MÉXICO: UN ÉXODO BÍBLICO

La marcha pacífica de miles de emigrantes que han salido de San Pedro Sula (Honduras) el 12 de octubre y a la que se han añadido salvadoreños y guatemaltecos, llegó a contar según la ONU en determinado momento con siete mil personas. La distancia entre Honduras y los confines con Estados Unidos es de 3.500 kilómetros que pueden en la práctica llegar a más de 4 mil caminando fuera de las rutas. Ahora están transitando por México y el número ha disminuido.

Hacen a pie 40 kilómetros por día, cuando no se encuentra algún medio y son familias enteras con mujeres y niños. Es notable cómo la Iglesia de Guatemala y la de México han pedido a todas las parroquias y colegios transformarse en centros de acogida y como han surgido cantidad de voluntarios para aliviar este “inhumano desplazamiento”, en palabras de los obispos mejicanos. La organización “Jesuitas por la paz” de México ha declarado: “Nos pronunciamos por el derecho de movilidad social sin fronteras de los hermanos centroamericanos, en especial del pueblo de Honduras devastado por la violencia, el desempleo, la corrupción. Se trata de una situación sin antecedentes en nuestro continente, que muestra el fracaso de un modelo económico importado, inspirado en el liberalismo, que ha llevado a una desigualdad social cada vez más insoportable entre hermanos y que los ha llevado a buscar el amparo de potencias concentradoras de riqueza. Estados Unidos no puede desentenderse de una realidad que él mismo provocó con su política hacia esos países. Es sabido cómo los gobiernos de Estados Unidos han impedido la reforma agraria, lo que llevó al empobrecimiento de los campesinos; los organismos financieros norteamericanos otorgaron créditos a esos países a cambio de políticas que llevaron a la inestabilidad económica y a la miseria masiva; su política migratoria desde los años noventa deportó a miles de jóvenes centroamericanos que fueron a engrosar a las “maras”. Pedimos al gobierno de México y a la sociedad que haya hospitalidad, respeto por los derechos humanos, protección de todo abuso. Exigimos de Estados Unidos un cambio profundo en su política migratoria con propuestas de desarrollo regional y no solo criminalizando a los inmigrantes”. El obispo mejicano Guillermo Ortiz se ha quejado: “La acogida de los migrantes ha quedado totalmente en manos de la Iglesia. Son los pobres que ayudan a  los pobres. El gobierno está ausente y la situación sanitaria es preocupante”. Donald Trump declaró en su país “emergencia nacional” y alertó al ejército como si se tratara de enfrentar una guerra. Si bien casi un tercio son chicos y mujeres, Trump usa esta desgracia humana como un arma para ganar en las elecciones legislativas próximas. En dos años ya Trump echó y deportó de Estados Unidos a más de 400 mil mexicanos. La Hermana Norma Pimentel, una texana rebelde que ya recibió varios galardones por sus luchas dijo: “El envío del ejército en la frontera por parte de Trump no servirá para nada. ¿Van a disparar a las madres con sus criaturas? ¿a las familias? Trump los tilda de criminales, pero son gente desesperada. Lamentablemente todo está politizado y el gobierno de Trump usa a los pobres, inmigrantes, indígenas, indigentes para mantenerse en el poder”.

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