(testimonio) 50 años de una verdadera primavera eclesial

Jorge Márquez
Queridos amigos, sin la intención de querer hacer “una ensalada con frutos diversos”, ni la de un estudio eclesiológico para el cual no estoy preparado, quiero compartir con ustedes esta mirada laical, libre, agradecida e integradora sobre el medio siglo de presencias, nacimiento de una y consolidación de otra, de la “Renovación Carismática” y de la “Teología Latinoamericana o de Liberación”, las dos grandes corrientes que renovaron, sin lugar a dudas, a la Iglesia Latinoamericana.

Fueron precedidas por la celebración del gran Concilio Vaticano ll (octubre 1962 a octubre 1965) convocado por Juan XXlll “queriendo abrir las ventanas de la Iglesia para poder ver hacia afuera, y para que desde fuera se pueda ver al interior” y cuyo resultado fue recibido y tuvo los efectos de un nuevo Pentecostés.

En lo social, durante 1968, tuvieron lugar los acontecimientos que hoy recordamos como “el mayo francés”, protestas estudiantiles, principalmente en París, a las que luego se les sumaron los sindicatos obreros en grandes y multitudinarias manifestaciones callejeras en contra de la sociedad de consumo y que después tuvieron repercusión a nivel internacional.

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En 1967, un grupo de estudiantes y profesores católicos de la Universidad de Duquesne (Pittsburg) se comenzaron a reunir en oración pidiendo el don del Espíritu Santo tal cual se relata en Hechos 2:1, y así llegaron a experimentar “el bautismo con el Espíritu Santo”, este acontecimiento desbordante de alegría no tardó en extenderse a otras Universidades y Parroquias, y ya desde los primeros años de la década del 70 llega al Sur de América.

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En 1968 tiene lugar la ll Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en MEDELLÍN, Colombia, una puesta a punto del Vaticano ll para nuestro Continente, y donde también, precedida por varios años de trabajo, toma vigor la Teología de Liberación, con uno de sus postulados más caros ,“la opción preferencial por los pobres” haciéndose eco del clamor de millones de hermanos que vivían en condiciones de extrema pobreza y explotación…

Si bien de orígenes totalmente diferentes, así como en sus experiencias, búsquedas y métodos, estas corrientes han sido como dos riachuelos de agua fresca que bañaron de vitalidad a la Iglesia. Una volviendo a la alegría primitiva de Pentecostés con sus cantos y alabanzas, favoreciendo un Encuentro personal con Cristo, evadiendo el intimismo, ¡siendo una verdadera realidad comunitaria! La otra, siendo comunidad con el Pueblo, privilegiando a los pobres, comprometida en movimientos de Justicia y paz , buscando su liberación integral.
Así, gracias a ellas, la Iglesia recobró juventud y frescura, ambas acentuaron la centralidad de la Palabra de Dios, tanto en la reflexión personal como comunitaria, aparecen “los laicos Biblia en mano” y la necesidad de compartir la fe en grupo. Una con las CEBs (comunidades eclesiales de base), la otra con las Pequeñas Comunidades (de vida y oración).
Ambas fomentaron los “ministerios laicales”, guías de comunidad, Ministros de la Palabra, de los enfermos, etc..
Ambas regalaron a la Iglesia multivariedad de vocaciones, sacerdotales, religiosas, laicales y todo tipo de iniciativas en favor de los más necesitados.
En nuestra Iglesia de Montevideo contaron con la presencia providencial “del hombre que confiaba en sus hermanos y dejaba trabajar” el querido Don Carlos Parteli, que con su autoridad fraterna alentaba y acompañaba.

Ambas se instalaron en barrios populares de la ciudad y desde allí se extendieron. Ambas “la tuvieron bien clara” de qué lado había que estar cuando la libertad y la democracia fueron atropelladas, trabajando junto a los hombres y mujeres de buena voluntad buscando caminos de salida.

Qué bueno es poder agradecer por tanta Vida derramada en sobreabundancia sobre nosotros, la Iglesia, tan Santa como Pecadora. Se nos plantea también el gran desafío de ser fieles y seguir abiertos a las novedades del Espíritu, que sin lugar a dudas sigue y seguirá soplando. EL ESPÍRITU Y LA ESPOSA DICEN: ¡VEN!

                      

2 comentarios en “(testimonio) 50 años de una verdadera primavera eclesial

  1. Querido Jorge:! EXCELENTE! Es muy bueno dar GRACIAS al Espíritu Santo que siempre está presente en la historia. Como bien dice Elisa! A MUY BUENO hacer memoria y pasar por el corazón. GRACIAS. Alma. Abrazoooooo

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  2. Excelente !!
    Siempre viene bien refrescar la memoria .
    Gracias ,estimado Jorge Márquez por traer a la memoria a Don Carlos Partelli , fué quien nos impartió el sacramento de la confirmación en la recién estrenada en ese momento, la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe , “Barrio Borro “

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