CANONIZADOS: ROMERO Y PABLO VI

El día 14 de octubre ha sido el día elegido para la canonización en Roma, en el marco del Sínodo de los Obispos, del arzobispo Oscar Romero  y de Pablo VI junto a cinco beatos más. Es significativo que el Papa del Concilio y el mártir más conocido del post-concilio, unidos en vida por una estrecha amistad, sean canonizados juntos. Romero tuvo grandes dificultades con los obispos de su país, con la Curia vaticana y con el Nuncio Apostólico en El Salvador.

El prefecto de la Congregación de los Obispos cardenal Sebastiano Baggio lideraba una campaña en su contra y se negó a recibirlo en una oportunidad. Al Papa Juan Pablo II que lo advertía sobre la infiltración del marxismo en la Iglesia, le dijo: “Santidad, en mi país acusan de comunista también a los que predican la Doctrina Social de la Iglesia”. Frente a las incomprensiones del medio eclesiástico, decía: “Yo nunca me interesé de política; nunca fui ni de derecha ni de izquierda. Desde el seminario siempre pensé en Cristo y en la Iglesia como mis únicas fuentes de referencia”. Mientras tanto a su alrededor caían asesinados sacerdotes, religiosas, catequistas… Hasta en el día de su funeral estalló una bomba en medio de la gente y la misa no se pudo terminar, dejando un tendal de 40 muertos y 200 heridos. El superior general de la Orden Carmelita p. Camilo Maccise contó que un cardenal de la curia vaticana al enterarse del asesinato de Romero comentó: “Lo siento porque se cometió un sacrilegio; por otra parte él se la buscó metiéndose en política”. El proceso de beatificación fue bloqueado durante años por el cardenal colombiano Alfonso López Trujillo que lo acusaba de izquierdismo marxista. Hasta el postulador oficial de la causa de beatificación, arzobispo Vincenzo Paglia, sufrió amenazas por parte de algunos cardenales. El mismo Paglia declaró: “Hay obispos que inclusive después de la muerte de Romero, siguieron hablando brutalmente de él”. Romero sufrió la soledad y la incomprensión pasando noches enteras rezando antes de tomar una decisión o hacer un discurso. Sabía que lo iban a matar. Pocos días antes de su muerte confió estas palabras a un sacerdote: “Tengo mucho miedo. Me van a matar. Yo no quiero morir porque amo la vida. Lo peor de todo es que me cuesta hasta orar. No siento a Dios”. Fue la prueba del Getsemaní. El único que supo apoyar a Romero fue Pablo VI que lo había hecho obispo y con el cual tenía gran confianza. La última vez que lo vio en 1978 el Papa le dijo: “Sé lo difícil que es su trabajo, puede no ser comprendido. Ya sé que no todos piensan como usted en su país. Usted proceda con ánimo, paciencia, fuerza y esperanza”. Y a pesar de las calumnias que llegaban al Vaticano le dijo: “Usted es el arzobispo; siga guiando a su pueblo”. Fue recién en 2012 que el Papa Benedicto desbloqueó la causa de beatificación. Francisco la impulsó con fuerza hasta que el 23 de mayo del 2015 Romero fue beatificado en El Salvador, aclamado por una muchedumbre de 250 mil personas. Próximamente serán beatificados también el obispo argentino Enrique Angelelli y compañeros mártires. La sangre de los mártires de América Latina está siendo reivindicada por la Iglesia universal.

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