(cultura) Poética de Dietrich Bonhoeffer

Seguimiento y resistencia en tiempos de totalitarismos



“¿Quién soy? Las preguntas solitarias se burlan de mí. Sea quien sea, Tú me conoces, tuyo soy, ¡oh, Dios!” Así se preguntaba el teólogo Dietrich Bonhoeffer mientras estaba preso bajo el régimen nazi. Un interrogante que cobra mucho más sentido si conocemos las condiciones en que se encontraba el autor en el momento de escribir esta estrofa y cuya fuerza expresiva se potencia por el martirio que sobrevino después.
Para los redactores de Umbrales, la teología y la mística del pastor protestante es un faro en el camino del seguimiento de Cristo.

Fue una de las principales figuras de la resistencia alemana al régimen del Tercer Reich. Nació en 1906 en Breslau. Era el sexto hijo de Karl y Paula Bonhoeffer. Su padre fue un conocido profesor de psiquiatría y neurología; su madre, una de las pocas mujeres de la época con título universitario. Estudió teología en Tübingen, Berlín, y en el Seminario de la Unión Teológica en Nueva York. También participó en el movimiento ecuménico europeo. Luego de tres años de estudio en la Universidad de Berlín (1924-1927) escribió su disertación, Sanctorum Communio, y obtuvo su doctorado con honores. Acto y Ser fue el nombre de su tesis aprobada en julio de 1930, la cual le permitió dar clases en la universidad de la capital de Alemania. A los 25 años ya era pastor luterano y en 1933 ayudó a organizar la Liga de Emergencia de los Pastores. Luego asumió como pastor en la Iglesia Evangélica Alemana (la mayor iglesia protestante del país) y en la Iglesia Reformista de San Pablo en Londres.

Denuncia y anuncio
Desde antes de que Hitler llegara al poder, Bonhoeffer llamaba a la reflexión sobre la amenaza de los nazis en transmisiones radiales en las que advertía que el culto a la personalidad de un líder político es una forma de idolatría y que los que exigen ese tributo eran unos embaucadores. El impacto de sus mensajes por radio tiene el corolario esperado: le bajan bruscamente el programa por miedo a las represalias. Pero sin descansar en su misión de denunciar y anunciar, Bonhoeffer participa en Berlín en un ciclo de conferencias de pastores luteranos, incitando a la resistencia intelectual contra la recién nacida dictadura. Participa en la creación de la Iglesia Confesante, con Martin Niemöller, Karl Barth y Gustav Heinemann. Urgía pronunciarse contra las “doctrinas falsas” cuya pretensión era usurpar el lugar de Dios, incumpliendo la obligación de promover la paz, la justicia y el bienestar. En 1935 Bonhoeffer viaja a Londres con el propósito de movilizar contra los nazis a las iglesias reformadas. Vuelve a Alemania ese mismo año para formar a los nuevos pastores de la Iglesia Confesante en un seminario clandestino ubicado en Finkenwalde (Pomerania). El sitio fue descubierto y rápidamente clausurado. Inmediatamente se le prohíbe a Bonhoeffer enseñar, predicar y hablar en público. En 1939 acepta la invitación de dictar unos cursos en Estados Unidos. Pero lejos de aprovechar la posibilidad de escapar definitivamente al hostigamiento de los nazis, regresa a Alemania en uno de los últimos barcos que cruzan el Atlántico antes del comienzo de la guerra. No ignora los riesgos, y aún así, desea afrontar “la prueba” de sufrir junto a sus compatriotas. Se relaciona con los escasos núcleos de resistencia para enfrentar lo graves problemas emergentes. Pero pronto comenzó a padecer la persecución. Le prohibieron vivir en Berlín en 1938, hablar en público en 1940 y publicar sus escritos en 1941, hasta que en 1943 fue encarcelado, muriendo asesinado por el régimen en 1945.

Combatir la injusticia política
La Iglesia Confesional sostenía que el cristianismo era incompatible con el nacional-socialismo y sus doctrinas raciales. Bonhoeffer no sólo insistió en la libertad de predicar el Evangelio; también estaba listo para arriesgar su vida como un cristiano que se resistía a Hitler ayudando a su vez a que los judíos pudieran escapar. Porque para Bonhoeffer, “una iglesia es una iglesia cuando existe para aquellos que no pertenecen a ella”. Para él, la fraternidad es el único camino que se basa en el auténtico reconocimiento de la dignidad humana. Una praxis fraterna no puede aceptar la exclusión, la negación del otro y la opresión de las libertades personales. El 5 de abril de 1943 es detenido y confinado en la prisión de Tegel, acusado de alta traición. Tras el fallido atentado del 20 de julio de 1944 se descubren papeles que lo relacionan con los conspiradores. Es deportado a Buchenwald y, más tarde, a Flossenburg, donde es ahorcado con cuerdas de piano para martirizarlo aún más. Sus restos son incinerados en ese mismo campo de concentración. Tenía 39 años y lo ejecutaron a muy pocos días de que terminara la guerra.

Teólogo, místico, mártir

“Benditos los perseguidos”

Reina en mí la oscuridad, pero en Ti está la luz; estoy solo, pero Tú no me abandonas; estoy desalentado, pero en Ti está la ayuda; estoy intranquilo, pero en Ti está la paz; la amargura me domina, pero en Ti está la paciencia: no comprendo tus caminos, pero tú conoces [el] camino recto para mí.” Así reza Bonhoeffer durante dos años encerrado en una diminuta celda de dos por tres metros, entre la esperanza y el miedo a la muerte, sin saber cuál va a ser su destino. Desde la cárcel escribirá una serie de cartas a su familia y a un amigo, que serán sacadas de contrabando de su celda. En ellas habla con el mundo y sobre todo habla con Dios. Sus textos personales son un bello y conmovedor tratado de lúcida esperanza, a pesar de encontrarse sin suelo bajo los pies. Comentaba a su amigo: “Como ves, no abandono la esperanza. ¡Tampoco tú lo hagas!”. Desde la cárcel reivindica una fe que no huye del mundo, se agarra a él con todas las consecuencias. La barbarie de la Segunda Guerra Mundial condujo a muchos pensadores a silenciar y a perder la esperanza, en cambio, a otros como Bonhoeffer los lleva  a “esperar a pesar de todo”. A propósito de esta forma de darle sentido a la vida, el teólogo dirá en su última época: “El Dios que nos hace vivir en el mundo sin la hipótesis de trabajo Dios, es el Dios ante el cual estamos permanentemente. Ante Dios y con Dios vivimos sin Dios”.  Su concepción sobre la humanidad de Jesús es contundente: “Jesús, hombre para los demás”. La vivencia religiosa no es el culto a lo infinito, sino la comunión con lo finito, con el semejante, particularmente cuando se halla en situación de penuria o persecución. Su lírica orante refleja este sentir en la belleza de sus estrofas: “Señor mío Jesucristo, Tú fuiste pobre y desvalido, cautivo y abandonado como yo. Tú conoces todas las penalidades de los hombres, Tú sigues estando a mi lado cuando nadie me apoya, Tú no me olvidas sino que me buscas, Tú quieres que yo Te conozca y me convierta a Ti. ¡Señor, escucho tu llamamiento y te sigo! ¡Ayúdame!”

Creer es decidirse y confiar
Para Bonhoeffer la teología es un proyecto de vida, no una actividad académica. Los textos que escribió durante sus últimos dos años de vida fueron publicados   póstumamente por su alumno y amigo Eberhard Bethge con el nombre de Cartas y Escritos desde la Prisión. La correspondencia con su prometida, Maria von Wedemeyer, se publicarán con el título Cartas de Amor desde la Celda 92. El precio de la gracia, el seguimiento en la obediencia sencilla y lo extraordinario en la vida cristiana serán los tópicos fundamentales que Bonhoeffer tratará a lo largo de toda su obra. En particular, para el teólogo la gracia debe ser cara y no malgastarse. Es el tesoro oculto en el campo por el que el hombre vende todo lo que tiene; es la perla preciosa por la que el mercader entrega todos sus bienes; es el reino de Cristo por el que el hombre se arranca el ojo que le escandaliza; es la llamada de Jesús que hace que el discípulo abandone sus redes y le siga. La gracia cara es el evangelio que siempre se debe buscar, es el don que se debe pedir, es la puerta a la que se debe llamar. Es cara porque le cuesta al hombre la vida, es gracia porque le regala la vida; es cara porque condena el pecado, es gracia porque justifica al pecador. Sobre todo, la gracia es cara porque ha costado cara a Dios, porque le ha costado la vida de su Hijo y porque lo que ha costado caro a Dios no puede resultarnos barato a nosotros.

Sin dudas que la Gracia de Dios se derramó sobre este hombre que supo valorarla en su máximo y pleno sentido al decidir voluntariamente acompañar a Jesús en el Huerto de Getsemaní abrevando de su mismo cáliz.

 

Oración en momentos de especial apuro

¡Señor Dios! Una gran miseria ha venido sobre mí.
Mis preocupaciones quieren ahogarme.
Ya  no sé qué hacer.
¡Dios mío, sé misericordioso y ayúdame!
¡Dame fuerza para soportar lo que me envías!
¡No permitas que el temor me domine!
¡Cuida paternalmente de los míos,
especialmente de mi esposa y de mis hijos!
¡Protégelos con tu poderosa mano
de todo mal y de todo peligro!
¡Oh Dios misericordioso,
perdona todo cuanto he pecado contra Ti
y contra los hombres!
Confío en tu gracia
y pongo mi vida entera en tus manos.
Haz conmigo lo que te parezca bien
y lo que sea bueno para mí.
Tanto si vivo como si muero,
estoy contigo y Tú estás conmigo, ¡Dios mío!
¡Señor, aguardo tu salvación y tu reino.

Amén

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