(entrevista) Jugándose por el otro, CASA SAN MARTÍN DE PORRES

Hospitalidad y servicio

En Montevideo, ubicada sobre Avenida Rivera, entre Cassinoni y Acevedo Díaz, se encuentra la “Casa San Martín de Porres” una casa más como tantas que hay en el barrio del Cordón, pero con la vivencia de un compromiso concreto con la mujer…  allí nos esperaba María Inés Fierro (de Lasida), conocida por todos como “Pocha”, una preciosa mujer de 90 y tantos años, muy comprometida con la Obra, y conversamos:

Pocha , ¿cuál es la finalidad y qué servicio concreto presta la Casa San Martín ?

Dar acogida a las mujeres que vienen del interior del país y que están en tratamiento oncológico en el Hospital de la Mujer dentro del Pereira Rossell, también alguna madre con hijos en tratamiento similar, vienen autorizadas o derivadas por el mismo Hospital. Acá tienen un hogar donde estar mientras dura el tratamiento, así sean días, semanas o incluso meses, disponemos de dormitorios, se les brinda comida, espacio para aseo, etc.. también a algunas las orientamos para moverse por trámites y demás, pues al ser del interior generalmente no conocen la Capital.
Tenemos 3 empleadas permanentes, con turnos de 8hs cada una, que se ocupan del buen funcionamiento y se encargan de todos los detalles que implican mantener una casa. La mayoría de las huéspedes han visto y ven a la Obra como “la casa” donde se fomenta la vivencia de un verdadero clima de familia, que acompañe y haga más llevadero todo, mientras se transita por el tratamiento médico necesario.  En algunos casos, San Martín ha sido también la última casa hogar en la que han estado, antes de ser ingresadas al Hospital, donde fallecieron dada lo avanzada que estaba la enfermedad …

¿Tienen momentos concretos para compartir la fe?

Cuando llegan las mujeres no se les pregunta qué fe o religión tienen (de hecho vienen de las más diversas) o si son ateas…  Generalmente una vez por semana tratamos de tener un encuentro para reflexionar y orar juntas, casi siempre tomamos un texto como disparador que movilice al compartir, un Salmo, o algo de Menapace o de Vallés, que nos hablen sobre la amistad, la felicidad, el abrazo… es una buena oportunidad también para dialogar sobre un problema, alguna dificultad. Trabajamos mucho con los signos, éstos abren camino hacia horizontes nuevos, donde a veces no son tan necesarias las palabras… sino mirar y tomarnos de las manos…  Tratamos de vivir los tiempos litúrgicos y que estos vayan acompañando los distintos momentos personales que ellas estén atravesando, ¡así muchas también “se reencontraron” con su fe!  Damos también una palabra, un mensaje sobre la cercanía de Dios, de la Virgen como Madre en sus vidas. Para esta actividad, entre otras, hay un grupo de voluntarias que acompañan con lo mejor de sí mismas: Betty, Raquel Payssé y Raquel Valanzano, y yo, que voy atrás de ellas.

La Casa comenzó a funcionar en 2001, sabiendo el riesgo de que cuando nombramos a unos olvidamos a otros, en estos 17 años de historia, de entrega, ¿qué nombres te vienen ahora a la mente ?

Sí, quien fuera párroco en aquel momento de la fundación, Fray Lucas O.P,  pues la Casa es Obra de nuestra Parroquia Ntra Señora del Rosario y Sto Domingo; el Diácono permanente Ricardo Fraga, con un gran compromiso y ayudas oportunas (ambos ya no están entre nosotros, fueron gente muy valiosa). Nery Rossi, Ester…  Seguramente nos olvidamos de unos cuantos, ¡que ellos sean solo pequeña muestra del mucho trabajo realizado!

San Martín de Porres

En lo personal, como mujer cristiana, ¿qué te aportó y qué te aporta hoy tu cercanía con la Casa?

La Casa en mi vida es un antes y un después, me enriqueció como persona, me amplió la mirada, me ayudó a ver situaciones que desconocía, estaba “en mi ambiente” y esto me hizo confrontar con realidades de vida que te cuestionan. Aprendí a jugarme por esto, aunque no siempre es fácil, no todos entienden.  Descubrí más a fondo el valor de la mujer, de la madre, la abuela, que lo da todo por los suyos, muchas veces postergándose a si misma.  Soy Dominica de alma, siento y me interpela el sentido de la compasión, me cuesta pensar que en algún momento tuviese que dejar de venir, ¡no quiero dejar!

Muchas gracias.

Queridos amigos de Umbrales, creo que estas últimas palabras de nuestro encuentro con Pocha lo dicen todo, que a amar se aprende cada día, que el Amor verdadero nos lleva a vivir la Fraternidad con el último, el mas vulnerable, el menos favorecido, y que los años son riqueza que “se parten y se reparten”… Adelante siempre Casa San Martín, pronta a cumplir, en 2019 “la mayoría de edad”,  ¡muchas gracias por tu testimonio querida Pocha!

                            Jorge Márquez

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