Misterios de la Biblia: ¿qué impidió que la Iglesia de Jesús muriera casi al nacer?

El Concilio de Jerusalén

 

Estamos acostumbrados a explicaciones ideologizadas e idílicas sobre la Iglesia primitiva y los discursos sobre la santidad de los primeros cristianos.

Es cierto que los primeros cristianos son referencia para nosotros. No en vano, llamamos a los primeros escritos de esas comunidades “Palabra de Dios” y leemos las cartas de los apóstoles, el libro de los Hechos, y los santos Evangelios, que provienen de esas primitivas comunidades cristianas, y vemos en esos textos inspiración más que válida para desarrollar la vida cristiana. Pero si abandonamos la lectura idílica e ideologizada de estos escritos nos vamos a dar cuenta de que en ellas había problemas como hay en nuestras comunidades.

Había celos, envidias, gente que intentaba como lo hacen hoy de “Hacer carrera eclesiástica” y conseguir puestos de poder sobre sus hermanos;  igual que hoy ¿no? (Mt 20,27) El mismo Pablo lo expresa claramente. En sus cartas Pablo no sólo elogia a las comunidades que viven su fe en forma ejemplar, también recrimina y condena abusos que se producen en ellas, y deja al descubierto escándalos (1Cor 1,10-16).

Sin embargo hubo un problema en las primeras etapas de la predicación apostólica, un problema de convivencia, pero también de desacuerdo teológico y pastoral.

Este problema casi termina por destruir a las nacientes comunidades formadas con tanto esfuerzo por los apóstoles y sus colaboradores misioneros.

 

¿Ser cristiano o ser judío y luego cristiano?

Jesús nunca dejó de ser judío, y nunca dejó de celebrar las fiestas de Israel; y si bien fue muy duro con los abusos que ocurrían en el Templo, siempre concurrió a él, y a las sinagogas, en las cuales como era costumbre se le daba un espacio para que comentara la Palabra de Dios (el Antiguo Testamento) y predicara (Lc 4,16-21; Mc 11,15-17).

El problema fue que terminó condenado por blasfemia y crucificado. Las dos cosas que estuvieron a punto de destruir el grupo que él había formado.

No se concebía que el Mesías pudiera morir como murió, dado que la muerte en Cruz en el Antiguo Testamento era considerada de las peores maldiciones. (Deut 21,22-23) Y por otro lado Jesús fue muy crítico con la forma en la cual se desarrollaba el culto a Dios. (Mt Cap. 23)

Por el contrario, volvió a la fe religiosa original del Pueblo de Israel, y a la pureza con la que los profetas querían que se celebrara la misma.

Si no hubiera sido por su resurrección y por el testimonio admirable y entusiasta de los apóstoles y la comunidad naciente, testiga de la Muerte y Resurrección del Maestro, el grupo de los seguidores de Jesús de Nazareth se habría, sin lugar a dudas, destruído.

Si, por supuesto, hubo un vuelco, y muchos judíos de Jerusalén y Galilea se convirtieron, pero en el ámbito judío.

Cornelio se convierte al cristianismo

Pero el problema (que no era menor), era qué hacer con los conversos que no eran israelitas y que no seguían las costumbres judías. Ese fue el caso de Cornelio, el centurión. Pedro, quien le terminó bautizando, tuvo muchas dudas de qué hacer.

¿Debía pedirle a él y a su familia, que habían recibido un mensaje directo de Dios de buscar a Pedro y aceptar a Jesús en su vida, que se circuncidaran y adoptaran las costumbres judías?

Pedro, asistido por el Espíritu Santo decidió que no. (Hech Cap. 10)

Eso le creó problemas en la comunidad naciente, y aunque Pedro sorteó las dificultades, en parte debido a su prestigio personal, y siendo como era el elegido por el Señor para comandar la Iglesia, las situaciones similares a la de Cornelio se presentaron después. (Hech. 11,1-18)

Es que Cornelio era “temeroso de Dios”; así llamaban los judíos a quienes de entre los otros pueblos querían creer en el Dios de Israel. Pero los judíos decían que para ser un verdadero israelita y miembro del pueblo elegido había que circuncidarse. (Hech 15,1-2)

 

La circuncisión, un grave obstáculo

La circuncisión no era aceptada como una condición por los paganos que deseaban ser judíos.

Esa fue la razón de que el judaísmo no creciera más en un Imperio como el romano, donde los viejos dioses paganos ya no inspiraban piedad alguna. Estos dioses eran demasiado humanos y cometían los mismos errores y maldades que los mortales. Ya no inspiraban devoción. Eso explicaba por qué el Dios de Israel gozaba de la simpatía de muchos romanos y griegos.

Pero la circuncisión era un problema. No sólo porque al ser adulto era más dolorosa que cuando se la hacían a los israelitas a los ocho días de nacidos. (Gen 34,24-25). También podía ser causa de burla y de marginación social: Cornelio por ejemplo, junto a su tropa realizaban ejercicios gimnásticos (y lo hacían desnudos) iban a los baños públicos que existían en las ciudades, y allí se bañaban desnudos y conversaban y relacionaban desnudos. Era lo normal. No en vano la palabra “gimnasia” proviene de la palabra griega “gymnos” que significa “desnudo”.

Es por eso que los paganos no aceptaban este rito.

Por eso Pedro, y luego mucho más claramente Pablo, no exigieron este rito como condición para ser cristianos y recibir el bautismo.

Pero había sin embargo comunidades que no aceptaban a ningún nuevo miembro si antes no se había circuncidado. Eso pasaba en Palestina y en varias comunidades del medio oriente.

Hasta Pablo tuvo que circuncidar a Timoteo su discípulo pues su madre era judía, para no despertar la ira de los judíos.  (Hech. 16,1-3)

Este grupo de cristianos se apoyaba mucho en la figura referente del apóstol Santiago, el obispo de Jerusalén, miembro de los doce apóstoles y primo hermano de Jesús. Eran todos judeocristianos, y los estudiosos de la Biblia los llaman los judaizantes.

Pero por otro lado, estaban los que eran prácticamente la mayoría, y que provenían de las comunidades fundadas por Pablo y Bernabé, de pueblos distintos a Israel, y a los que los apóstoles no les habían exigido ni la circuncisión ni seguir las costumbres alimenticias judías.

Sin embargo había comunidades como la de Antioquía de Siria, en la cual cristianos de origen judío y de origen pagano, convivían en total armonía. Fue incluso en esa ciudad donde la gente empezó a llamar “cristianos” a los seguidores de Jesús. (Hech 11,19-25)

Los enfrentamientos entre cristianos judíos y cristianos de origen pagano, se sucedían y eran en algunas comunidades motivo de divisiones y escándalos. (Gal Cap.4)

La costumbre de Pablo de no exigir la circuncisión, aumentó la animosidad contra el apóstol, que tuvo enfrentamientos y choques muy serios no sólo con los cristianos judaizantes, sino con los mismos judíos quienes lo acusaron de blasfemia,  y si no hubiera sido por los romanos que intervinieron para poner orden, le hubieran linchado en más de una oportunidad. (Hech 18,12-19/ Hech Cap. 23)

 

El Concilio de Jerusalén

En el capítulo 15 del libro de los Hechos se cuenta la historia y las discusiones que tuvieron lugar en el primer Concilio de la Iglesia. Aunque en este momento no se le llamó así. Incluso algunos historiadores le niegan a la Asamblea de Jerusalén la categoría de Concilio, planteando que Nicea, realizado en el año 325  fue en realidad el primer Concilio celebrado por la Iglesia.

¿Pero qué es un Concilio?   Los Concilios son una reunión del Papa o uno de sus delegados, (*)con los demás obispos del mundo, o al menos de una región de la Iglesia.

Si concurren todos los obispos, el Concilio es llamado ecuménico, palabra que deriva del griego “ecumene” que significa “totalidad del mundo”.

Los Concilios se convocan en general para solucionar un problema que amenaza la unidad de la Iglesia, para por ejemplo definir una enseñanza acerca del Evangelio y el mensaje de Jesús, o para tomar resoluciones sobre prácticas pastorales a realizar ante los problemas que ocurren en la sociedad y que afectan a la Iglesia o amenazan su unidad.

El último Concilio Ecuménico fue el Concilio Vaticano II, que lleva el nombre del lugar donde se celebró;  este Concilio no fue realizado para definir un dogma o corregir una incorrecta creencia difundida, sino que tuvo el objetivo de actualizar (aggiornar) la práctica  pastoral, y la forma en que la Iglesia cumplía su misión en el mundo. Este último Concilio se realizó en 1962 y 1963, y fue presidido por Juan XXIII, y a su muerte fue completado por Paulo VI.

Todas estas condiciones fueron cumplidas en este caso, por el cual la gran mayoría de los estudiosos de la Biblia creen que Jerusalén, presidido por el apóstol Pedro, fue el primer Concilio de la naciente Iglesia.

 

El clima de diálogo y las deliberaciones y conclusiones finales del Concilio.

Si bien San Lucas, el autor de los Hechos nos narra un diálogo armonioso y pacífico entre los líderes cristianos como Pablo, Pedro y Santiago, la realidad no fue tan pacífica.

Pablo nos cuenta en Gálatas, una historia un tanto diferente.

Al parecer hubo encuentros previos en Antioquía de Siria. Pedro se hizo presente en ellos y luego también Pablo y Bernabé.

Cuando Pedro llegó, dialogó con mucha apertura y sencillez con los cristianos no judíos que no habían sido circuncidados, e incluso comió con ellos aunque compartieron alimentos que los judíos no podían comer.

Pedro y Pablo, en Antioquía

Pero cuando llegaron los cristianos del grupo de Santiago, cambió su conducta, y no compartió la mesa con los cristianos de las comunidades fundadas por Pablo como lo había hecho antes. Esto le valió una reprimenda muy dura de parte de Pablo, que le reprochó ante todos los presentes su conducta ambigua y temerosa. (Gal 2,11-16) Pedro, dando un ejemplo de humildad reconoció su error ante Pablo.

Al parecer los encuentros de Antioquía terminaron de hacerle decidir sobre qué partido tomar.

Una vez en Jerusalén, defendió la posición de Pablo y exhortó a los demás a no imponer las costumbres judías a los nuevos conversos, porque habían sido una carga muy dura de llevar para los mismos israelitas, y que Jesús nos había liberado de ellas. (Hech 15,7-11). Pedro, contó entonces su propia experiencia (el bautismo de Cornelio) y le pidió a Pablo y Bernabé que contaran la excelente acogida que la Palabra de Jesús tenía entre los pueblos paganos, y cómo los pueblos gentiles se convertían, contrastando con la resistencia manifiesta que los judíos tenían ante el mensaje de Jesús.  (Hech 15, 12)

Todo auguraba que la discusión sería mucho más conflictiva, y que iba a ser difícil llegar a un acuerdo, pues el grupo judaizante no estaba tan dispuesto como Pedro a ceder terreno.

 

La intervención de Santiago

Cuando los cristianos de hoy pensamos en el Papa, pensamos en alguien que centraliza en su persona el poder de decisión y conducción pastoral y doctrinal en la Iglesia. Eso es lo que ocurre hoy, pero en aquella época (año 50 después de Cristo) no era así.

Todos reconocían la autoridad de Pedro, pero no era una autoridad absoluta, sino la de un “primus interpares” en el grupo apostólico.

Por eso todos esperaron la intervención de Santiago. Pablo era un advenedizo, y su condición de perseguidor de los cristianos antes de su conversión, jugaba en su contra. Bernabé, su amigo, aunque tenía prestigio y autoridad, no era un peso pesado como Santiago, que era uno de los doce apóstoles elegido por el mismo Jesús.

Santiago fue muy prudente. No se enfrentó a Pedro y a Pablo, los respetó. Pero eran necesarias algunas concesiones.

Por eso Santiago hizo ver que no se podía imponer a los cristianos gentiles la circuncisión, pero tampoco se podía imponer a los judeocristianos las costumbres alimenticias de los paganos.

No  hay que olvidar que en aquella época los cristianos celebraban “La fracción del pan, o “La cena del Señor”, (que era el Nombre que le daban en aquella época a la misa, o la Eucaristía) en el marco de una comida fraterna, donde los comensales traían los alimentos que se iban a compartir. Santiago dijo que si los cristianos de origen pagano querían celebrar este banquete eucarístico, deberían llevar alimentos preparados de acuerdo a las tradiciones judías. Eso se debía hacer para respetar a los demás hermanos judíos que estaban presentes.

Eso evitaría roces en las comunidades. Si a los cristianos no judíos les quedaban dudas sobre cómo preparar la comida, sólo debían asesorarse en las sinagogas de sus ciudades donde les darían instrucciones. ( Hech. 15,13-21)

Esta prudente y sabia decisión de Santiago zanjó la discusión y permitió que el Concilio llegara a buen término.

Resulta admirable la sencillez y la capacidad de diálogo y acuerdo mostrado por este apóstol que salvó la situación, y (lo más importante) salvó a la Iglesia, de terminar convirtiéndose en una secta judía de menor importancia.

Aprendemos aquí que las posiciones cerradas e intolerantes no ayudan a la Iglesia a cumplir su misión.

Si todos siguiéramos el ejemplo admirable de Santiago, la Iglesia estaría mejor de lo que está ahora.  Y sobre todo debemos aprender a escucharnos y dialogar.

Esto implica como aconseja Pablo, considerar a los otros como hermanos, y personas con nuestra misma dignidad e importancia.

El cáncer del clericalismo, (así lo llamó el Papa Francisco) nos ha impedido ser verdaderamente hermanos, no sólo de palabra sino en la práctica. Los apóstoles nunca quisieron “hacer carrera eclesiástica” sino servir con amor al Pueblo del Señor que les había sido confiado. Aprendamos de ellos. Y estaría bien que en la Curia Romana leyeran y meditaran estos pasajes de Hechos.

 

Eduardo Ojeda.

(+) La circuncisión es una operación que consiste en extirpar el prepucio, o sea la parte de piel que recubre el glande, que es la zona más sensible del pene.

(*)  Por ejemplo, en Nicea, que fue convocado a pedido del emperador Constantino, el Papa no concurrió, sino que envió a cuatro teólogos y dos obispos que le representaron.

 

Carta enviada por los apóstoles y los presbíteros que participaron del Concilio de Jerusalén.

“Los apóstoles y los hermanos presbíteros,  saludan a los hermanos no judíos, de Antioquía, Siria y Cilicia.  Nos hemos enterado que algunos de entre nosotros, los han inquietado y perturbado con sus palabras. Ellos no tenían mandato alguno de nuestra parte.

Por eso, reunidos en asamblea, hemos decidido elegir algunos hombres, y enviarlos a ustedes, junto con nuestros queridos hermanos Bernabé y Pablo, que han consagrado su vida al servicio de nuestro Señor Jesucristo. Les enviamos pues a Judas y a Silas, que les expondrán de viva voz este asunto.

Fue el parecer del Espíritu Santo y el nuestro, no imponerles a ustedes ninguna carga fuera de las indispensables, que no coman carne sacrificada a los ídolos, ni carne de animales sin desangrar, y que se abstengan de las relaciones sexuales prohibidas. Harán bien si se abstienen  de esto, dejándose guiar por el Espíritu Santo. Adios.”


(Hech. 15, 23-29)

 

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