(tema central): La opción por los jóvenes y el camino de las juventudes en el siglo XXI

Rosemary Fernandes da Costa[1]

 

Gracias al acuerdo, que ya lleva varios años, con la Comisión Teológica Latino-americana de la EATWOT, Umbrales presenta este artículo que es parte del número colectivo o MINGA-MUTIRÃO Organizado para las revistas latinoamericanas de teología, sobre los ‘ 50 años de Medellín’

En tiempos donde la desesperanza y el escepticismo crecen en algunos segmentos de la sociedad, también podemos constatar una dinámica fructífera y sorprendente. Sí, en las calles, en las escuelas, en los pasillos y en los patios, en las plazas y en las casas, la juventud se molesta, se indigna, habla, crea nuevas estrategias, evalúa las prácticas sociales, económicas y políticas, revisa sus pertenencias y sus identidades. En fin, la juventud acoge el grito de la tierra, de los pueblos, siente el grito de los cuerpos, de las vidas esclavizadas y las dinámicas que promueven desigualdades de tantas dimensiones, se deja fecundar y transformar, y devuelve con la voz, las manos, los pasos, la lucha por la vida para todos y todas, para toda la Creación, para todo el cosmos.

 

Retomar la Conferencia de Medellín es rescatar la dimensión profética y pedagógica de la Iglesia, como fuente de orientación para los caminos de la misión eclesial en el mundo de hoy. Medellín es signo de la Iglesia presente en la historia: una Iglesia que dialoga con la sociedad y por lo tanto se ve desafiada a construir nuevas y emergentes respuestas que colaboren en la construcción de estructuras de humanización y vida digna para todos. En el Concilio Vaticano II, este diagnóstico no sólo encontró situaciones de injusticia y deshumanización, sino que respondió con reflexiones fundamentales y acciones afirmativas ante los retos presentados por las sociedades y culturas modernizadas.

La II Conferencia Episcopal latinoamericana en Medellín denuncia que los problemas políticos y sociales enfrentados por América Latina son mucho más grandes que los de la iglesia. En las conclusiones de Medellín encontramos una mirada a los jóvenes como aquellos que claman y también que siembran una nueva sociedad, como un Nuevo Cuerpo social que posee sus propios valores y sueños, pero que no son ingenuos con respecto a las estructuras de deshumanización. La iglesia se percibe como Pastora, como oyente y como aprendiz de esta comunidad juvenil en sus movilizaciones en dirección a un proyecto de transformación social latinoamericana.

 

Ella (la juventud) se presenta, en gran parte del continente, como un nuevo cuerpo social (con peligro de detrimento en relación a otros cuerpos sociales), portador de ideas propias y valores inherentes a su proprio dinamismo interno. Procura participar activamente, Asumiendo nuevas responsabilidades y funciones dentro De la comunidad latinoamericana (Medellín 5, 1) [2].

 

Al traer el tema de la transformación social, de la educación liberadora, la Conferencia de Medellín está atenta a todo lo que niega el proyecto de humanización, de justicia, de condiciones dignas de vida para los pueblos latinoamericanos.

En la apelación presente en el documento, está sedimentada su naturaleza profética, crística y orientada a la integración de las estructuras más diversas en  dirección a la humanización del continente: “que se presente cada vez más nítido el rostro de una Iglesia auténticamente pobre, misionera y pascual, desconectada de todo poder temporal y valientemente comprometida con la liberación del ser humano por completo y de toda la humanidad” (Medellín 5,3, 3).

Desde su introducción, el documento de Medellín es coherente en esta dirección que integra las principales estructuras de humanización dentro del continente latinoamericano y caribeño. Es dentro de esta profunda integración que radica la preocupación y las orientaciones en cuanto a la juventud, su educación, formación y dinamismo personal y social.

Las décadas siguientes a la Conferencia de Medellín fueron marcadas por reacciones de la juventud a los gobiernos militares radicales, opresores y coludidos con los sistemas económicos que trajeron mayor desigualdad e injusticias sociales en todo el país. A través de manifestaciones políticas y estéticas, la juventud estaba presente, arriesgando la propia vida y la libertad por causas que superaban la ciudadanía local, en dirección de la ciudadanía global. De parte de los intereses políticos y económicos también surgieron reacciones de opresión, censura y construcción de un imaginario social que prometía el bienestar social de todos los pueblos latinoamericanos.

En este contexto, podemos recordar el significativo movimiento contracultural que bajo el tema ‘Paz y amor’, propuso valores y un ideal alternativo, creativo y radicalmente libre. Este movimiento representaba una forma de movilización y contestación social a través de las innovaciones estéticas, de la aparición de culturas alternativas o incluso marginales. Surgieron espacios en los cuales se hicieron posibles miradas, lecturas, nuevas hermenéuticas ante la cultura vigente, presentada como moderno y vanguardista, Pero que, subliminalmente, ahogaba identidades y masificaba gustos, ideas, elecciones e incluso metas personales y sociales.

En la década siguiente, años 80, un nuevo fenómeno parece integrar a los jóvenes en protesta por las ideologías que se hacían presentes en los gobiernos latinoamericanos. Cada vez era más clara una ideología que no apuntaba a los derechos fundamentales del ser humano, sino a los intereses económicos y a los privilegios de una minoría. La militancia fue la palabra de orden, en dirección a la defensa de los derechos humanos y a la búsqueda de un continente más justo.

Con todo, desde los años 70, las conclusiones de Medellín también diagnosticaban diferentes características y actitudes en la juventud de ese período:

 

Mientras que un sector de la juventud acepta pasivamente las formas burguesas de la sociedad (dejándose llevar, a veces por el indiferentismo religioso), otro rechaza con marcado radicalismo el mundo que sus padres construyeron, por considerar su estilo de vida carente de autenticidad; rechaza igualmente una sociedad de consumo que masifica y deshumaniza al hombre. Esta insatisfacción crece cada vez más. (Medellín 5,1, 3).

 

En los años 90, podemos observar fenómenos distintos en el universo de la juventud. Aquellos jóvenes que promovieron los manifiestos políticos y estéticos de los años 70 también se transformaron. Algunos fueron absorbidos por el sistema económico y por el proyecto ideológico liberal, otros estuvieron en los liderazgos partidarios, universitarias, en aulas y grupos de estudio y reflexión. Y la juventud de los años 90, ¿cómo se posicionaba ante su contexto histórico? Una mezcla de connivencia, alienación, desesperanza, manifestaciones en las calles e inmersión en el mundo de los games. En Brasil, este es también el momento de los ‘caras pintadas’, de la demanda por Directas Ya. Eran Los hijos de la dictadura todavía en la lucha por dignidad para todos y todas.

Una vez más, verificamos Medellín señalando proféticamente a este tiempo histórico:

Los jóvenes, particularmente sensibles a los problemas sociales, reclaman los cambios profundos y rápidos que aseguren una sociedad más justa: exigencia que, constantemente, siente tentación de expresarse a través de la violencia. Es un hecho constatable que el idealismo excesivo de los jóvenes los coloca fácilmente bajo la acción de grupos de diversas tendencias extremistas (Medellín 5,1, 3).

 

Con todo, es también en este tiempo que los movimientos juveniles pierden la fuerza política de años anteriores. La modernidad, con sus múltiples mecanismos de seducción, llega a todos, afecta hábitos y también creencias, actitudes, ética, decisiones fundamentales. El individualismo ocupa los espacios, las brechas, las desesperanzas. Pensar en el futuro, en narrativas de sentido, parece discurso ilusorio, ingenuo, pérdida de tiempo.

Llegamos al día de hoy, en el que las emociones están en primer plano y con ellas, la presentificación, la flexibilización y la fragilidad, la conexión virtual y la desconexión real, la dificultad en dialogar, en la escucha, en la recepción de diferencias. Mientras, en todo el planeta eclosionan manifestaciones de cuño sociopolítico, con variaciones en sus demandas, formatos y lenguajes. Sin emitir juicios de valor, lo que enfatizamos es su resurgimiento.

También en Brasil, nuevas manifestaciones sorprenden a los analistas y escépticos con respecto a la aparente parálisis política de la juventud. Para aquellos que diagnosticaban una ciudadanía adormecida, alienada, amortiguada, las manifestaciones sorprenden y nos convocan a repensar los ejercicios de ciudadanía local y global. Las jornadas de junio de 2013 surgen para provocarnos nuevas miradas, nuevas lecturas y también nuevos posicionamientos.

Cuando el documento de Medellín llama a la comunidad latinoamericana a reaccionar en la búsqueda de su autorealización por el servicio y en el amor, hace alusión al eje referencial de la juventud. La aparición de la convocación se basa en la percepción arraigada y consciente de la juventud.

 

(…)Ya es hora que nuestro pueblo Descubra su propio ser, lleno de originalidad; Se orienta hacia el sustento de una economía basada en el deseo de ‘ tener más ‘, cuando la juventud latinoamericana exige ‘ ser más ‘, en posesión de Su autorrealización por el servicio y en el amor (Medellin 4, I).

Los jóvenes son más sensibles que los adultos a los valores positivos del proceso de secularización. Se esfuerzan por construir un Mundo más comunitario, que vislumbran, tal vez, con más claridad que los antepasados. están más abiertos a una Sociedad pluralista y a una dimensión más universal de la fraternidad (Medellín 4,1.4).

 

Observamos en el texto anterior cuán fundamental el factor tiempo era para determinar este enraizamiento de los temas enumerados en Medellín en su carácter procedimental, es decir, Medellín es una llamada, convoca desde el ethos del pueblo latinoamericano, En la dirección de las relaciones sociales, económicas y políticas que sean coherentes y fomentadoras de este Ethos. Está claro que esta profecía tiene la doble mano del anuncio y la denuncia. Las orientaciones a la juventud se hacen eco de una dinámica de escucha y diálogo fecundo con las realidades. Las orientaciones hablan de un camino que tiene bases prometedoras, pero también barreras concretas, posee el movimiento fecundo de los sueños, pero también la realidad de los conflictos de visiones de mundo e intereses diferenciados y, la mayoría de las veces, antagónicos.

Notemos que Medellín propone proyecto, trayectoria. En fin, se concibe como impulso pastoral y ético, y también pedagógico e histórico. Es por eso que los jóvenes se hacen eco en el suelo Latinoamericano de sus sueños, luchas, inquietudes. La juventud nos habla de esperanza, de rescate de sueños, de la audacia y la identidad, de las trincheras conscientes y firmes en su vocación profética.

El contexto eclesial que suscita Medellín está impregnado de posibilidades históricas que favorecieron sus reflexiones y orientaciones. El teólogo Agenor Brighenti nos recuerda el terreno que permite la emergencia de Medellín, y sobre todo señala la presencia de movimientos juveniles en este contexto.

 

Fueron muchas las búsquedas y realizaciones, iniciativas y eventos en el campo eclesial que confluyeron en Medellín y pasaron a ser constituyentes de sus conclusiones. Comenzando con la Acción Católica, más concretamente la Acción Católica Especializada, especialmente la Juventud Agraria Católica (JAC), la Juventud Obrera Católica (JOC) y la Juventud Universitaria Católica (JUC), que ya había incidido en el Concilio Vaticano II, especialmente en la teología del laicado. En América Latina, fueron los jóvenes de Acción Católica los que tematizaram las principales cuestiones relativas a la relación entre la fe y la política. También fueron de los cuadros de los asistentes eclesiásticos de la Acción Católica, que proveyeron gran parte de los obispos de la generación-Medellín, que destacarían por su preparación teológica-pastoral, el liderazgo, el testimonio de pobreza y la presencia pública de la iglesia.[3]

 

Proponemos a continuación algunos ejes orientativos, ya señalados en Medellín y que hacen eco en la juventud hoy. Nuestra reflexión tiene por base las estructuras observadas especialmente en los Movimientos que articulan la fe y la política, la espiritualidad y la ética, la apertura a lo trascendente y el arraigo histórico. Aunque pueden no tener visibilidad en las redes sociales que son publicadas por los medios corporativos, los movimientos juveniles crecen, se articulan, emergen, se juntan, por todo el suelo Latinoamericano. Podemos citar algunos para nuestras referencias: Pastoral da Juventude, Pastoral Juvenil Latino Americana, Juventude Franciscana, Rede Brasileira de Centros e Institutos de Juventude, Cajueiro: Centro de Formação, Assessoria e Pesquisa em Juventude, Levante Popular da Juventude, Rede Ecumênica de Juventude, Mística e Revolução, Pastoral Luterana Popular, Pastoral de Juventude Estudantil, Pastoral de Juventude do Meio Popular, Movimento de Atingidos por Barragens, Cáritas, Movimento Nacional Fé e Política, Judeus Progressistas, Rede Nacional de Adolescente de Jovens Comunicadores e Comunicadoras, Conselho Nacional da Juventude Evangélica, Koinonia Presença Ecumênica e Serviço, Asociación de Juventudes Agostino, Rede Conesul de Centros Laicos.

 

El primer eje orientador trata de una nueva dinámica de planificación, no demarcada por la concepción de individualidad, y sí en la subjetividad relacional, fruto de estructuras dialogales. Se trata de la concepción de Persona como un texto abierto, plural, capaz de muchas voces, nuevos acuerdos, nuevos significados. Es la práctica de subjetividades abiertas construidas a partir de las relaciones, en las cuales cada persona recibe la alteridad y es constituida a partir de las muchas subjetividades.

Los encuentros tienen estructuras dialogales, abiertas, acogedoras de las diferencias de ideas, de credos, de géneros, de posicionamientos filosóficos, económicos y políticos. Un desafío a la práctica ya acostumbrada de reuniones en las que, tantas veces, la agenda llega predeterminada por un equipo, en el que las personas no se consideran en su particularidad, sino como participantes en un objetivo común. La estructura intersubjetiva considera las identidades en su originalidad, en  diálogo abierto, escucha activa, acogedora y también interpelante. Las narrativas personales se consideran parte de la construcción de los proyectos, las estrategias y las decisiones son procedimentales, flexibles, abiertas a la evaluación y a revisiones constantes.

En este nuevo campo relacional, la proximidad es uno de los ejes. Al contrario del individualismo arraigado en los espacios sociales, la juventud experimenta el dinamismo relacional con todos sus desafíos y posibilidades. Experimenta las propias limitaciones, la negación del individualismo Y la corresponsabilidad. Es un nuevo campo para culturas en las cuales las personas se perciben de manera solitaria y distanciadas. En la dinámica de las intersubjetividades somos interpelados a construir aproximaciones: de significados y representaciones, de lenguaje, de identidades y pertenencias, de visiones de mundo.

En fin, es un cambio de paradigma en gestación y ya dando sus frutos fructíferos que modifican los proyectos, las planificaciones, la propia percepción personal, comunitaria y de mundo. Sin embargo, para el cristianismo, no estamos hablando exactamente de un cambio de paradigma o de una novedad epistemológica, sino del rescate del centro vital cristiano, en el encuentro con el otro, en la relación dialogal, por la experiencia de creer que se traduce en amor, como recuerda la epístola juanina “amémonos unos a otros, porque el amor viene de Dios; Y todo aquel que ama nació de Dios y llega al conocimiento de Dios. Quien no ama no ha descubierto a Dios, porque Dios es amor. ” (1Jn 4,7) Sólo la experiencia del amor es capaz de superar la aporía del conocimiento sin amor.

 

El segundo eje orientador nos lleva a un diálogo marcado por narrativas personales y colectivas, más etnográfica que de cúneo de investigación, más biográfico que filosófico.

Este principio está en consonancia con el anterior, sin embargo nos damos cuenta de que tiene un lugar destacado en los movimientos juveniles observados, porque perciben una profunda integración entre memoria personal y colectiva, entre  historia personal y colectiva. O sea, las historias de vida personal son entendidas como un conjunto de historias que preceden a cada persona, vividas no sólo por la persona que narra, sino constituyente de su biografía, de su identidad y pertenencia.

La narrativa en sí ya es un ejercicio dialógico que instaura un nuevo modelo en las relaciones. Narrar es contar una historia, es invitar a la escucha, a la sensibilidad, a la empatía. Es una invitación a la interpretación y la acogida. Ella no impone, sino que propone; no argumenta, sino que cuenta una historia; ella es libre e invita a la libertad; ella se compone de imágenes, símbolos, está viva; está contextualizada y remite al contexto presente; es presente y futuro, narrativa y metanarrativa. Como nos dice J. Libanio, la narrativa se convierte en un ejercicio para sí mismo y para el otro, pues ella necesita recoger la historia en la experiencia, elucidar la caminata recorrida e invita al oyente a la escucha dialógica y hermenéutica. Sin embargo, no debemos confundir este principio con una metodología. El diálogo basado en las narrativas no es una herramienta para los grupos, es un principio activo, una razón de ser, que proporciona la interacción y la constitución de identidades personales y colectivas en la dirección de objetivos también personales y colectivos.

Representa la superación de la individualidad hacia la subjetividad relacional, tomada como proceso, como ejercicio diario en el cual las dimensiones personal y comunitaria están interrelacionadas Incesantemente. Es un cambio sustancial en las relaciones comunitarias y en la construcción de proyectos participativos.

Una vez más nos enfrentamos a una de las dimensiones proféticas de los movimientos de juventud, pues, al entenderse a sí mismos como identidad personal y colectiva, como cuerpos y vidas de muchas voces e históricas, abrazan personal y comunalmente las causas de grupos, etnias, expresiones religiosas, diferentes opciones con, por ejemplo, la causa de lucha contra la exterminación de los jóvenes negros, pobres y periféricos; La lucha por la justicia rural, por la dignidad de los pueblos indígenas y quilombolas; las luchas contra cualquier tipo de intolerancia.

 

El tercer eje que queremos marcar consiste en la articulación entre los mínimos de justicia y los máximos de felicidad. Es una perspectiva ética que articula los derechos humanos fundamentales y la realización de las dimensiones de las opciones religiosas, estéticas, de esparcimiento, de realización profesional.

Los movimientos juveniles actuales no sólo están atentos a las necesidades básicas y fundamentales de la dignidad de la vida humana, sino también a las dimensiones de expresión, realización y búsqueda de felicidad a partir de las culturas, los contextos, los deseos, los proyectos personales y colectivos. Medellín señala el papel renovador de la juventud, de las estructuras personales y colectivas y también está atento a lo fundamental: La juventud tiene la tarea de reintroducir constantemente el sentido de la vida. Renovar las culturas y el espíritu significa traer y mantener vivos nuevos sentidos de la vida (Medellín 5,2, 1).

Podemos observar que la búsqueda de justicia es como una bandera permanente en la lucha por la dignidad de todos los seres humanos y todo el medio ambiente, profundamente violado por el sistema desarrollista. Es el valor central de cada proyecto que perciba la deshumanización, la injusticia, las desigualdades, los conflictos sociales causados por las relaciones ricos-pobres, desarrollo-subdesarrollo,  primer-Tercer mundo. Cuando Medellín habla de la juventud como sujeto social, reconoce la centralidad de su actuación en el mundo, de su actuación en la historia, como presencia profética y transformadora (Medellín 5,3.1).

En la medida en que la lucha por la justicia y la dignidad de todos y todas se vuelve central, la juventud abre una serie de diagnósticos de situaciones deshumanizantes y también de necesidades a ser conquistadas y construidas. Muchas causas entran en esta gama, como por ejemplo la igualdad de oportunidades, el cuidado de la salud, la oferta y recepción de proyectos pedagógicos, el apoyo a la vivienda y al transporte público de calidad. Estas son las reivindicaciones de los mínimos de justicia. Son irrenunciables, innegociables, como nos orienta la filósofa Adela Cortina.[4]

Es aquí donde entra la articulación entre los mínimos de justicia y los máximos de felicidad que observamos en los movimientos juveniles. En el empeño por proyectos de justicia y dignidad, la juventud no se detiene sólo en esta lucha, sino que va en búsqueda de la realización, de las estructuras que apunten a lo que es bueno para cada situación personal o comunitaria. Un ejemplo bien cercano es el de las ocupaciones de enseñanza secundaria que ocurrieron en todo Brasil, en 2016. Empiezan con una pauta centrada en los mínimos de justicia, pero a lo largo de los días, en las reuniones, asambleas y construcciones de objetivos compartidos, se añade a la pauta elementos de estética, higiene, calidad de vida, alimentación sana, derechos de funcionarios, derechos de los docentes, autonomía en la elección de las direcciones, evaluación comunitaria.

Podemos ver en algunos testimonios de jóvenes estudiantes de secundaria que participaron de las ocupaciones de 2016. Observamos el nivel de conciencia de ciudadanía local y global, la integración entre identidad y pertenencia, la construcción de metas locales y de metas más allá de las paredes de las escuelas, la conciencia de que se trata de una acción política relevante, histórica y transformadora.

 

  1. Ocupamos para dar voz a aquellos que no tienen voz. Adoptamos la filosofía Ubuntu. (Ubuntu es una ética de origen africano que tiene como eje las alianzas entre la gente, entre todo lo que está vivo. En la lengua portuguesa, podríamos traducir como ‘humanidade para com os outros’ ‘humanidad para con los demás’).
  2. Los estudiantes han cambiado. Antes estaban desinteresados, desalentados. Ahora sienten amor por la escuela y el estudio. Experimentaron otra mirada al espacio. 
  3. El derecho fundamental se convertirá en mercancía. Durante este tiempo, los estudiantes cambiaron: más responsabilidad, compasión, fortalecimiento del movimiento estudiantil, menos individualistas, noción de colectivo, de ejercicio político. Ganamos como personas.[5]

 

Estos movimientos juveniles de estudiantes de secundaria, en el rango de entre 15 y 18 años, recibieron muchas críticas, pero lo que enfatizamos en esta reflexión es el hecho de que surjan como ciudadanos, capaces de reconstruir los fundamentos de los derechos humanos y de luchar juntos por la ética de los mínimos de Justicia. Su movimiento de ejercicio de ciudadanía pasa por la experiencia personal, comunitaria y colectiva, como ciudadanos del mundo.

Esta experiencia refleja la comprensión más amplia de ciudadanía, Como ejercicio político local de la comunidad civil, para convivir de manera organizada, digna y pacífica, con la garantía de un mínimo de valores para todos y para cada persona. Y todavía avanza a una segunda instancia, en la que vislumbramos El ejercicio dialógico Con la identidad de cada hombre y de cada mujer, como miembros de la gran comunidad humana y sociocósmica. Así, en particular, integran las dos instancias, de los mínimos de justicia y de los máximos de felicidad.

 

El cuarto eje presente en las prácticas de la juventud también nos habla de la amplitud de la dimensión relacional presente en este nuevo tiempo histórico, y ya señalada como necesidad en las conclusiones de Medellín cuando exhorta a la responsabilidad de cada ser humano en la administración de los bienes creados y en su distribución a todos: se trata de la relación con la tierra, con el suelo, con las voces resonando desde el llano, desde los cuerpos, desde las vidas-empatía y corresponsabilidad ética local y global.

En la base de este eje es también la conciencia de la primacía de la vida y de que hay un ethos común, del cual todos participamos, seres humanos y todos los seres creados, una conciencia de la gran morada humana.

La juventud que actúa en los movimientos que integran la fe y la política no sólo vienen rescatando el ethos humano, en su dimensión personal y dialogante, sino que extiende esta relación en el Ethos de la tierra, madre cuidadora, celosa y también responsabilidad de todo ser humano. Por lo tanto, las pautas y estrategias integran el cuidado con el medio ambiente con todas las demás dimensiones: social, económica, política, cultural, afectiva -es lo que podemos llamar la mística de la tierra. Esta es una experiencia concreta de los pueblos de la tierra, indígenas y quilombolas, que fue, en muchas culturas, perdida en función de las de las prácticas desarrollistas y distantes del respeto al ambiente natural.

Así como en la configuración de la identidad personal, los jóvenes se dan cuenta de las múltiples voces e historias que los habitan, de su familia, de su pueblo, de su tierra, así sucesivamente, se dan cuenta de que la relación con la tierra es parte integral de su ser, de su identidad y, por lo tanto, también de sus metas de justicia, fraternidad y dignidad.

En Medellín, muchas veces encontramos la preocupación por las culturas que estaban directamente relacionadas con este cuidado de la tierra, como los indígenas y los campesinos. El documento apunta a las consecuencias derivadas de los sistemas económicos en su relación con los bienes de producción tanto industriales como rurales. La lógica de la economía capitalista se centra en los objetivos desarrollistas y, así, afecta la base fundamental y dinámica de las culturas que se relacionan directamente con el ciclo de la tierra y los bienes de la naturaleza de manera amorosa, cuidadosa y fraterna. El documento viene a denunciar que “El sistema capitalista liberal parece agotar, en nuestro continente, las posibilidades de transformar las estructuras económicas” (Medellín 1,III. b). y más adelante, proféticamente, el documento propone las condiciones para esta revisión de prioridades:

 

La promoción humana de las poblaciones campesinas e indígenas No será viable si no se lleva a cabo una reforma auténtica y urgente de las estructuras y políticas agrarias. Esta transformación estructural y sus correspondientes políticas no pueden limitarse a una simple distribución de tierras. Es necesario hacer un estudio profundo de las mismas, de acuerdo a ciertas condiciones que legitiman su ocupación y su rendimiento, tanto para las familias campesinas como para su contribución a la economía del país (Medellín 1, III. c.

 

Este es un eje referencial muy presente en las prácticas juveniles. La perspectiva de ciudadanía mundial unida al hogar, no sólo humano, sino de todas las criaturas, la casa de todos, la casa común, como el Papa Francisco señala en su encíclica Laudato Si.[6] Siendo la morada de todas las criaturas, ella nos pide que cuidemos de cada dimensión de esta morada, en una actitud celosa, amorosa, fraterna. Por tanto, no se trata apenas de una morada como nuestra casa, nuestra ciudad o nuestro país. Es todo el planeta Tierra, hecho Ethos-Casa común.

 

El reto urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, porque sabemos que las cosas pueden cambiar. El Creador no nos abandona, nunca retrocede en su proyecto de amor, ni lamenta habernos creado. La humanidad todavía tiene la capacidad de colaborar en la construcción de nuestra casa común (LS 13).

 

Un cuarto y último eje de referencia nos remite a las alianzas y pactos que se están construyendo y demarcan ritos y marcos históricos. Esta es una de las grandes herencias de Medellín para América Latina: la lucha por la justicia y la legitimidad de la lucha por la liberación de todos los hombres y mujeres que sufren por los procesos de deshumanización. Esta herencia se expresa de manera concreta en un ritual muy presente en las asambleas, encuentros, movimientos juveniles, que son las cartas-compromiso. Expresan un pacto, una alianza, una orientación hacia las metas, proponiendo la conversión de las estructuras pastorales, económicas, sociales, políticas, ambientales. Son cartas-fuerza de los movimientos, expresan la dinámica de la memoria, de la historia y de la continuidad del proyecto común.

Presentamos extractos de algunas de estas Cartas con el fin de sintonizar con la dimensión de alianza presentes en estos documentos. Vale la pena leer con atención, porque son reflexiones proféticas que valen como compromisos de oración con toda la comunidad humana y ambiental.

 

“Nos comprometemos con la lucha por la construcción de un democracia popular, que socialice con calidad las tierras, el agua, la energía, los medios de comunicación, acceso a la salud, educación, vivienda, transporte.

Con la lucha por Soberanía, porque los pueblos deben tomar su país y su historia en sus manos, sin ser sujetados por el imperialismo u otros poderoso. El desarrollo debe ser ambientalmente sostenible y centrarse en el interés del pueblo.

Con la práctica permanente de Solidaridad con todas los pueblos que sufren y luchan. Con atención especial para nuestros hermanos latinoamericanos, que cargan la misma historia de opresión y lucha que nosotros” (I campamento nacional del levantamiento popular de la juventud, 5 de febrero de 2012, Santa Cruz do Sul, Rio Grande do Sul, Brasil.

 

“Hemos hecho memoria de nuestros orígenes, desde la Acción Católica especializada, el Concilio Vaticano II, las conferencias de Medellín y Puebla, las comunidades eclesiales de base y la caminata de la pastoral de la juventud de Santa Catarina. Reflexionamos y profundizamos el seguimiento de Jesucristo y el compromiso con la construcción del Reino de Dios. Provocados/as por nuestra historia y en fidelidad al seguimiento, nos detenemos en la identidad y la espiritualidad de la pastoral de la juventud, reafirmando nuestra manera joven de ser Iglesia.

Iluminados por todo lo que vivimos, compartimos y reafirmamos:

  • Nuestra fe en un Dios Trino, vivo, verdadero y liberador, que se hizo joven y pobre y camina con nosotros, en el anuncio y testimonio de otro mundo posible; 
  • Nuestra audacia, resistencia, compromiso y esperanza en el seguimiento de Jesús, anunciando las Bienaventuranzas y denunciando las injusticias y situaciones de muerte; 
  • Nuestra opción preferencial por los jóvenes empobrecidos y especialmente debido a éstos, la defensa de la vida plena para la juventud” (PJ Santa Catarina, 18 de noviembre de 2012).

 

“Reconocemos que la espiritualidad liberadora es una forma de vivir, de expresar el llamado radical hecho por Jesús cuando asumió nuestra humanidad. La espiritualidad debe llevarnos a la buena nueva de la vida plena y abundante para todas las personas y toda la Creación. Una vida sin muros, sin las barreras del individualismo, fundamentalismos ni intolerancia.

Con este espíritu, con humildad y rebeldía amorosa, nos comprometemos a:

– Denunciar y luchar contra la exterminación de la juventud negra, pobre y periférica, establecida como verdadero genocidio;

– Combatir el capitalismo, el patriarcado y el machismo, que (des) estructuran nuestra casa común y destruyen y cortan la vida de tantas mujeres y deshumanizan a los hombres;

– Sensibilizar y asumir la defensa de una justicia socioambiental que garantice la vida de nuestro planeta y de sus habitantes, asegurando los recursos naturales para las generaciones venideras;

– Participar en la lucha por la justicia en el campo, la realización de una reforma agraria popular, la demarcación de las tierras indígenas y las tierras ancestrales de quilombolas y otras comunidades tradicionales, así como en la integridad de sus culturas. Estas dimensiones son fundamentales para evitar el genocidio de estas poblaciones;

– Luchar contra todo tipo de actitud o expresión de intolerancia religiosa y asumir la profecía de una vivencia ecuménica que testimonie el Misterio actuante en la diversidad reconciliada” (Carta de fortaleza – 1er Encuentro Nacional de jóvenes y espiritualidad liberadora, del 1 al 4 de mayo de 2014).

 

“Afirmamos que el modelo actual de desarrollo basado en la sociedad de consumo y la degradación ambiental está lleno de contradicciones. Estas contradicciones son producto del funcionamiento normal de este desarrollo: o el valor máximo de la libertad es proporcionado por el consumo, olvidándose de la igualdad asociada con la solidaridad.

Lo que queremos ensayar es la comprensión de Dios, no de una manera metafísica, en una relación de comunión, diversa y plural. Tomamos la Ciranda, un baile circular, como base. En él estamos  humanidad-creación-Dios.

Así que asumimos como nuestros compromisos:

– Asegurar y fortalecer el derecho de las personas a participar activamente en los procesos de construcción de un desarrollo alternativo, a través de la apreciación y el fortalecimiento de los grupos y organizaciones existentes, promoviendo la participación activa de l@s herid@s por el progreso y la articulación y actuación en  redes.

– Potencializar las relaciones de género, interculturalidad y  ecumenismo en la construcción de la justicia socioambiental, valorizando la sabiduría de la cultura popular, sus historias y religiosidades, reconociendo el eje común que une el trabajo en pro de la justicia socioambiental.

– Articular los espacios de nuestras organizaciones para actuar en conjunto, favoreciendo el compartir experiencias e incidencia, a través de seminarios y de encuentros de intercambio de experiencias, estimulando cursos de formación de base que prioricen como temas transversales, resiliencia, reciclaje, relaciones de género y generacionales, sucesión vegetal y social.  Formar redes con acciones concretas integradas, fortaleciendo las organizaciones de la sociedad civil.” (Carta de compromiso con la justicia social, São Leopoldo, 22 de noviembre de 2012)[7].

 

¡Cuánto aprendizaje! ¡cuánta sabiduría vivida! En Medellín: la llamada, la profecía, la convocatoria

Hoy, la juventud camina en estos pasos, en fidelidad y continuidad con el llamado que viene de la comunidad eclesial, que viene de la tierra, de los pueblos en lucha, de los cuerpos violados, de los rostros desfigurados, de la esperanza que no se deja abatir y renace, vigorizada y alimentada por la fuerza de la fe y los signos de vida presentes a lo largo de la historia.

La juventud, en sus palabras y gestos, hace profecía hoy. Somos hoy algo más que testigos de esta eclosión espiritual, social y política. Estamos llamados a la asociación solidaria, al ejercicio colectivo de la ciudadanía, a aprender juntos nuevas formas de construir este mundo que tanto deseamos, y que somos capaces de conquistar.

La Conferencia de Medellín, como Asamblea eclesial, asume el diagnóstico, el discernimiento y las orientaciones para la transformación de estructuras que no corroboran la justicia, la fraternidad y la dignidad de los pueblos. Habla del mundo, desde el interior del mundo y hacia el mundo. Proyecta una visión integral del ser humano, entendido desde sus dimensiones sociales, económicas, políticas, espirituales. Convoca a la encarnación liberadora. “Así que se ve en la juventud la continua reanudación y persistencia de la vida, o sea, una forma de superación de la juventud ” (Medellín 5,2, 1).

Esta vocación hace eco en el corazón de la juventud atenta a los signos de los tiempos y al deseo de vida plena que reside en cada corazón y que es legítimo e inviolable. Y aquí la juventud nos convoca, a todos los latinoamericanos, no sólo a observarnos y diagnosticarnos, sino, desde el discernimiento espiritual y crítico, comunitario y propositivo, a encargarnos de las estructuras humanas, medioambientales, en la dirección del proyecto del Reino de todos, de todas, de toda la Creación.

 

En la juventud, así entendida, la iglesia también descubre un signo de sí misma. Un signo de su fe, porque la fe es la interpretación escatológica de la existencia, su sentido Pascual, y a través de él, la «novedad que el Evangelio trae. La fe, anuncio del nuevo sentido de las cosas, es la renovación y rejuvenecimiento de la humanidad (Medellín 5,2.1).

 

[1] Rosemary Fernandes da Costa es doctora en Teologia Sistemático-Pastoral por la PUC-Rio, especialista en el tema de MISTAGOGIA, acesora de CRB y CNBB y de comunidades educativas y pastorales, profesora de Cultura Religiosa en la PUC-Rio y de Filosofia en la Secretaria de Educación de Rio de Janeiro. Autora de Mistagogia hoje (2014) y A Mistagogia em Cirilo de Jerusalém (2015), Paulus, SP.

[2] Todas las citas del documento se refieren a la edición publicada por la compañía editorial Pauline: Conferencia General Episcopal latinoamericana. Conclusiones de Medellín. Sao Paulo: paulinas, 1970.

[3] Brighenti, A. El contexto de un atrevimiento que sigue haciendo el camino: En cuanto a los 40 años de Medellín. En: Revista pistis & praxis, teología y pastoral, Curitiba, v. 1, N. 2, 2009.

[4] Sobre la articulación entre los mínimos de justicia y los máximos de felicidad, la filósofa Adela Cortina dedicó su investigación y tiene muchas obras referenciales: CF. Ética Civil y Religión, Sao Paulo: Pauline, 1996; Alianza y contrato. Política, ética y religión. Sao Paulo: Loyola, 2008; Ciudadanos del mundo. Para una teoría de la ciudadanía. Sao Paulo: Loyola, 2005.

[5] Costa, r. f. Ocupaciones secundarias. En: http://www.IHU.UNISINOS.br/556179-ocupacoes-secundaristas, disponible el 25 de julio de 2017

[6] Papa Francisco. Carta Encíclica Alabado seas. Sobre el cuidado de la casa común. Vaticano: Librería Editrice Vaticana, 2015. Disponible em: http://W2.vatican.va, Acceso el 28 de abril de 2017.

[7] Promotores: Fundación Luterana de Diakonia (FLD), las facultades est, el Consejo de la misión entre los indígenas (Comin), el centro de apoyo al pequeño agricultor (Cape), el movimiento nacional de recolectores de materiales reciclables (MNCR) y la Secretaría General de la Iglesia Evangélica de Confesión luterana en Brasil (IECLB). Organizaciones socias: Foro Ecuménico ley Brasil, red nacional de jóvenes comunicadores y comunicación, CLAI Brasil, obra Gustavo Adolfo, Red Ecuménica juvenil, Diakonia, Koinonía, Consejo Nacional de la juventud evangélica, ayuda de la iglesia de Noruega, iglesia De Suecia, de la Federación Luterana Mundial, del Consejo Mundial de iglesias, y.

 

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