Puebla, 1979: contexto latinoamericano a 40 años de la III Conferencia del Episcopado Latinoamericano

Por Pablo Guerra

Llegada de Juan Pablo II al centro de Puebla

Cuando aún no se acallan las celebraciones por los 50 años de Medellín (1968 – 2018), Conferencia a la que hemos considerado el principal hito en la identidad eclesial latinoamericana, este 2019 es propicio para recordar los 40 años de la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, inaugurada en Puebla (México) el 28 de enero de 1979 con un discurso del por entonces novel Papa Juan Pablo II, que pasará a la historia entre otras cosas por un pasaje sobresaliente, aquel donde se referirá a la hipoteca social que grava a toda propiedad privada (III.4).

El Documento está organizado en 4 partes. La primera se titula “Visión Pastoral de la realidad latinoamericana” y comprende a su interior cuatro capítulos donde se analiza el contexto regional. La segunda se titula “Designio de Dios sobre la realidad de América Latina” que comprende dos capítulos sobre la evangelización. La tercera parte lleva por título “La evangelización en la Iglesia de América Latina.Comunión y participación” con otros 4 capítulos centrados en la comunión con énfasis en el papel de las familias y las CEBs. Finaliza con una cuarta parte titulada “Iglesia misionera al servicio de la evangelización en América Latina” donde enfatiza la opción preferencial por los pobres y la opción preferencial por los jóvenes.

Aloisio Lorscheider, (+2007)

Mucho se puede decir del contexto sociohistórico latinoamericano del momento. A nivel eclesial, por ejemplo, es evidente que en Puebla asomaban las posiciones que buscaban continuidad con la línea de Medellín por un lado, y aquellas que impulsaban una mirada más conservadora sobre la misión e identidad de la Iglesia. Los documentos preparatorios y la inclusión o no de determinados invitados a la Conferencia, alimentaban ciertas sospechas sobre el perfil de las discusiones. Nótese cómo el discurso inaugural de Juan Pablo II no esconde esta situación e invita a construir sobre la base de Medellín aunque mencionando explícitamente ciertas incorrectas interpretaciones: “En estos diez años, cuánto camino ha hecho la humanidad, y con la humanidad y a su servicio, cuánto camino ha hecho la Iglesia. Esta III Conferencia no puede desconocer esta realidad. Deberá, pues, tomar como punto de partida las conclusiones de Medellín, con todo lo que tienen de positivo, pero sin ignorar las incorrectas interpretaciones a veces hechas y que exigen sereno discernimiento, oportuna crítica y claras tomas de posición”. Luego, haría referencia a la incorrecta distinción entre una Iglesia alienante y otra popular o sobre los vínculos entre el Reino de Dios y la Iglesia (ver 1.8) o mencionaría la importancia de la liberación aunque evitando “reduccionismos” (III.6) para mencionar alguno de los tópicos que representaban cierto estado de discusión a nivel teológico y/o pastoral en el momento.

Aún así, el resultado es un Documento en sintonía con Medellín incluso más categórico en el apoyo a las CEBs y respecto a la opción preferencial por los pobres (a lo que se suma la opción por los jóvenes, como habíamos mencionado antes).  Sin duda que la presencia protagónica del Card. Aloisio Lorscheider como Presidente del CELAM de la época contribuyó a un enfoque al mismo tiempo comprometido con la realidad de la época y profético.

Desde un punto de vista más amplio, el continente latinoamericano por estos años vivía uno de sus peores momentos respecto a la vigencia de la institucionalidad democrática. La mayoría de los países de la región contaba con regímenes autoritarios y dictaduras criminales. El Cono Sur es un ejemplo, con sendas dictaduras militares en Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay. Uno de los aspectos más sintomáticos de Puebla en este sentido, es la condena a la (mal) llamada “Doctrina de la Seguridad Nacional” justificada incluso para el sostenimiento de los “valores occidentales y cristianos”. En su capítulo sobre la violencia política, el Documento Final le condena enfáticamente (547c), en un pasaje que ciertamente no debe haber gustado mucho a los gobiernos del momento.

Desde el punto de vista del desarrollo económico, los años 70s en la región fueron caracterizados por cierto estancamiento económico en relación a la década pasada. La mayoría de nuestros países conservaba una economía productora de materias primas con escaso valor agregado y altamente dependiente de los países centrales. El desarrollo industrial a pesar de la estrategia sustitutiva de importaciones de décadas atrás, era apenas del entorno del 20% del PBI con notorias diferencias entre países como Bolivia (10%) y Brasil (25%). La agricultura aseguraba la mitad de los empleos latinoamericanos, aunque la mayoría bajo niveles de pobreza.   Sin embargo, el peor escenario vendría de la mano de los equipos económicos neoliberales que comenzaron a actuar sobre fines de los años 70s. con los aún recurrentes “ajustes macroeconómicos” impulsados por organismos multilaterales como el FMI y BM. Los problemas con la balanza de pagos y el déficit fiscal fueron caldo de cultivo para la crisis de la deuda externa que comenzaría a hacer estragos a partir de 1980. Ese contexto, como se dijo, contó con la presencia de sendos economistas de raíz liberal como Vegh Villegas en Uruguay o Martínez de Hoz en Argentina. En Chile, mientras tanto, Hernán Büchi comenzaría como asesor en el Ministerio de Economía en el mismísimo 1979.

La Iglesia latinoamericana, siguiendo a Medellín, se aparta de este modelo liberal tanto como del modelo colectivista marxista (313, 418, 542 y ss) entonces más protagónico que en estos tiempos. Al modelo liberal incluso lo tilda de “ateísmo práctico” por la ausencia de trascendencia que depara el fetichismo cuando se pone al lucro por encima de las necesidades humanas. Más gráfica es la sentencia del capítulo sobre la realidad económica, donde se señala que “la economía de mercado libre, en su expresión más rígida, aún vigente como sistema en nuestro continente y legitimada por ciertas ideologías liberales, ha acrecentado la distancia entre ricos y pobres por anteponer el capital al trabajo, lo económico a lo social” (47).

Una mirada 40 años después nos invita a reflexionar sobre similitudes y diferencias en el contexto socioeconómico de nuestros pueblos latinoamericanos. No cabe duda que en las antesalas de la 4ta Revolución Industrial, con el despegue de las economías de los servicios y con la expansión del mundo globalizado nuestra región latinoamericana ha cambiado notoriamente, tendencia que también es visible en el panorama de la religiosidad.

Como es sabido, el cambio de siglo dio cabida a gobiernos progresistas que impulsaron modelos socioeconómicos con un enfoque hacia la equidad. El resultado es que sobre todo en los primeros 14 años de este milenio la pobreza se ha reducido en la mayoría de los países latinoamericanos. El “boom de las commodities”  sin duda contribuyó junto a otros factores, a apalancar un ciclo positivo del crecimiento que permitió mayores inversiones sociales y de gasto público. La crisis financiera y económica de 2007 – 2008 que sobre todo impactó en los países centrales, tuvo diferentes reacciones en los países de la región, desde aquellos como Uruguay que se mostraron más sólidos para continuar con crecimiento económico sostenido hasta otros que desnudaron mayores fragilidades, caso de México y demás países dependientes del envío de remesas. Lamentablemente a partir de 2015 la pobreza vuelve a aumentar, lo que muestra por un lado la fragilidad de los procesos impulsados y por otro lado, el impacto de algunos ajustes estructurales que volvieron a operar en países como Argentina y Brasil.

Es claro que la estructura financiera y económica de la región no es comparable con la de 40 años atrás. Aún así, la heterogeneidad es visible: algunos países como Chile han logrado un mayor acceso a nuevos mercados, otros han preferido pactos subregionales que no han logrado despegar (caso del MERCOSUR), algunos restantes siguen teniendo grandes dificultades para abrirse al mundo. Respecto a la estrategia de diversificación productiva, claramente ha sido desarrollada por muchos de nuestros países que se han vuelto exportadores por ejemplo de servicios o tecnología de punta. Otros como Venezuela han mostrado serias dificultades para evitar la dependencia con el petróleo y sus vaivenes en el mercado internacional.

No cabe duda sin embargo, que nuestros países siguen muy atados a lo que se conoce como las “ventajas comparativas” que en el caso de la región están muy emparentadas a la explotación de los recursos naturales, lo que pone en el eje del debate la sostenibilidad de estos modelos, un aspecto que el Documento de Puebla apenas esbozaba (la palabra “ecología” es mencionada solo en una ocasión, en tanto no aparece lógicamente ninguna referencia a la “sustentabilidad” término que comenzaría a utilizarse años después).

A la par que operaron cambios en las estructuras materiales de nuestras economías, se fueron transformando nuestros mercados de trabajo. Respecto a 4 décadas atrás hoy tenemos una mayor tasa de actividad femenina y un mayor peso del sector de los servicios en detrimento del sector primario en algunos casos, o del secundario en otros. Fenómenos como el desempleo o la precarización del empleo continúan estremeciendo a millones de latinoamericanos y amenazan a muchos más en el futuro próximo, sobre todo a aquellos de menores niveles de calificación que probablemente sean sustituidos por la próxima oleada de automatización y robotización.

Venezolanos: caminando hacia Colombia

Respecto a la calidad de vida democrática, el vaivén es permanente. Hoy estamos lejos de los regímenes dictatoriales que sobre fines de los 70s continuaban torturando, matando y silenciando a los críticos. Pero desconcierta que aún sigan habiendo masacres como las de Ayotzinapa o las provocadas recientemente por el gobierno de Nicaragua contra las movilizaciones estudiantiles. Ciertamente que hay casos actuales muy dolorosos que hablan a las claras de las debilidades que aún conservamos en América Latina en materia de convivencia democrática. La situación hoy en Venezuela, merece una reflexión sobre la necesidad de contar con Estados de Derecho que garanticen el pluralismo, la separación de poderes y por sobre todas las cosas la vigencia plena de todos los derechos humanos. Pero también merece similar reflexión y condena la plena vigencia del imperialismo norteamericano dispuesto a seguir comportándose como el gendarme de América Latina toda vez que vea amenazados sus intereses. Casos como Brasil, Perú o Argentina, por su lado, muestran la importancia que hay que asignarle a la transparencia de la gestión política a los efectos de evitar el desgaste democrático que acarrea la corrupción. La Conferencia de Puebla tuvo lugar bajo el período de la Guerra Fría. Diez años después caía el Muro de Berlín. Hoy la realidad ya no es bipolar y los grandes metarelatos ya no existen. Otros aspectos más ligados a lo que Huntington llamó el “choque de las civilizaciones” dominan el panorama del mundo por sobre la cuestión del mercado vs economía centralmente planificada, más propia de los 60s. En todo caso, en lo estrictamente económico, es el campo financiero el que exige mayor detenimiento desde el punto de vista de la alta volatilidad de estos mercados y sus durísimas consecuencias en el plano social.

En otros planos, nuestras culturas respiran los efectos de la globalización, una voz que no aparece en el Documento de Puebla y que hoy se vuelve de fundamental importancia para explicar ciertos comportamientos propios de esta modernidad tardía. Asoma como especialmente esperanzador que las nuevas generaciones se muestran más preocupadas por temáticas como el medio ambiente, la diversidad cultural y comportamental y su correspondiente tolerancia, las mayores libertades o estilos de vida más saludables. Nuevos movimientos como los vinculados al feminismo, a la equidad de género, el movimiento ambientalista, las nuevas agendas de derechos o la defensa por los bienes comunes son un indicador interesante de diferentes intereses que cobran protagonismo en los tiempos actuales. Por contrapartida, el consumismo adquiere hoy en día características que apenas se esbozaban 40 años atrás y las fragmentaciones familiares adquirieron en estas últimas décadas niveles impensados años atrás, con importantes impactos en otras esferas del comportamiento social. Nuevas adicciones en un contexto más permisivo también generan dolor y hechos de violencia cotidiana que comienzan en el ambiente doméstico y se proyectan al barrio, a las instituciones educativas o al conjunto de la sociedad. Vivimos como nunca antes en una sociedad atiborrada de mercancías para saciar nuestros deseos pero con cada vez más dependencia en fármacos o tratamientos de distinto tipo para intentar encontrar un rumbo.  También vivimos en sociedades cada vez más segmentadas, fenómenos que como cantan Larbanois y Carrero en su Santa Marta, nos hacen creer que progresamos aunque nos dejan grandes vacíos existenciales.

 

Puebla es entonces una marca registrada en la historia de la Iglesia Latinoamericana. Un texto que nos deja aún hoy en día muchas pistas sobre la misión de nuestra Iglesia. Es cierto, muchas cosas han cambiado. Pero otras permanecen muy actuales en su esencia, lo que vuelve muy oportuna su relectura y análisis.

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