SÍNODO: ENTREVISTA A UNA JOVEN

Se trata de la joven abogada chilena Silvia Retamales que participó en el Sínodo
y que respondió a estas preguntas de Vatican Insider de esta manera:

¿Hubo tabúes en el Sínodo?

Nunca existió una instrucción para que evitemos algún asunto. Hubo libertad total. No creo se pueda hablar de un mensaje aguado. Hay un compromiso de todos los padres sinodales y de todos los participantes que el mensaje que votaremos llegue de verdad, que sacuda a los jóvenes. Tengo confianza en lo que se pueda lograr después de este Sínodo. 

 

¿Qué temas entre los discutidos te parecen más significativos? 

La necesidad de escuchar a los jóvenes y construir una Iglesia con ellos, no tanto la idea de “iglesias de jóvenes” o “iglesias para jóvenes” sino una Iglesia con los jóvenes. Incluirlos en la construcción, en pensar nuestras estructuras eclesiales. También la idea de una Iglesia en salida, que sea abierta, que busque a los jóvenes sin necesariamente calificarlos como “los jóvenes católicos” sino que quiere salir al encuentro de toda la realidad juvenil. Crear los espacios para que puedan sentirse congregados sin etiquetas. También se debatió el rol de la mujer. Se trata de buscar una Iglesia que responda a la realidad y a los problemas que hoy se nos presentan.

 

¿Hubo restricciones? 

Puedo asegurarte que no; dentro del aula pudimos  hablar lo que nosotros estimamos conveniente. En ningún momento se nos ha dicho: “Tú debes hablar en este sentido, este tema mejor no tocar”, todo lo contrario. Es impresionante la actitud de escucha y, además, notamos que no hubo ningún direccionamiento en las opiniones.

 

¿Tanta escucha no podría ser interpretada como la voluntad de rebajar los valores o la doctrina católica por ser complaciente con esas opiniones tan variadas?

Lo relevante es no tener miedo a hacerse preguntas: Jesús se manifiesta en nuestra historia y en nuestra realidad. Como dijo el Papa Francisco: “Una fe que no se hace preguntas, pareciera una fe que está en crisis”. No debemos tener miedo a reflexionar de nuevo sobre lo que sucede en la realidad y ver qué respuestas salen de esa reflexión profunda, en comunidad. No tengo miedo de que se cambien los valores. Ni siquiera hay una actitud de cortar con todo lo anterior sino sentarse y tratar de ir encontrando esas respuestas. Probablemente muchas de ellas no van a estar hoy, pero  es bueno llamar a toda la Iglesia a reflexionar en torno a ellas; ya es un avance importante.

 

Hablaste del rol de la mujer, ¿cómo debería ser la participación femenina en la Iglesia?

Para mí tiene que ver con la representatividad. Entiendo que este es un Sínodo de Obispos, pero por qué no pensar de nuevo sus reglas y empezar dándole el derecho de voto a las mujeres consagradas que ya tienen participación, aunque numéricamente es bastante menor. El 80 por ciento del mundo consagrado está compuesto por mujeres, pero ese universo no se ve reflejado en un número grande de asistentes. Las discusiones sobre el rol de las mujeres laicas podrían dejarse para un segundo momento, pero sería bueno comenzar por las consagradas. Una idea positiva sería darles mayor representatividad en instancias como estas.

 

Pero, ¿cómo plasmarlo concretamente?

Podríamos pensar qué hacer en nuestras propias estructuras eclesiales, en cada una de nuestras diócesis por darles cargos a las mujeres. En tantas parroquias, la mayoría de las personas que asisten son mujeres pero quienes dirigen los grupos son hombres. Eso puede ser un problema de las propias mujeres, que no están acostumbradas a elegir líderes mujeres, como también de que se prefiere un liderazgo masculino. Por eso, un cambio relevante sería implementar cierto tipo de mecanismo “de cuotas” a la presencia femenina a nivel de estructuras eclesiales.

 

¿No sería insultante la aplicación de “cuotas”, incluso en el ámbito civil, como si las mujeres no fuesen capaces de ganarse un liderazgo por sí solas?

Es una forma de cambiar la realidad. Obviamente en un mundo ideal, el que esté más capacitado debería tener la responsabilidad. La realidad demuestra que, aún cuando las mujeres están muy capacitadas, por las estructuras culturales no necesariamente tienen los puestos. Aunque existen casos en la Iglesia donde sí se ha dado. Algo similar ocurre en el mundo civil. Una vez que tengamos un cambio cultural no necesitaríamos tener leyes de cuotas.

 

¿En qué términos se tocó la sexualidad y el trato a los homosexuales dentro del Sínodo?

Se tocó en el campo de esta Iglesia que está en salida, que acoge más que juzga. La primera respuesta que debemos dar es cómo nos relacionamos con el otro sin importar las categorías que le podamos asignar. Generalmente las minorías son categorizadas: migrantes, por diversidad étnica o sexual. La pregunta es cómo se puede construir una Iglesia de personas y no de etiquetas.

 

¿Cómo se logra eso?

Lo primero es reconocer al otro como hermano que merece y requiere acompañamiento. Ese es el primer paso, luego habrá tiempo, momento y ánimo para reflexionar otros temas más controversiales. Nuestro primer acercamiento es llegar a un consenso sobre el acogerlos a todos, darles espacios y no ponerles barreras. Las personas tienen ya muchas barreras hoy, en el mundo secular, como para decidir estar en la Iglesia y si, encima, las mismas estructuras eclesiales les ponen barreras, finalmente no se les reconoce su dignidad. Una persona por ser homosexual no deja de tener la dignidad de ser humano, ni la posibilidad de tener su encuentro con Jesús.

 

¿Cómo está el ambiente en Chile por la crisis de los abusos que ha sacudido a la Iglesia en el país?

A todos nos duele porque son atentados contra otros hermanos, contra la dignidad humana. Hay una necesidad de justicia porque la justicia ayuda a restablecer relaciones. Para las víctimas es muy importante que puedan ser escuchadas y se inicien los procesos que deban iniciarse. Hay que buscar la sanción, respetando los derechos tanto de las víctimas como de los acusados, sin olvidar que lo más urgente es prevenir.

 

¿Entonces…?

Hay que sancionar pero también preguntarnos, ¿qué hace que estas cosas ocurran? Al final del día la sanción es justa pero no va a ayudar que no existan otras víctimas. Habría que preguntarse qué estructuras de la Iglesia chilena y de la Iglesia universal permiten que se den estos abusos, y ponerse fuerte a trabajar para cambiarlas, de manera que no haya más abusos. Al final, todos estamos de acuerdo en que no deben haber más víctimas de abusos.

 

¿Crees que tomará mucho tiempo superar la cultura del elitismo y clericalismo, que el Papa identificó en la raíz de la crisis por los abusos en la Iglesia de Chile?

Es difícil la pregunta. Yo creo que sí. Debería ser más rápido, porque es una situación grave y eso lleva a desear que todo se concrete de manera más veloz, pero creo que se están haciendo los esfuerzos. Como católica se que la Iglesia tiene sus tiempos para reaccionar. Me quedo tranquila mientras estemos avanzando. A final de cuentas, el clericalismo permea las estructuras y para cambiarlas hay que plantear una nueva mirada. No hablo de una reforma completa de la Iglesia ni de repensarla desde sus fundamentos básicos, sino de modificar algunas reglas que nos hemos dado y que fomentan actitudes nocivas para la misma Iglesia.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.