(entrevista) Residuos urbanos y movimiento de recuperadores: Roberto Casaccia

Como es sabido, tanto el manejo como la gestión de residuos urbanos constituye uno de los temas más sensibles en materia de sostenibilidad ambiental. Pero incluso más allá de las dimensiones ambientales, la temática esconde grandes intereses económicos así como incipientes formatos de movimientos sociales que impulsan una mirada más solidaria sobre el tema.

Teniendo en cuenta todas estas dimensiones, UMBRALES ha conversado con Roberto Casaccia, autor de la investigación titulada “POLÍTICA DE GESTIÓN DE RESIDUOS SÓLIDOS URBANOS Y MOVIMIENTOS DE RECUPERADORES DE MATERIALES RECICLABLES. UN ESTUDIO COMPARATIVO”, que próximamente estará defendiendo en la Universidad General Sarmiento de Argentina para obtener su título como Magister en Economía Social.

Roberto, en tu investigación destacas que en los últimos años se han multiplicado las experiencias cooperativas y asociativas en el movimiento de los recuperadores, pero que aún así “se conoce muy poco acerca de la actividad que desarrollan los movimientos y se subestima el impacto generado sobre la economía, el medio ambiente y la sociedad en su conjunto”. ¿Por qué crees que ocurre eso?

El manejo así como la recuperación de los residuos constituyen temas que han entrado cada vez con más fuerza en el debate y en la agenda pública, a partir del impacto medio-ambiental, que es el que prima a nivel comunicativo. Pero particularmente en los contextos urbanos, se genera uno económico y social que tiene que ver con los costos de gestión y con la figura de los recuperadores.

El público en general tiende a asociar la gestión de los residuos con un problema de mera limpieza, además de asociar este tipo de tarea como un trabajo poco digno, de baja calificación y por ende con nulo reconocimiento social.

Más allá de las diferencias y de las características distintivas de cada movimiento, estas experiencias señalan cómo, a partir de las necesidades laborales, un sector postergado de la sociedad ha conseguido empujar la discusión sobre una gestión más sustentable y solidaria de los residuos, planteando la necesidad de entender y construir una relación entre el contexto urbano y la cuestión de los residuos.

Este es un elemento fundamental del ámbito latinoamericano, que constituye un diferencial respeto al continente europeo y al contexto norteamericano, en los cuales la preocupación por la gestión ha surgido desde el ambientalismo y de la institucionalidad político-administrativa.

Es decir, que en América Latina, la experiencia nos dice que el principal “agente del cambio” que empuja por la mejora en el manejo de los residuos ha sido y sigue siendo el movimiento de recuperadores urbanos que, paralelamente, puja por su inclusión concreta y masiva en el modelo de gestión.

Son las organizaciones de recicladores las que han permitido posicionar el reciclaje en la agenda pública, logrando conquistas y empujando la implementación de políticas públicas en este ámbito.

 

Tú señalas muy bien en la investigación la diferencia entre la basura y los residuos. ¿Puedes explicárselo a nuestros lectores?

Podemos concebir con el término “basura” todo producto de la actividad humana que ya resulta inservible, algo al cual ya no podemos encontrarle uso alguno.

Dentro de lo que comúnmente denominamos basura encontramos todo tipo de materiales y substancias, que podemos separar a su vez en dos categorías: desechos y residuos. Los desechos son la parte que no tiene posibilidad de recuperación, como productos peligrosos o tóxicos.

En cambio los residuos son descartes de la actividad humana que si bien son a menudo desechados, pueden ser recuperados bajo diferentes formas de reutilización y valorización. Son muchas las operaciones que generan residuos y según origen y tipo de actividad se puede establecer una clasificación.

Por lo que se refiere a  la fracción orgánica, según datos del último informe del Banco Mundial “What a Waste 2.0” (2018), en la región de América Latina y el Caribe se generaron, en 2016, un promedio de 0,99 kg per cápita por día, siendo un 52% de los residuos sólidos municipales compuesto por alimentos y residuos verdes. Estos datos remarcan claramente el desafío para implementar prácticas de compostaje en contextos urbanos, tanto a nivel domiciliario como a nivel comercial y de espacios públicos y privados.
A mi entender es interesante considerar la cuestión de los residuos atribuyéndoles las características de bien común, potencial generador de valor o perjuicio para la sociedad en su conjunto. En este sentido el ejemplo de la fracción orgánica es muy útil: si se practica el compostaje se genera valor a partir de un residuo, mientras que si se tira así no más se genera basura y por ende un perjuicio para la sociedad.

 

Es notorio que detrás de los residuos se mueven muchos intereses económicos. ¿Nos puedes ilustrar al respecto? ¿Es la obsolescencia programada un ejemplo en tal sentido?

Siguiendo a Baumann (2007), cuanto más elevada (e incesante) sea la demanda de los consumidores, más próspera seguirá la sociedad de consumo.

Por esto una eventual interrupción del flujo de productos y (supuestas) novedades se convertiría en un bloqueo inaceptable a la prosperidad de la sociedad.

Baumann (2007) afirma que en la sociedad moderna las empresas deciden en la etapa de elaboración el tiempo de vida de su producto y a partir de cuándo se transformará en desecho o descarte. Este diseño se ve concretado a través de un proceso de “obsolescencia incorporada”, caracterizado por dos caminos:

–  la obsolescencia programada: a través de la programación del fin de la vida útil de un producto, que luego de un determinado tiempo de uso padezca de mal funcionamiento, necesite repuestos no disponibles en el mercado o (teóricamente) demasiado caros respecto al precio de un nuevo producto, volviéndolo inútil o inutilizable.

 

la obsolescencia percibida: a través de acciones sobre el imaginario colectivo que condiciona la forma de ver los objetos, convenciendo los consumidores de que un producto (aunque pueda satisfacer la necesidad) debe ser reemplazado por uno nuevo.

 

 

– Y del negocio que se mueve en torno al reciclaje, ¿qué nos puedes contar?

Claro, éste es solo un aspecto de la cuestión. Luego existe todo el negocio alrededor de la gestión de los  residuos.

Por lo que refiere a  la cadena económica de la recuperación de materiales, los clasificadores constituyen el primer eslabón de un encadenamiento (caracterizado por un entramado bastante complejo y no siempre formalizado) que termina a menudo al otro lado del mundo (China y sobre el cual influyen muchos los precios internacionales de la materias primas, las llamadas commodities.

Por otro lado está el negocio ligado a la recolección, al tratamiento y a la disposición final, que es otro universo donde se encuentran los generadores, las administraciones locales y las empresas especializadas. En este sentido, según el informe del Banco Mundial  “What a Waste 2.0” (2018), la gestión de residuos representa en muchos casos, la partida presupuestaria más importante para muchos Gobiernos locales.

Se trata de un entramado complejo: la gestión de la basura desde siempre ha sido un negocio con muchos intereses en juego.

Si les gustan las series televisivas miren Los Sopranos y presten atención a los negocios de Tony…

 

Tú señalas que la gestión de residuos urbanos se constituye no solo en una necesidad imperiosa, sino además en un verdadero derecho humano. ¿Crees que hay suficiente conciencia social respecto al “cuidado de nuestra casa”?

La gestión sustentable es una necesidad cada vez más urgente. No lo digo yo, si no que todas las principales agencias multilaterales y hasta el Banco Mundial…

Según el informe  PNUMA-ISWA “Global Waste Management Outlook”  de 2015, la gestión de residuos representa uno de los servicios esenciales para la sociedad del siglo XXI, afirmando además que “la gestión de residuos es una necesidad humana básica y también puede ser considerado como un ‘derecho humano básico’” (PNUMA-ISWA, 2015, p. 2).

Siguiendo dicho informe, las consecuencias de hacer poco o nada para abordar una gestión adecuada pueden ser muy costosas, tanto para la economía como para la sociedad en su conjunto.

El último informe del Banco Mundial  “What a Waste 2.0” se pregunta si vale la pena el costo y señala que invertir en la gestión sostenible de los residuos sí tiene sentido desde el punto de vista económico. Argumenta que los desechos no recogidos y mal eliminados tienen un impacto significativo en la salud humana y el medio ambiente; el costo de abordar este impacto es muy superior al costo de desarrollar y poner en funcionamiento sistemas sencillos y adecuados de gestión, a partir de los sistemas existentes, en los cuales los recuperadores de materiales reciclables mantienen un papel importante.

Por lo tanto, a mi entender (ya que imagino que el Banco Mundial no debe estar muy de acuerdo en esto…), no se trata solamente de generar conciencia, sino que el “cuidado de nuestra casa” obligaría a una profunda revisión  y a un cuestionamiento muy duro de la forma de producir y de hacer economía; lo cual implica desmontar engranaje fundamentales y sustantivos del sistema en el que vivimos.

 

¿Cómo evalúas nuestro sistema de políticas públicas en relación al contexto regional? ¿Hay algún aspecto en el que debamos mejorar?

El diseño de instrumentos más o menos adecuado resulta de una concepción del rol de los recuperadores, tanto en la gestión de residuos como en la sociedad en general, en un proceso de retroalimentación sostenido por los propios recuperadores y que puede variar significativamente según el contexto.

La aplicación de la Ley de Envases en solo 6 departamentos del país evidencia carencia de todo tipo, que no pueden ser atribuidas de ninguna forma a los clasificadores, relegados un rol mínimo con escasísima participación en la toma de decisión.

El sistema de gestión ha hecho que la aplicación del marco jurídico existente no reconozca aún el sector desde un punto de vista productivo y laboral, sino como un sujeto pasivo dentro de una cadena a regular desde un punto de vista de los impactos ambientales y del orden público.

El nuevo proyecto de ley nacional (que no es analizando en la investigación) si aprobado podría abrir nuevos escenarios en estos términos.

De todas formas la existencia de un cuerpo legislativo volcado a la inclusión no representa a priori garantía que en la mayoría de las ciudades, los modelos locales de gestión de residuos concreten este aspecto de la norma, sino que indica que existe un nivel de reconocimiento y visibilidad pública de los recuperadores apto para pelear y lograr dicha inclusión. El caso de Porto Alegre explicita esta reflexión, ya que a pesar de un marco normativo nacional favorable y la existencia de un movimiento nacional de apoyo, la aplicación del plan de gestión a nivel municipal no conforma un contexto favorable para profundizar la inserción de las cooperativas en el sistema gestión.

Por esto, en Uruguay, mucho dependerá de la elaboración de los planes a nivel nacional y sobretodo departamental, que serían posteriores a la aprobación de la ley así como de su reglamentación.

 

Clasificadores, cartoneros y catadores. Cada país de la región utiliza su propia denominación. Pero más allá de lo semántico, ¿qué semejanzas y diferencias encuentras entre el movimiento de clasificadores de Uruguay en comparación con lo que ocurre en Argentina y Brasil?

La participación de los recuperadores en la recolección “informal” de lo que se define comúnmente basura, sea en la vía pública sea en los vertederos, representa el punto más agudo y visible de la relación entre consumo y residuos con la cuestión social.  Constituye el punto de contacto entre lo que se considera inútil – la basura – y una parte de población marginalizada por los mecanismos de la sociedad contemporánea y que en la basura identifica el sustento fundamental para organizar su estrategia de sobrevivencia. Esta es una realidad presente en toda Latinoamérica y en otros continentes también.

La organización en movimientos es fundamental para fortalecer el sector y salir del aislamiento que refuerza la vulnerabilidad del recuperador.

Tanto en Brasil como en Argentina, los movimientos se han fortalecido a través de un proceso organización económica colectiva, lo que la ha permitido integrar la gestión formal de residuos sólidos urbanos, reconociendo los bienes públicos producidos y formalizando (aunque con diferentes configuraciones según cada contexto local) su relación con las instituciones y el poder público, reforzando las garantías de acceso y el derecho de participación en la cadena económica de los residuos.

En Brasil, el MNCR tiende claramente a desarrollar la formación de unidades cooperativas solidarias que mantengan una independencia del sector estatal y gubernamental y que se nuclean para poder negociar en forma federada con el poder público.

Por otro lado, en Argentina, la FACCyR surge con fuerza a partir de la experiencia y el fortalecimiento de las cooperativas de recuperadores de la Ciudad de Buenos Aires, a través de una articulación que intenta ampliar los derechos adquiridos en la capital a todo el territorio nacional, en una dinámica de abajo hacia arriba (del nivel local al nivel nacional). La visión de la FACCyR tiende a negociar con el Estado las condiciones para la implementación conjunta de un sistema de reciclado, reconociendo claramente la necesidad de un protagonismo compartido.

En Uruguay, la construcción sindical a nivel nacional propuesta por UCRUS se ve influenciada por la centralidad montevideana, debida a una clara cuestión cuantitativa, ya que la concentración de clasificadores en la capital no puede ser igualada ni siquiera sumando la totalidad de recuperadores presentes en todo el resto del país.

Por otro lado la propuesta de estructura, de corte esencialmente gremial, tiende a conformar una organización de los clasificadores como trabajadores, buscando en el aparato estatal un organismo central que los contrate, opción que la Ley de Envase contempla de forma muy parcial.

A mi entender, esto marca una diferencia fundamental con respecto al caso argentino y brasilero, en los cuales existe una clara propuesta de organización económica para relacionarse con el aparato público.

 

Desde el movimiento de la economía solidaria se insiste mucho en el consumo responsable. ¿ese es un discurso que también aparece en el movimiento de recicladores?

La discusión sobre la generación a lo largo de todo el proceso económico y la gestión post-consumo de los residuos asume una importancia discriminante en la discusión y la creación de propuestas para otra economía, una economía solidaria, re-incrustada en la sociedad y en su medio-ambiente.

Según el contexto de referencia el llamado al consumo responsable y la relación con el movimiento de economía solidaria se hace más o menos explícito en los movimientos.

El consumo responsable tiene muchos matices, unos de los cuales es seguramente la posibilidad de recuperar materiales de los envases y de los productos que se consumen, así como evitar la generación excesiva de residuos.

La recuperación de materiales reciclables y el trabajo de los recuperadores hacen emerger con fuerza el aspecto socio-ambiental, dentro de la temática general de la sustentabilidad, colocando en discusión los supuestos proceso de modernización y desarrollo.

Por lo tanto, Creo que existe un potencial de articulación que no se ha visibilizado y aprovechado del todo aún.

 

Para finalizar, ¿qué aspectos deberíamos mejorar en Uruguay para garantizar la inclusión social de los clasificadores por medio de un trabajo decente al decir de la OIT?

Hay muchos aspectos y no es tan simple poder desarrollar una propuesta en pocas líneas.

De todas formas, lo principal debería ser centrarse en la inclusión productiva de este sector en el desarrollo de la gestión integral de los residuos.

En Uruguay, la Ley de Envase ha sido concebida básicamente como una ley ambiental, cuya reglamentación resolvió incluir un  componente de inclusión social, a través de la formalización de clasificadores en los circuitos de recuperación de envases; pero dicha inclusión se ha afirmado y implementado en términos coyunturales y de emergencia para un sector vulnerable.

Se ha desarrollado así un modus operandi con una  clara falta de reconocimiento del oficio de los recuperadores como trabajo y también como actor perteneciente a la cadena de gestión de los residuos, incorporando al sector como sujeto pasivo de intervención, a través del establecimiento de puestos formales de trabajo como medida estrictamente social

Por esto, a mi entender, en el marco del pleno reconocimiento y ampliación de participación e inclusión de recuperadores en un escenario de mediano plazo, parece imprescindible rescatar el caso de Buenos Aires e incentivar sistemas en los cuales colectivos de recuperadores brinden directamente los servicios de recolección diferenciada a combinar con la clasificación y el (potencial) agregado de valor a los materiales antes de la venta (lo cual requiere necesariamente inversiones en maquinaria y  equipamiento).

Es decir que para el caso de Montevideo, donde sólo una pequeña parte de la ciudad cuenta con la recolección selectiva en contenedores separados (que desde luego es totalmente ineficiente), habría que implementar la recolección por parte de los clasificadores, articulando con las plantas existentes y nuevos espacios de acopios por fracción de materiales.

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