La vida en crisis: cuando la existencia no encuentra su lugar[1]

Cuestionamientos antropológicos de la trata y el tráfico de personas

Diego Pereira Ríos[2]

 

La existencia insatisfecha
Una de las características del ser humano es su continua insatisfacción, que lo lleva a sentirse inacabado e incluso interpelado ante la inmensidad de lo nuevo que logra conocer. Pero este in señala que todo placer, alegría o meta buscada proviene de su mismo interior de su más profundo ser. Y por ello toda acción exterior -como expresión de camino de realización- de buscar satisfacer sus necesidades parte de decisiones que tocan el mismo tronco de la existencia humana. De allí que toda acción implica una decisión en la cual se juegan la mente, el corazón, el alma y el cuerpo de cada mujer y de cada hombre. Decisión de ser felices o no, de ser libres o no, de vivir o dejar de hacerlo. En la cultura individualista en la cual vivimos se comete el error de ver como el único valor la decisión sobre sí mismo. Constituye una equivocación que lleva a perder la riqueza de la comunidad, del bienestar colectivo. En este sentido el homo eligens (hombre elector) antes de elegir por todos, decide elegir por sí mismo desvinculándose de todo lazo con sus prójimos aunque aparentemente conviva con ellos. Todo se hace poco, limitado, líquido: “…la vida líquida se alimenta de la insatisfacción del yo consigo mismo…”[3]. Y si no se conjuga la necesidad personal con la comunitaria los horizontes se acotan y la existencia pierde sabor, se hace insostenible. De este vacío nacen las mayores perversiones humanas.

Existir en libertad es pertenecer a un lugar

xistir implica estar parados en el hoy pero con proyección al mañana. Ex-istir proviene del latín y significa “salir de, estar orientado hacia afuera, abierto para”[4]. Por eso existir supone vivir, pero vivir no siempre es existir. Estar vivos no es necesariamente estar existiendo. Existir es vivir en libertad. La libertad es la capacidad de vivir acorde a la existencia. Ser libre es ser dueños de las propias decisiones y llevar adelante acciones que nos construyan como personas y que colaboren en la construcción de un entorno favorable para toda creatura. Esta libertad se educa en el interior de la  persona, se experimenta, se madura y se pone en acción en actos externos, pero que tienen que ver también con la construcción de la conciencia interior de los demás.

En este sentido ser libre implica un arraigamiento al lugar que ocupamos en el mundo, y este lugar supone no solamente un espacio hipotético o espacial, sino que tiene que ver con un espacio físico concreto, el lugar donde habitamos. Tiene que ver con el suelo que pisamos, con el paisaje donde nacimos, con las personas que nos rodean. Todo ello conforma la cultura. Para ser libre debemos reconocer la cultura de la cual somos parte y con ella el suelo que la constituye. El suelo es el lugar donde pisamos, donde aprendemos a movernos y desde donde nos impulsamos al futuro. Es el domicilio seguro que tenemos en el mundo, como dice Kusch: “…realmente no deberíamos entender las transformaciones, sino en este único sentido que brinda la cultura, como algo que apunta nada más que a mi vida aquí y ahora”[5]. Y el aquí es mi suelo, mi lugar.

 

De la privación al no-lugar

¿Qué sucede cuando una persona es arrancada violentamente de su lugar, del espacio vital del cual forma parte, siendo despojada de su libertad? Quien no puede ser dueño de sus acciones, podría llegar a serlo de su pensamiento. Pero esto es muy difícil, sobre todo, cuando se es víctima de una situación de carencia total de elección. Quien es obligado a salirse de su hábitat vital cae en una situación de privación. Privación que implica inacción, imposibilidad de reaccionar en función de su liberación. La táctica a la cual se es sometido es el aislamiento, donde “…estar aislado es lo mismo que carecer de la capacidad de actuar…”[6]. Quien es violentado a ir donde no quiere sufre una contradicción con su propia naturaleza, pues ser libre es una condición fundamentalmente humana, pero no siempre puede hacerse uso de este derecho.

El mayor dolor de quien es sometido a esta situación es el sentirse fuera de su propio lugar, del lugar donde realmente pertenece. Es un no-lugar: la negación misma de ser, ya que ser es ser en un lugar elegido, amado, cuidado. El no-lugar implica la rebeldía del corazón, del cuerpo y el alma de estar donde no se quiere y donde no se es. Es la sensación de estar viviendo pero sin existir, de estar respirando pero sin conciencia de ser. Decía Martin Bubber: “Destino y libertad se hallan solemnemente prometidas el uno al otro. Sólo el hombre (y la mujer) que hace de la libertad algo real para él encuentra el destino[7]. Y en esta situación ¿cómo unir destino y libertad? Cuando la libertad es sustraída, el destino se pierde, se difuma, deja de existir. El único camino hacia la superación es el camino a la casa propia: regresar al suelo donde hemos nacido.

 

El miedo como origen de tanta violencia

A lo largo de la historia las grandes revueltas revolucionarias han debido superar el mayor de los enemigos humanos: el miedo; pero dentro del miedo hay uno que es el gran causante de los demás: el miedo que sentimos de nosotros mismos[8], de los sentimientos que nos causan dolor y angustia y que es la causa de las acciones posteriores. Pero mientras los pueblos originarios han educado poco a poco este miedo convirtiéndolo en una fuerza de resistencia y de lucha en contra de todo lo que los oprime, las sociedades modernas convierten el miedo en violencia. Violencia que da rienda libre a los sentimientos más oscuros del ser humano, de allí el maltrato al prójimo visto como un enemigo al cual debo someter y -en el caso de no poder hacerlo- eliminar.

La violencia se puede analizar por tres vías[9]: a nivel personal, por los mismos sujetos, uno contra otro; a nivel estructural o social y también por una racionalidad como fruto de la complicidad con el sistema que maltrata y mata indiscriminadamente a tantos hermanos de todo el mundo. Este sistema excluye a los que no entran en la cadena del consumismo, dentro del cual las mismas personas son objetos de consumo. La violencia hacia cada ser que es mal-tratado y arrancado de su lugar implica siempre su cosificación y de no ser admitido como igual, sino como un producto. Esta apropiación del otro como algo que puedo manejar según mi voluntad revela el grado de violencia actuante en las conciencias de muchos que, sin llegar a una violencia física, nos basta accionar una tecla del computador para decidir sobre la vida de nuestros semejantes.

 

La trata  y el tráfico de personas: la experiencia de no poder existir

En los albores del 1900 el mundo ya se percibía en medio de un sinsentido general producido por el avance de una ciencia que prometía que la tecnología daría todo el placer necesario que el ser humano requiriera. No fue ninguna novedad que esto no fuera así ya que una ilusión basada en el control no podría llegar a buen puerto. Sobre todo porque el control de la producción a través de la maquinaria quitaba de su lugar al ser humano que, a partir de ese momento dejaría de poner el toque personal a la creación, disfrazándola con un traje de metal frío y oscuro. De esta insatisfacción seguirán su rumbo las ansias de poder y de sometimiento de sus semejantes por la parte poderosa de la humanidad.

Este ambiente enrarecido en el cual el ser humano es reducido a una “nada” queda plasmado en los escritos de varios filósofos y literatos que con su pensamiento supieron decir lo que el mundo entero experimenta hasta el día de hoy. El escritor y filósofo Miguel de Unamuno, en una de las páginas magistrales de su gran obra Niebla, describía así el diálogo entre el escritor y su personaje, Augusto:

 

“-¡No, hombre, no! -le repliqué-. Te dije antes que no estabas despierto ni dormido, y ahora te digo que no estás ni muerto ni vivo.

-¡Acabe usted de explicarse de una vez, por Dios! ¡Acabe de explicarse! -me suplicó consternado-. Porque son tales las cosas que estoy viendo y oyendo esta tarde, que temo volverme loco.

-Pues bien: la verdad es, querido Augusto  -le dije con la más dulce de mis voces-, que no puedes matarte porque no estás vivo, y que no estás vivo, ni tampoco muerto, porque no existes…”[10].

 

Y esta es la experiencia de los que sufren en su vida el desprecio de no ser respetados -y peor- de no ser protegidos por quienes tienen el deber de hacerlo. Las víctimas de los diferentes abusos intentan ser convencidas de que no existen, que solamente son una ficción en la mente de aquellos que la producen. Y esto es una realidad patente en el trabajo esclavo, en la trata de personas, en el tráfico de niños, en la prostitución infantil, y en todas las acciones donde la sed de egoísmo supera la racionalidad humana y es capaz de despedazar la vida de sus semejantes. Los hombres y mujeres de este tiempo tenemos el desafío de cultivar un sentimiento hermanado con el dolor del otro, de manera de poder revertir esta situación que trae tanta exclusión de  mujeres y niños, adolescentes y jóvenes, ancianos y minusválidos.

 

La explotación humana: el ser humano contra sí mismo

Sin un horizonte esperanzador, con tantas amenazas que doblegan las ilusiones de  la humanidad, esta se ve envenenada desde su misma raíz provocando una continua corriente de destrucción y de desprecio de sí mismo. En estos tiempos donde el juego político nos hace sentir dentro una marea tan grande donde tememos ser tapados por una ola de desgracias, nos cuesta mirar más allá de estas situaciones y creer que podemos salir -y sobre todo sacar a otros- de las situaciones de violencia y explotación. Quienes vivimos de nuestro trabajo tenemos que crecer en conciencia de que muchos mueren por no tenerlo, y que otros lucran con ellos haciéndolos sus esclavos en situaciones infrahumanas.

En cuestiones de defensa de nuestros derechos la filósofa estadounidense  Martha Nussbaum viene realizando un gran trabajo acerca de las posibilidades del desarrollo humano en el mundo actual. Haciendo referencia a las mujeres sostiene que han sido las eternas víctimas de un machismo y un patriarcalismo que las trata como un objeto o como una cosa que se puede poseer, creyéndose -el hombre- con derecho a hacer con ella lo que dicte su voluntad. En su propuesta filosófico-política intenta profundizar la necesidad de un feminismo que defienda los derechos de las mujeres en función de sus capacidades. Releyendo a Marx acerca del valor de cada persona dice: “Marx, como sus predecesores burgueses, sostiene que es profundamente erróneo subordinar los fines de algunos individuos a los fines de otros. Esto se encuentra en el núcleo de lo que constituye la explotación: tratar a una persona como un mero objeto para uso de otras”[11].

Si bien propone un feminismo en defensa de las mujeres en primer lugar, estas palabras se extienden a todo ser humano, sobre todo los más desprotegidos del manejo diabólico del mercado. En este sentido siendo claro que el capitalismo genera mercados (de esclavos, de trata, prostitución, pornografía, tráfico, etc.) lo que debemos seguir promoviendo es una propuesta política que atraviese no sólo todos los sistemas de gobierno actuales, sino todas las culturas, tradiciones, religiones y sistemas éticos. A esto llamará Nussbaum -junto con Rawls- de consenso traslapado, que incluye a todas las personas y sus ideas, pero defiende la vida humana como revelación de la única naturaleza humana[12].

Para culminar dejo planteado que, dentro de las capacidades centrales para el funcionamiento humano, Nussbaum coloca junto con la vida y la salud, la integridad corporal como la capacidad de moverse de un lugar a otro, “donde los límites del propio cuerpo sean tratados como soberanos, es decir, capaces de seguridad ante asalto, incluido el asalto sexual, el abuso de menores y la violencia doméstica; tener oportunidades para la satisfacción sexual y para la elección en materia de reproducción”[13]. Este es un punto clave para seguir reflexionando: no podemos permitir más la violencia de la muerte que desconoce el rostro humano del enemigo o del competidor que nos quita los derechos ciudadanos con la trata y el tráfico. Debemos proponer una violencia de la vida “porque exige hacerse violencia a sí mismo dejando las seguridades por encima de todo, dejar pasividad e inhibición para no entrar en conflicto…”[14]. Defender la vida propia y ajena implica exigirnos salir de la comodidad y de la aparente seguridad para jugarnos la vida para que todos podamos existir.

 

 

Bibliografía

Arendt, Hannah, La condición humana, Paidós, Buenos Aires, 2013

Bauman, Zigmunt, Vida Líquida, Buenos Aires, Paidós, 2012

Boff,  Leonardo, La experiencia de Dios, CLAR, Bogotá, 1975

Bubber, Martin, Yo y tú, Galatea Nueva Visión, Argentina, 1960

Kusch, Rodolfo, Geocultura del hombre americano, Obras Completas Tomo III, Ross, 1975

Nussbaum, Martha C., Las mujeres y el desarrollo humano, Herder, Barcelona, 2002

Richard, Pablo, Racionalidad perversa de la violencia, en http://www.amerindiaenlared.org/noticia/765/racionalidad-perversa-de-la-violencia/, 25 de enero, 2017

Russel, Beltrand, Nuevas esperanzas para un mundo en transformación, Hermes, Buenos Aires, 1964

Trigo, Pedro, Relaciones humanizadoras, Universidad Alberto Hurtado, Santiago de Chile, 2013, p. 203

Unamuno, Miguel, Niebla, Cátedra, Madrid, 2007

 

[1] Artículo publicado en Revista Diálogos A, N° 11, DIÁLOGOS “A”, Revista de Culturas, Espiritualidades y Desarrollo Andino Amazónico, Co-editores: Centro Misionero Maryknoll en América Latina, Institutos de Estudios de las Culturas Andinas, Instituto Latinoamericano de Misionología, Año 7, No 11, pp. 40-42, Diciembre, 2016.

[2] Diego Pereira Ríos, 39 años. Uruguayo, docente de filosofía y religión en Enseñanza Media. Escritor y ensayista. Miembro de Amerindia Uruguay, de la Sociedad Filosófica del Uruguay y del Centro de Estudios Bíblicos de Brasil. 3er puesto en el 1er Concurso Internacional de Ensayo 2015, de la REDLAPSI. Autor del libro “La fuerza transformadora de la esperanza” (Nueva Visión, 2016).

[3]Bauman, Zigmunt, Vida Líquida, Buenos Aires, Paidós, 2012, p. 158

[4]Boff,  Leonardo, La experiencia de Dios, CLAR, Bogotá, 1975, p. 23

[5]Kusch, Rodolfo, Geocultura del hombre americano, Obras Completas Tomo III, Ross, 1975, p. 110

[6]Arendt, Hannah, La condición humana, Paidós, Buenos Aires, 2013, p. 211

[7] Bubber, Martin, Yo y tú, Galatea Nueva Visión, Argentina, 1960, p. 53

[8]Russel, Beltrand, Nuevas esperanzas para un mundo en transformación, Hermes, Buenos Aires, 1964, p. 217

[9]Richard, Pablo, Racionalidad perversa de la violencia, en http://www.amerindiaenlared.org/noticia/765/racionalidad-perversa-de-la-violencia/, 25 de enero, 2017

[10]Unamuno, Miguel, Niebla, Cátedra, Madrid, 2007, pp. 278-279

 

[11]Nussbaum, Martha C., Las mujeres y el desarrollo humano, Herder, Barcelona, 2002, p. 115

[12]Ibidem, p. 118

[13]Ibid., pp. 120-121

[14]Trigo, Pedro, Relaciones humanizadoras, Universidad Alberto Hurtado, Santiago de Chile, 2013, p. 203

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