VATICANO: EL CASO PELL

Pell: “La misma idea del abuso sexual me parece aberrante”

Un jurado australiano ha declarado al cardenal George Pell culpable de abusos sexuales de menores en la década del noventa. Hay dos juicios contra él, uno por presuntos delitos sexuales en la catedral de Melbourne y el otro por abusos en Ballarat. Pell está libre bajo fianza. El resultado definitivo del primer juicio y la sentencia se obtendrán posiblemente en la mitad del próximo mes de febrero.

Escribe Julio Algarañaz en Clarín del 13 de diciembre: “La condena del cardenal afecta el prestigio del Papa Francisco porque cometió un grave error al nombrarlo en uno de los cargos más importantes del Vaticano, pese a que conocía sus antecedentes”. En realidad Francisco exigió al cardenal viajar a Australia ya hace 18 meses para que pudiera defenderse de la justicia australiana y este nunca volvió a Roma. Para respetar la presunción de inocencia, a pesar de las acusaciones, el Papa tampoco quiso sustituirlo al frente de la economía en la curia vaticana y nombrar un nuevo responsable. El Papa decidió prescindir del cardenal Pell y de otros dos en el Consejo de Cardenales en octubre pasado, antes del veredicto de Melbourne. Además de Pell, tuvieron que dejar el cargo el chileno Francisco Errázuriz y el congoleño Laurent Monsengwo, los tres por límites de edad. Francisco no ha cesado a Pell de su cargo de Prefecto de la Secretaría de Economía (aunque de hecho este lo haya dejado desde junio de 2017) siguiendo lo que dicta el derecho penal moderno: “In dubio, pro reo” (=ante el dubio, hay que estar a favor del reo). Toda persona es considerada inocente hasta que se le pruebe su culpabilidad (Pell siempre se declaró inocente). Ya el 31 de julio de 2016 en su viaje de regreso a Roma desde Polonia, Francisco había dicho: “No se debe juzgar antes que la Justicia juzgue; por eso un juicio a favor o en contra del cardenal Pell no sería bueno. Seguramente queda la duda. Pero existe un principio claro del derecho que hay que respetar”. A favor del Papa, puede decirse que no lo ha amparado en ningún momento y que desde ahora ninguno, aún siendo cardenal de alto rango, podrá prescindir de la justicia penal. Por lo pronto el cardenal no puede celebrar públicamente y el Papa espera el final del proceso.  Frente a las dificultades del momento Francisco busca conservar una debida distancia de los escándalos hasta que se realice la esperada cumbre anti-abusos de febrero en el Vaticano. No se ve por lo tanto cómo estos hechos hayan podido afectar el prestigio del Papa; por el contrario manifiestan su decisión de “tolerancia cero” aún con los más encumbrados personajes de la Iglesia.

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