VATICANO: DOS SANTOS LATINOAMERICANOS

Nazaria Ignacia, primera santa de Bolivia

El 14 de octubre el Papa Francisco canonizó a Pablo VI, al arzobispo Romero, a dos religiosas, a un sacerdote y a un joven obrero. Fue una de las más multitudinarias manifestaciones de fe en la plaza san Pedro, con 90 cardenales y 3 mil sacerdotes. El Papa usó en la ceremonia el báculo de Pablo VI y el cíngulo ensangrentado que Romero usaba sobre el alba cuando fue asesinado.

Se conoció por la prensa cómo Romero había sido advertido anteriormente por los nuncios de Costa Rica y Argentina que lo iban a matar. Romero escribió entonces en su diario: “Acepto con fe mi muerte; no importa lo difícil que sea. Tampoco quiero pedir nada a Dios; el Corazón de Jesús lo arreglará todo como Él quiere. Yo solo quiero vivir confiado, sabiendo con certeza que Él está en mi vida y en mi muerte. Jesús ayudó a los mártires y si es necesario lo sentiré cerca cuando le entregue mi último aliento”. También hablando a la TV suiza poco tiempo antes del asesinato había dicho: ”No tengo propiamente miedo, pero sí cierto temor prudencial que no me inhibe o impide seguir trabajando. Muchos me dicen de cuidarme, pero siento que estoy cumpliendo con mi deber como pastor de la comunidad. Dios está conmigo y si me sucede algo, estoy dispuesto a todo”. Los obispos de El Salvador pidieron al Papa que nombre a Romero doctor de la Iglesia y beatifique al p. Rutilio Grande, también asesinado por defender los derechos humanos en nombre del Evangelio. Ha sido canonizada también una religiosa latinoamericana por adopción, la hermana Nazaria March. Era española, pero es considerada la primera santa de Bolivia porque desarrolló la mayor parte de su obra en Oruro donde llegó a los 23 años y donde pidió ser enterrada. Rompió los moldes de la presencia femenina en la Iglesia fundando en 1925 la congregación de las Misioneras Cruzadas de la Iglesia, con la misión de salir de los recintos cerrados de la Iglesia para llevar el evangelio a los alejados. Nazaria así lo hizo yendo a las minas, a los ranchos, a las ferias. Organizó y acompañó a desempleados, a agrupaciones campesinas mineras encabezando manifestaciones pacíficas, movilizó a las mujeres desde la acción social fundando el primer sindicato obrero femenino; con sus hermanas atendió a los heridos y huérfanos de la guerra del Chaco. Murió en Buenos Aires a los 54 años, en el hospital Rivadavia. Gracias a un Papa latinoamericano, con estos santos queda canonizada la Iglesia de los pobres en América Latina.

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