AMÉRICA LATINA: LOS EVANGÉLICOS AL PODER

El movimiento pentecostal evangélico enarbola las banderas de la política partidaria en todo el continente, según el periodista Alver Metalli de Vatican Insider. Y esto antes nunca había sucedido. El compromiso partidista, con sus propios candidatos, es el resultado de la expansión del neopentecostalismo y de la convicción que tiene de poder ser una gran fuerza electoral.

Según Latinobarómetro, la Iglesia Católica ha disminuido 13 puntos entre 1995 y 2014 sobre todo en América Central (Guatemala, Nicaragua, Honduras, Costa Rica). Los evangélicos crecieron de manera inversamente proporcional al retroceso católico; lo que significa que provienen de las filas católicas. Según Pew Research Center de Estados Unidos los católicos bajaron al 69% de la población total y los evangélicos subieron el 19%. En Uruguay el segundo lugar mayoritario después de los católicos, lo tienen los ateos. En Chile la falta de confianza en la Iglesia es alarmante, por los casos de pedofilia. Según el Centro de Estudios Públicos de Chile, hoy solo uno de cada diez chilenos confía en la Iglesia. Los que valoran positivamente la doctrina y la obra de la Iglesia, pasaron del 51% al 13% en dos décadas. También en Chile, igual que en Uruguay, los que han aumentado no son los evangélicos sino los que nos se identifican con ninguna religión. Los ateos o indiferentes se han triplicado en las últimas dos décadas pasando del 7% al 24%. El movimiento neopentecostal quiere enfrentar esta situación desde la política. Es un nuevo tipo de protestantismo, políticamente conservador, anticomunista, antiecuménico; usa estrategias de difusión masiva a través de los medios de comunicación y las nuevas tecnologías. Se oponen al aborto, a las uniones homosexuales, a la legalización de la marihuana, a la ideología de género y luchan por la moralización de la sociedad y de las costumbres. Son como una reminiscencia de los partidos católicos de hace cincuenta años, con una orientación en este caso hacia partidos y políticas de derecha. En Brasil se ha constituido un frente de 14 partidos aliados con 92 diputados que tuvo notable peso en la caída de Dilma Rousseff y en la promoción del actual gobierno. Buscan crear partidos políticos confesionales que sean el brazo secular de su propia Iglesia e instrumentos masivos de evangelización. Su integrismo los lleva a una política que busca “el bien del pueblo” pero sobre todo de su propia Iglesia. El fenómeno se da paradójicamente cuando en América Latina se nota la ausencia de laicos católicos en política. Recientemente el Papa ha pedido para América Latina una formación mayor de los laicos católicos en la Doctrina Social de la Iglesia para que actúen “con alternativas políticas, críticas y constructivas, de clara identidad social cristiana, valorando a nuestros pueblos y a los movimientos populares que expresan sus luchas más auténticas”. Este es un año decisivo desde un punto de vista electoral con seis elecciones presidenciales en Argentina, Uruguay, Bolivia, Panamá, Guatemala, El Salvador.

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