(editorial) BIENAVENTURADOS LOS TERCOS

El 13 de marzo el papa Francisco cumplió su sexto año de pontificado. De estos seis años el último de ellos ha sido marcado por la crisis de los abusos de menores por parte de muchos líderes de la Iglesia. Estos hechos han paralizado provisoriamente una especie de primavera de la Iglesia que se venía dando con Francisco. Estos líderes que buscaban defender la reputación de la Iglesia antes que a las víctimas, terminaron por desacreditarla profundamente.

El verdadero pecado, lo que de verdad ha rechazado todo el mundo, ha sido el afán de ocultamiento, el secretismo, el clericalismo reinante en varios ámbitos de la Iglesia que la han llevado a practicar la hipocresía. Y este es el pecado más condenado por Jesús; pecado que encontraba justamente entre los más religiosos. Y esto ha afectado injustamente la credibilidad de la gran mayoría de los sacerdotes y miembros de congregaciones religiosas que trabajan con entusiasmo y generosidad en pos del Reino. El papa Francisco ha enfrentado el tema con una energía desconocida. Y esta crisis no lo frenará, sino que le dará nuevos impulsos para la reforma de toda la Iglesia. A los que lo cuestionan por no reformar las estructuras de la Iglesia, hay que recordarles que si hay un mérito de Francisco, entre otros tantos, es que sin decirlo, sin tocar la doctrina, esté reformando el mismo papado. No por lo que dice, sino por lo que hace, por su forma de vivir, por sus actitudes proféticas y evangélicas. El Evangelio es sobre todo un proyecto de vida con el seguimiento de Jesús. El papado hoy ya no es un contralor de la fe, de la doctrina y de las costumbres sino un faro de luz que lucha por la paz y la justicia, que alivia a los que sufren, que baja del trono y se acerca a la gente con amor. Francisco ha dado un giro nuevo al papado que ya no tiene vuelta atrás.  Ya se terminó el hieratismo, la distancia, la solemnidad, la parafernalia de los tiempos pasados, suplantados por la humildad de alguien que quiere vivir la pobreza y sencillez del Evangelio. No se recuerda un Papa así. Seguramente el Papa Francisco quisiera cambiar muchísimas cosas más y lo podría hacer porque el Derecho Canónico le da potestad plena (n.331). Pero él prefiere caminar junto a todo el pueblo cristiano sin divisiones y corresponsabilizando a las bases. Prefiere dar pasos, iniciar procesos, poner cimientos con su propia ejemplaridad personal. Cree además que el problema más urgente es la renovación espiritual del clero, y no la falta de clero. Quiere un cambio de mentalidad en la Iglesia, una “conversión pastoral” sin la cual es inútil el cambio de estructuras. Por todo eso el Papa está pasando por humillaciones muy duras, no solo por parte de los que lo acusan de marxista por decir que “esta economía mata”, sino por los ataques de un bando y de otro desde el interior de la Iglesia, que nunca se habían dado antes. Ha dicho de él el p. Gustavo Gutiérrez: ”Este Papa es un don de Dios que nadie esperaba. Va a lo central del mensaje cristiano, a la frescura del Evangelio. Es muy valiente, aunque haya quienes le piden más. Pero el Papa tiene una fibra muy fuerte y todos tenemos que apoyarlo para preparar la continuidad. Es hora de decir: ‘bienaventurados los tercos’ ”.

Un comentario en “(editorial) BIENAVENTURADOS LOS TERCOS

  1. Gracias a Dios… también Francisco es un hombre que tiene sus límites y comete errores. Pero es un gigante de coraje y de entrega. Es un don del Espíritu que Francisco sea nuestro guía y nuestro padre.

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