(MÉXICO): LÓPEZ OBRADOR Y LA IGLESIA

El nuevo presidente Andrés López Obrador se propone enfrentar la violencia criminal, la corrupción generalizada, la pobreza y el tema inmigrantes. AMLO (es su acrónimo) ha sido gobernador de la Ciudad de México, ganó con amplio margen las elecciones y propugna un “socialismo humanitario”. Desde un comienzo buscó la alianza con la Iglesia y ya ha invitado al papa Francisco a visitar al país. La Iglesia colabora en el plan de pacificación y reconciliación nacional. Los 150 obispos se han esmerado por una buena acogida en todas las parroquias de los migrantes centroamericanos. Hay muchos sacerdotes que se juegan por los derechos humanos. De 2006 a 2012 han sido asesinados 25 sacerdotes. En los últimos cinco años cada dos meses caía un religioso (10 curas, 5 laicos, 1 seminarista, 2 desaparecidos). “Son personas incómodas porque denuncian el crimen organizado, a los políticos, ayudan a los inmigrantes y están del lado del pueblo”, dijo Omar Sotelo del Centro Católico Multimedial. El p. Alejandro Solalinde es uno de ellos y ha escrito un libro: “Los narcos me quieren matar”; efectivamente los narcos están dispuestos a pagar por su cabeza un millón de dólares. Candidato al Nóbel de la Paz, el p. Alejandro es el fundador de uno de los albergues más famosos para migrantes (“Hermanos en el camino”) y le fue ofrecido por López Obrador el cargo al frente de la Comisión de Derechos Humanos. Solalinde rehusó el cargo porque “soy sacerdote misionero y prefiero ser libre”, pero propuso a una digna luchadora para ese cargo. También entró en diálogo con los zapatistas para que apoyen el nuevo proceso, pero “son muy ideologizados y quieren todo o nada. El zapatismo es muy dogmático y se ha aislado. López Obrador no es un hombre exaltado ni tiene ánimo vengativo; si alguien ha sido golpeado hace años es él, pero él nunca ha querido guerra”. Sobre el tema de los migrantes: “No hay que presentarlo como problema. No existen seres humanos “ilegales” y los migrantes son un gran recurso (la mayoría son jóvenes). Hay que proteger a los jóvenes y atacar las finanzas de los narcos en vez de hacer guerras sangrientas. En México el narcotráfico transforma a los jóvenes en esclavos de un negocio que acumula 50 millones de dólares por año y que ve desaparecer cada año a 20 mil indocumentados. El dinero ha tomado el lugar de Dios y ahora también el hombre es usado como instrumento de ganancia”.

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