe, con gran premura, desde Colombia hasta Roma. El viernes 16, a las diez de la mañana, tuve la audiencia con el Papa, quien me felicitó por el Premio Nobel que acababa de recibir, preguntó por los retos que ahora vendrían para la implementación del Acuerdo de Paz y me dijo que había sido muy generoso al haber aceptado incluir al expresidente en la visita. Uribe no había llegado todavía, así que terminó la audiencia y el Papa me pidió que esperara en una sala adjunta mientras hacían seguir a mi predecesor y ahora jefe de la oposición.
Al rato me volvieron a llamar y entré de nuevo al despacho papal. Nos saludamos cordialmente con Uribe, y nos sentamos, uno al lado del otro, frente al escritorio del Papa, quien expresó su beneplácito porque los dos estuviéramos allí y su disposición de ayudar a que la paz se hiciera realidad en nuestro país. Le dio entonces la palabra a Uribe y este comenzó a hacer una exposición minuciosa y puntual de todas sus desavenencias y críticas frente al Acuerdo de Paz que habíamos logrado en La Habana y que luego fue modificado para incluir la gran mayoría de sus observaciones y sugerencias. Nada cambiaba en su posición; eran los mismos argumentos que venía repitiendo en Colombia durante los últimos meses. En un momento dado, el Papa me miró con una expresión de desconcierto, como queriendo decir “Esto no funcionó” y, abruptamente, cortó la exposición del expresidente para decirnos que agradecía mucho que hubiéramos ido a verlo y que las puertas del Vaticano y de la Iglesia siempre estarían abiertas para apoyar a Colombia. Con mucha prudencia y diplomacia, dio por terminada la reunión y nos despidió.Ya saliendo, junto a la puerta, Uribe se arrodilló ante el Papa y le pidió que bendijera un rosario o una medalla que llevaba con él. Tuve la tentación de arrodillarme también para no quedar como arrogante, pero al final no lo hice. Una vez afuera, el expresidente me dijo: “Hombre, ceda, ceda un poquito”. Realmente no entendí a qué se refería, pues el Acuerdo Final no solo ya había sido firmado sino que había sido refrendado por abrumadora mayoría por el Congreso de la República. Ahora solo quedaba implementarlo de la mejor manera, algo a lo que siempre invité a la oposición a que contribuyera.
Uribe había organizado que lo esperaran los periodistas a la salida de la visita, y allí declaró que había expuesto con firmeza sus convicciones ante el Papa y que el presidente Santos no había cedido en su posición. Pero no se trataba de eso, no se trataba de convertir al Papa en un árbitro sobre las divergencias respecto al Acuerdo de Paz, sino de buscar un acercamiento hacia el futuro que disminuyera esa polarización que tanto daño le hace al país. Tristemente, ese encuentro tan singular, que hubiera podido ser de inmensa utilidad, fue un fracaso. El cardenal Parolin dijo después que a ellos los habían engañado, pues creían que yo estaba al tanto desde el principio de la idea de realizar aquel encuentro. Al enterarse de que no había sido así, nos ofreció sus excusas”. Los Acuerdos de Paz, ahora en parte olvidados por el gobierno de Iván Duque, han llevado al desarme de 7 mil combatientes, a la desmovilización de 13 mil entre guerrilleros, milicianos y colaboradores y evitado la muerte de alrededor de tres mil personas por año como era de costumbre, sin contar heridos, secuestrados y desplazados.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.