(aniversario) HISTORIA DEL ACERCAMIENTO ENTRE VATICANO Y CHINA

Hace cinco años con la elección del Papa Francisco empezaron las actuales negociaciones entre China comunista y el Vaticano que terminaron con el “Acuerdo Provisorio sobre nombramiento de obispos católicos en China”. El Acuerdo fue firmado el 22 de setiembre pasado en Pekín entre el subsecretario de relaciones exteriores del Vaticano en nombre del Papa, Antoine Camilleri, y el viceministro chino de relaciones exteriores Wang Chao. Para entender la importancia histórica del acontecimiento hay que recordar que el artículo 39 de la Constitución china establece que el culto y los entes religiosos no pueden depender de autoridades extranjeras, y sobre todo conocer la historia pasada de la Iglesia Católica en la China comunista.

ANTECEDENTES
Desde que el partido comunista subió al poder con Mao Zedong en 1949, empezó una persecución cruenta contra la Iglesia. Los misioneros extranjeros expulsados, los bienes de la Iglesia y demás religiones confiscados, los edificios de culto cerrados, obispos y curas presos. El 5 de setiembre de 1951 también fue expulsado del país el Nuncio Apostólico Antonio Riberi. En 1957 se intentó dividir a la Iglesia Católica creando la “Asociación Patriótica de los Católicos Chinos”. El objetivo era separar a los católicos de la obediencia al Papa y reunirlos bajo la dirección del partido. Se establecieron las tres Autonomías: la religiosa (con solamente curas chinos), la financiera (con la ayuda tan solo de los católicos chinos), de gobierno (en dependencia del estado, igual que las demás instituciones). Empezó a funcionar la Iglesia Católica Patriótica con obispos consagrados sin autorización del Papa y una Iglesia clandestina fiel a Roma. Eso dio lugar al recíproco rechazo entre obispos y sacerdotes de las dos Iglesias con la desbandada de los fieles. El presidente Deng Xiaoping, siempre bajo el rígido control del partido, abrió en lo económico promoviendo el desarrollo industrial, con un cierto deshielo también hacia lo religioso. El 27 mayo del 2007 el Papa Benedicto por primera vez en la historia envió públicamente una “Carta a los católicos chinos” de ambos bandos, donde pedía un esfuerzo de reconciliación y perdón recíproco. Fue en continuidad con este objetivo que el Papa Francisco al comienzo de su pontificado reanudó el diálogo, ya intentado anteriormente muchas veces,  con el gobierno a través de una comisión bilateral de trabajo, encontrando disponibilidad en el actual presidente chino Xi Jinping. Francisco se propuso desarrollar la política de los pequeños pasos ya practicada en el este europeo comunista por el cardenal Agostino Casaroli (la ostpolitik). Para lograr la unidad de la Iglesia en comunión con el Papa, vio necesario empezar por el nombramiento de obispos. Los gobiernos chinos siempre han considerado el Vaticano como un país extranjero con el cual no tenía relaciones diplomáticas (el Vaticano es el único estado europeo que solo tiene relaciones con Taiwán); de allí las enormes dificultades para llegar a un acuerdo no político, ni diplomático sino pastoral (sobre la ordenación de los obispos). China es el país más populoso del mundo con 1400 millones de habitantes, de los cuales tan solo 10-12 millones son católicos (el 1%) en una Iglesia dividida, con unos 3 mil sacerdotes.

 

¿CAE OTRO MURO?

Durante una audiencia en el Vaticano

El Acuerdo ha sido definido “provisorio” porque deberá ser experimentado a lo largo de un tiempo. El gobierno chino acepta que el Papa tenga la última palabra sobre los candidatos presentados por China, quizás teniendo en cuenta el modelo aplicado también entre el Vietnam comunista y el Vaticano. Han sido readmitidos plenamente como obispos en la Iglesia, los últimos siete ordenados por la Asociación Patriótica sin la aprobación pontificia, inclusive aquellos que habían sido excomulgados. Ya anteriormente había sucedido lo mismo con todos los obispos oficiales después que pidieran perdón y volvieran a la comunión con el Papa. El texto del Acuerdo no ha sido publicado de manera que aún puede ser modificado con el consentimiento de las dos partes. No se conoce por lo tanto en sus detalles el procedimiento que se utilizará en el nombramiento de obispos. El diario oficial del gobierno chino “Global Times” celebró en un reciente editorial las negociaciones y elogió la postura dialoguista del Vaticano. Lo histórico, que hace pensar en la posible caída de otro muro de Berlín, es que desde ahora en adelante los obispos serán reconocidos al mismo tiempo por Roma y el gobierno chino. Por primera vez China comunista reconoce de hecho el rol del Papa como guía espiritual y jerárquico de la Iglesia también en China. Por primera vez en la historia todos los obispos chinos están en comunión con el obispo de Roma. El Acuerdo no se refiere a las relaciones diplomáticas que aún no existen entre el Vaticano y China, sino a un hecho pastoral consensuado entre las dos partes. El proceso de designación de los candidatos obispos empezará de los representantes de las distintas diócesis aún con la implicación de la Asociación Patriótica, pero la carta de nombramiento será exclusiva del Papa. De vuelta del viaje a los países bálticos Francisco alabó la actuación del cardenal secretario de estado Pietro Parolin, del obispo Claudio Maria Celli y otros, declarándose también satisfecho por el apoyo recibido, en ocasión de las calumnias de un ex nuncio, sea de obispos chinos oficiales como clandestinos. Y en otra oportunidad dijo: “El diálogo con China es un riesgo, pero prefiero el riesgo a la derrota segura que sería no intentar nada”. Nunca hubo un cisma declarado en la Iglesia Católica china ni tampoco puede hablarse de una Iglesia del Silencio a pesar de una persecución que es menos violenta pero aún real. El catolicismo chino es vivo y activo, aún si los protestantes evangélicos triplican a los católicos. Muchas diócesis están sin obispo y tan solo una minoría del pueblo chino ha oído hablar de Jesucristo y del Evangelio.

 

EL PRIMER PASO
Sigue habiendo muchos problemas para resolver como la situación de los obispos clandestinos, de la Asociación Patriótica, del estatus del Colegio de los Obispos hasta ahora no reconocido por la Santa Sede, la reconciliación efectiva entre católicos patrióticos y clandestinos. Estos últimos y sus familias han sufrido mucho y les cuesta perdonar y reconciliarse con los patrióticos. El Acuerdo ha sido obstaculizado por Taiwán, por una parte de la sociedad de Hong Kong, por el cardenal Joseph Zen (según él, el Acuerdo es “una obra de arte capaz de decir nada con muchas palabras”), por muchos que desconfían de la política comunista y en especial por la prensa y el gobierno norteamericano. Aún en China, ya sea en el campo católico como del partido, no todos han aplaudido el Acuerdo. La Santa Sede ha evitado el triunfalismo pero espera que el Acuerdo sea el primer paso también para un aumento de la libertad religiosa en el futuro. China actualmente anhela ser una potencia mundial y eso exige una mayor estabilidad interna y una mejor proyección internacional. Seguir con obispos y católicos clandestinos no solo significaría divisiones sino una potencial oposición al régimen. Con este Acuerdo el gobierno tendrá un mayor control sobre todos los católicos y acrecentará su imagen aperturista frente al mundo. Por otra parte, y esto es lo positivo para la Iglesia, las autoridades chinas han reconocido el universalismo católico; no han considerado el Acuerdo como peligroso para la soberanía nacional ni tampoco han exigido, como en el pasado, interrumpir las relaciones diplomáticas con Taiwán antes de cualquier acuerdo. No ha sido un arreglo político; implícitamente ha sido un sorprendente reconocimiento de la autoridad moral del Papa, de su potestad sobre todos los católicos y del peso que tienen los valores espirituales en el mundo. La llegada por primera vez a un Sínodo en Roma de dos obispos de China comunista ha sido un éxito excepcional del Papa Francisco, el cual se propone llegar a las periferias del mundo asiático. Todas las religiones se están lentamente expandiendo en China. Frente a una gran mayoría budista, los cristianos (entre católicos y protestantes) son unos 50 millones. Estos Acuerdos son una esperanza para todos ellos. Ha escrito el teólogo chino Kim Sheung: “También un viaje de mil kilómetros, empieza con un primer paso”.

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