(entrevista): Lic Adriana Abraham, CEPRODIH

20 AÑOS TRABAJANDO POR LA DIGNIDAD HUMANA, APOYANDO A LA MUJER, APOSTANDO POR LA FAMILIA

Es con mucha alegría que comparto con los amigos de UMBRALES esta pequeña entrevista a mi querida amiga y hermana en la fe , la Lic Adriana Abraham, fundadora y actual directora de CEPRODIH, obra que está celebrando sus ¡20 años de trabajo ininterrumpido en promoción social!

¿Quién es Adriana Abraham? 

Nací en una familia pobre, pero con una abuela y una madre profundamente cristianas.  Mujeres fuertes, con un gran “don de gentes”, que les permitió sostener sus familias e inspirar y contagiar esa profunda fe a otros.  Me crié en Malvín Norte, cerquita de la Parroquia de Belén y por lo tanto mamé desde mi infancia la Renovación Carismática en sus mejores momentos.  Todo el entorno de adolescencia se desarrolló en “la Parroquia”, entre encuentros de jóvenes, veladas de oración y enseñanzas del Padre Elizaga cargados de una profundidad única: el encuentro personal con Cristo,  la vida en el Espíritu, la misión evangelizadora, la coherencia entre fe y vida. Tantas enseñanzas y valores cristianos que fueron impregnando toda mi vida y en especial inspirando cada una de mis decisiones hasta hoy.

Ya en mi juventud tenía una inquietud especial por darle sentido a mi vida. Tantísimas bendiciones sumadas a la figura de un líder como Elizaga me hacía sentir una tremenda responsabilidad.  Aunque no entendía cómo, sabía que si Dios había invertido tanto en mí, seguro tendría algún plan, por lo que siempre estuve atenta a las inspiraciones del Espíritu. Cuando sentí el llamado a estudiar Trabajo Social no tenía  idea que hacía una Asistente Social, luego el vínculo con las familias en situación de calle, una beca que me permitió conocer experiencias en el mundo, entre otros, fueron mojones que me permitieron ir intuyendo cual era mi misión.

Pero sin duda, la certeza más clara que esta Obra era voluntad de Dios, fue  la permanente mano de la Providencia que iba poniendo recursos y personas en mi camino.   Desde la madre desesperada que necesitaba ayuda, y llegaba de la manera más extraña, hasta  aquella persona o empresa que hacía posible el “milagro”. Todos, por una razón u otra, se sentían atraídos a participar y así Ceprodih se fue tejiendo milagrosamente.  Nunca tuvimos un peso, ni casa propia, al contrario, vivimos literalmente el “pan nuestro de cada día” y casi como peregrinos. Sin embargo, a pesar de las dificultades, los conflictos, las deudas y las persecuciones,  jamás, nos faltó lo necesario. La multiplicación de los panes ha sido, y es un milagro cotidiano.

¿Cuál fue la inquietud fundamental que llevó a emprender una Obra como Ceprodih? 

Primero fueron las familias  en situación de calle, personas  que caían del sistema y para quienes  las políticas públicas no tenían respuesta. Luego que el problema era asumido por el Estado y ya no éramos  tan necesarios, aparecía una nueva necesidad: las familias víctimas de violencia.  Hoy el foco es la inclusión económica de las mujeres embarazadas o con niños pequeños  a cargo. Sabemos que una empresa difícilmente de trabajo a una mujer embarazada y muchas, en el momento de mayor vulnerabilidad, no sólo queda sola frente a la crianza de los hijos, sino sin la posibilidad de generar ingresos. Una vez nacido el niño, no tiene con quien dejarlos para capacitarse o salir a trabajar. Esto se vuelve un círculo del cual no pueden salir por sí mismas, reproduciéndose así las condiciones de miseria en las nuevas generaciones.

Según nuestra experiencia,  la inversión que hagamos en la mujer madre  impacta inmediatamente en los niños y en todo su entorno: familia, amigos, comunidad. El Estado se ahorraría mucho en Políticas de Salud, Educación, Seguridad, si invirtiera un poco más en la familia. Como nos enseña la Iglesia y Francisco insiste tanto, la dignidad de la persona se garantiza a través del trabajo. El trabajo digno promueve a la persona y su familia.  Parábolas como la de Los Talentos son clave para comprender el trabajo que se hace en Ceprodih.

20 años de trabajo ininterrumpido, seguramente hubo muchas pruebas, ¿cuál fue el sostén principal para seguir adelante? 

Si bien hemos pasado momento muy dolorosos, fueron también  tiempos de purificación. Todas las decisiones importantes se tomaron frente al Santísimo.  Y Dios ha sido maravilloso. Cada vez que creímos que Ceprodih se terminaba, resurgía con más fuerza.  A través de la comunidad, los amigos y voluntarios, empresas, la obra no sólo se sostuvo sino que ha seguido creciendo.

El equipo que hoy trabaja tiene claros los principios sobre los que nos paramos.  Trabajan con entusiasmo y creatividad por lo que rápidamente se ven los resultados en las vidas de las personas.  En poco tiempo se percibe el cambio en las mujeres, jóvenes y niños. Se los ve felices, se superan y eso es lo que nos motiva a continuar a pesar de los pesares.

Proyectando al futuro, y dado que están estrenando nueva sede de trabajo, ¿cómo sueñas a Ceprodih? 

El Señor siempre nos fue llevado donde era necesario restablecer la dignidad de las personas. Cientos de veces nos hemos sentido como aquellos primeros cristianos que eran “llevados” e incluso “obligados” por el Espíritu Santo a ir a tal o cual lugar.

El  año pasado nuevamente quedamos en la calle.  Cuando habíamos perdido la esperanza, aparece un nuevo milagro.  El día de María Auxiliadora, un 24 de mayo unos amigos de la obra nos llevan al 3er piso del Colegio Domingo Savio, nada menos que el “Patrono de las Embarazadas”. Una persona generosísima, fiel amigo de Ceprodih,  donó una suma muy importante para hacer las reformas y luego con el apoyo de toda la comunidad, estamos terminando los arreglos. Cada año se brindan numerosos cursos a más de 300 mujeres y jóvenes de todo Montevideo, San José y Canelones y ya estamos comenzando un proceso de expansión a varios departamentos del Interior profundo, donde  las personas no acceden a oportunidades.

Nuestro nuevo local es uno de los 3 puntos  más altos de Montevideo, tenemos literalmente la ciudad a los pies.  Creo que el Señor nos puso ahí como un faro para tantas familias: “no se enciende una lámpara para ponerla bajo un cajón; antes bien se la pone en alto para que alumbre a todos….” Esto es una gran bendición y también una enorme responsabilidad…

 

Muchas gracias Adriana por tu compartir desde el corazón, les deseamos a ti y a CEPRODIH  que sigan siempre adelante, renovados por tan significativo aniversario, trabajando por el sueño y la realización de una sociedad más justa, donde los pequeños, los últimos, los menos favorecidos y muchas veces olvidados ¡sean los primeros privilegiados!   

                                                              Jorge Márquez

 

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