(cultura) el legado lingüístico de nuestro continente

En el Año internacional de las Lenguas así declarado por la ONU, y a propósito también del próximo Sínodo de Amazonia, Umbrales se propone honrar el legado lingüístico de nuestro continente y rescatar a su vez la tradición narrativa que se enfoca en la voz y la cultura de los indígenas de las distintas naciones de América. Nos unimos al propósito mundial de llamar la atención sobre los problemas que afrontan las lenguas indígenas, así como su importancia para el desarrollo sostenible, la reconciliación, la buena gobernanza y la consolidación de la paz. En este sentido, iremos comentando algunos textos que constituyen el acervo cultural de las letras latinoamericanas, intentando realizar una muestra representativa de los mejores autores que supieron dar cuenta de la realidad y la vida del indio. Para dar inicio a esta propuesta, daremos un panorama general de la literatura indigenista e indígena para deslindar algunos conceptos que hacen a una mejor comprensión de este valioso corpus. Posteriormente, daremos a conocer los autores modernos y contemporáneos que escriben en distintas lenguas originarias de nuestro continente.

A modo de introducción
En el mundo existen cerca de 7,000 idiomas, de los cuales, casi el 50 por ciento está en riesgo de desaparecer. Aunque están protegidas jurídicamente a nivel internacional, las lenguas se acaban principalmente por falta de enseñanza, prevalencia del idioma de la mayoría del país donde viven los indígenas y la ausencia de transmisión de generación en generación. Los derechos lingüísticos de los pueblos indígenas están garantizados entre otros acuerdos internacionales por el Convenio sobre pueblos indígenas y tribales (n.º 169) de la Organización Internacional del Trabajo, y en el artículo 13 de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas, que establece que estos pueblos tienen derecho a revitalizar, utilizar, fomentar y transmitir a las generaciones futuras sus lenguas, tradiciones orales, sistemas de escritura y literaturas.

El principal método para que los pueblos indígenas fortifiquen sus lenguas surge de su difusión. La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, tiene como objetivo garantizar el acceso igualitario de los pueblos indígenas a todos los niveles de educación y formación profesional según la meta 4.5 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

 

De la literatura indigenista a la literatura indígena: el caso México
La narrativa indigenista parte del problema del indio como ente segregado y explotado por los grupos dominantes, y por esto constituye una manifestación de protesta social, económica y política. Sin embargo, no está escrita por indios sino por letrados blancos que pretenden dar voz a los indios. Podemos decir que este género lo inicia Cristóbal Colón y lo continúa Fray Bartolomé de las Casas, pero el antecedente que nos parece fundante de este género es una novela de 1889: Aves sin nido, de la peruana Clorinda Matto de Turner, en la cual se presenta en su cruda realidad: la explotación que el poder jurídico, el poder político y el poder eclesiástico hacen del indígena. Más adelante, hacia inicios del siglo XX se vería al indio como un elemento exótico, más allá del contenido de cierta crítica social al que se lo relacionaba. No habría protagonistas más que los que presentaban los cuentos del otro peruano José María Arguedas, uno de los exponentes del medio siglo. El escritor encuentra su inspiración en los indígenas para hacer fuertes denuncias sociales, hurgar en la identidad nacional o aspirar a la justicia. Su perspectiva incluye las leyendas, mitos y sincretismos religiosos que se irán tiñendo de sublevaciones y denuncias de la situación de los pueblos originarios de América.  Quizá la tendencia más fuerte dentro de esta narrativa sea la social: su modo de vida, sus costumbres y tradiciones, la memoria, los derechos.

México fue abriendo un camino señero que dio pie a que esta literatura comenzara a perfilarse con claridad después de la Revolución Mexicana. Rosario Castellanos y Eraclio Zepeda son los autores más representativos a la hora de retratar al indígena con personalidad y valores propios. Otro escritor que atendió aspectos lingüísticos y políticos de esta realidad fue José Revueltas. Para no extendernos demasiado en este artículo, mencionamos a los escritores de proyección internacional, pero no desconocemos que a lo largo del siglo XX y hasta nuestros días, se ha creado una genealogía que siendo el indio el tópico principal se da cuenta de la marginación, la miseria, y las condiciones infrahumanas que sufrieron casi todas las etnias del territorio mexicano. No está de más recordar que ese país cuenta con 68 lenguas indígenas en total, ocupando el segundo lugar en Latinoamérica después de Brasil.

A partir de la década de los ochenta, y como resultado de una mayor organización de colectivos indígenas, serán ellos mismos quienes se apropiarán con gran vigor de su propio discurso literario. Existía la necesidad de abandonar la periferia cultural en donde se encontraba y formar parte del escenario nacional de las letras. De esta manera, tomó y sigue obteniendo, mayor consideración y valoración crítica los avatares históricos que ha enfrentado. La oralidad y la cosmovisión no deja de sorprendernos cuando encontramos piezas líricas o narrativas que plasman la diversidad de expresiones y riqueza de construcciones sociolingüísticas. Un ejemplo de cómo dicha literatura ha ido corriéndose hacia un lugar más central (fruto de movimientos de la sociedad civil y de las distintas políticas públicas sociales y educativas) es la producción de la poeta maya Briceida Cuevas Cob, fundadora de la Asociación de Escritores en Lenguas Indígenas de México. Entre su obra más reconocida está U yok’ol auat pek’ (El quejido del perro en su existencia), Je’ bix k’in (Como el sol) y Tiʹ u billil in nookʹ (Del dobladillo de mi ropa). En 2012 fue electa como miembro correspondiente de Campeche por la Academia Mexicana de la Lengua. Su obra cobra relevancia por estar escrita en su lengua materna, por explorar el rol de la mujer maya y por hacer foco en la situación de las poblaciones vulneradas en sus derechos. He aquí un texto ejemplar en el cual el perro y el ser humano, en el caso indígena, tienen estatus similar:

 

 

 

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