Misterios de la Biblia: ¿Un momento de furia de Jesús?

 

La expulsión de los mercaderes del Templo

Uno asocia a Jesús a la imagen de un maestro, lleno de paz, alguien que predica el amor a sus mismos enemigos…¿ Puede alguien así, caer en un momento de violencia tan grande como el que nos describen los cuatro evangelios, expulsando a los mercaderes?  Los cuatro evangelistas nos cuentan esta historia pero en estos relatos encontramos variaciones, que tienen que ver, con lo que cada uno de los evangelistas nos quieren transmitir, acentuando algunos aspectos del mensaje de Jesús y su prédica.

Mas si uno va a las películas, vemos que los cineastas nos describen la furia y la indignación de Jesús con vivos colores, y a uno le da la impresión de que Jesús, que era un tipo muy recto y amaba al pueblo tiene que haberse indignado mucho, y como dicen los gurises, “se zarpó”  salió de su control y los expulsó violentamente. Incluso San Juan nos agrega un detalle importante, que él tomó unas cuerdas e improvisó un látigo para castigar más eficazmente a los que habían hecho de la Casa de Dios un mercado (Jn 2,15).

La explicación no es tan sencilla

Jesús no era un tonto, y todo lo que hacía, lo hacía intentando darle un sentido. Por otra parte en su prédica y en sus acciones, él intentaba retomar el estilo profético. Jesús valora mucho a los profetas, y también a su forma de anunciar el mensaje, y por supuesto a hacerlo con acciones simbólicas. Por ejemplo el profeta Isaías anduvo desnudo y descalzo por la ciudad de Jerusalén, así explicó luego al Pueblo, como terminarían los egipcios, siendo derrotados por los asirios y conducidos desnudos hacia la cautividad. De esta forma el profeta prevenía al pueblo, para que no hicieran alianza con el faraón de Egipto, sino que confiaran en Dios (Is 20,1-6).

También Jeremías anduvo en las inmediaciones del Templo de Jerusalén, con un yugo de buey amarrado a su cuello, para indicar lo que esperaba a los israelitas que se habían apartado de Dios, nada  menos que la derrota y la cautividad, a manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia (Jer Cáp. 27).

Así debe ser visto el gesto de Jesús. No es una acción precipitada y resultado de una justa indignación, algo de eso hubo, sí, pero hubo mucho más. Jesús quería decir algo sobre esto. Pero para comprenderlo, se deben leer los cuatro textos evangélicos y cotejarlos para reconstruir el hecho y la escena.

 

El hecho narrado por Marcos (Mc 11,15-19)

Jesús acaba de entrar triunfalmente en Jerusalén, son sus últimos días, pues este viaje a la ciudad santa, será el último antes de su muerte. Es el Mesías que entra, y el Salvador, no sólo de Israel sino del mundo. Y aquí Jesús para justificar su acción cita al  profeta Isaías y Jeremías respectivamente (Is 56,7; Jer 7,11) Ambos anunciaron que el Templo de Jerusalén sería en el futuro una Casa de oración para todos los pueblos de la Tierra. No sólo para Israel.

Jesús defiende la dignidad del Templo y quita a los vendedores del lugar en el cual estaban, pues no permitían que los no judíos, que oraban en el “atrio de los gentiles”(*) el atrio exterior del Templo (los atrios son los salones o estancias del Templo, no  la parte de afuera). A los “temerosos de Dios” que eran los simpatizantes de la fe judía, pero que no se habían animado a circuncidarse para integrarse al Pueblo de Israel, no se les permitía pasar más allá de este atrio.

¿Pero cómo puede uno rezar en el atrio donde los vendedores de animales para el sacrificio, gritan a voz en cuello sus mercaderías? Donde los cambistas cambian la moneda habitual del Imperio que tiene la efigie del emperador, por la moneda especial del Templo que no la tiene para hacer sus ofrendas. No por nada, pues en esta parte estaban las alcancías para que todos dejaran sus ofrendas.

Los pobres gentiles temerosos de Dios, ¿Cómo podían rezar allí?

Jesús se erige en defensor de estos pueblos, y afirma que ellos tienen derecho a conocer a Dios, y deben ser respetados en su deseo de conocer al Señor, aunque no se hayan circuncidado ni adoptaran las costumbres judías.

Los cristianos dejarían luego de un proceso difícil, y tras el “Concilio de Jerusalén” (He 15)

que aquellos provenientes de la gentilidad recibieran el bautismo, y se les aceptara en la Iglesia, sin pedirles la circuncisión y la observancia de los ritos judíos, y lo hicieron probablemente recordando este signo realizado por Jesús.

 

La versión de Mateo (Mt 21,12-17)

Esta versión no difiere demasiado de la de Marcos, pero hay un componente interesante: en primer lugar se le presentan algunos ciegos y cojos, son mendigos que en la puerta del Templo, piden limosna, pero según la mentalidad de la época, son indignos de entrar a la presencia de Dios, pues su enfermedad tendría que ver con un castigo del Señor, por sus pecados (Jn 9,1-3)  sin embargo son sanados y restituidos plenamente al Pueblo de Israel.

También aparecen en escena los fariseos y los sacerdotes que quieren castigar a Jesús por su acción y expulsarlo del Templo, pero no pueden hacerlo debido a que el Pueblo está con él, y por los milagros que había hecho.

Luego se indignan porque hay algunos niños que alaban a Jesús en el Templo. Pero Jesús les responde con un versículo del salmo 8 donde dice que incluso los balbuceos de los pequeños niños son la mejor alabanza a Dios, destinada a confundir a los soberbios y poderosos que se rebelan contra Dios.

El mensaje está muy claro ¿no?  Son los pobres y los pequeños los que con sus alabanzas restituyen al Templo su dignidad y lo purifican.

El Templo se había transformado en un recinto religioso donde sólo los que tenían dinero y reunían determinadas condiciones de pureza ritual podían entrar. Pero ahora el Mesías esperado según habían anunciado los profetas, devolvería a los pobres la esperanza y los integraría en el pueblo de Dios, del cual habían sido injustamente apartado. El Reino de Dios es para los pobres y pequeños, no para los soberbios y los fariseos que se sienten dueños de la Verdad (Mt 5,1-2; Mt 11,25-27).

 

La versión de Lucas (Lc 19,45-46)

Es el relato más breve, recoge la versión de Marcos, y aparentemente no habría mucho más que señalar… pero sí, hay algo más.

Luego de acontecidos estos hechos, Lucas cuenta que Jesús empezó a enseñar regularmente en el Templo, y que los fariseos y sacerdotes desearon darle muerte, pero no se animaban a hacer nada pues el pueblo le escuchaba (Lc 19,47-48).

Lucas nos dice claramente que debe haber sido esta acción de Jesús la que provocó su muerte, pues se sintieron ofendidos a causa de este comportamiento, que juzgaron grave.

Lo que ocurre es que los vendedores estaban allí porque las autoridades del Templo se lo permitían, e incluso se beneficiaban de eso, pues el 10% de sus ganancias iban para el Templo.

Por eso intentan indirectamente dejar en falsa escuadra a Jesús, y le cuestionan sobre su autoridad para hacer lo que hace.

Jesús no les contesta nada, pues pone una condición para decirles lo que piden. Les pone ante la pregunta de si ellos creen que el Bautismo de Juan era algo que venía de Dios o de los hombres.

Ellos no creían en Juan el Bautista, profeta que por otra parte, había reconocido a Jesús como el Enviado de Dios. No querían decir lo que pensaban pues el Pueblo creía en Juan, es así que salen derrotados de la presencia de Jesús, pero Jesús se ha ganado a unos enemigos mortales (Lc 20,1-8).

 

Versión de Juan (Jn 2, 13-22)

Aquí nos encontramos con una gran diferencia con los Sinópticos. En Juan, el episodio del Templo no ocurre al final del ministerio de Jesús y ante el requerimiento de las autoridades religiosas, que le piden un signo que muestre que él tiene autoridad para hacer lo que ha hecho, Jesús les reta a destruir el Templo, para que él lo reedifique en tres días.

Pero el evangelista añade enseguida que él no hablaba del Templo de Jerusalén sino del Templo de su Cuerpo.

O sea que este episodio está ligado en la teología de Juan con la Pascua de Jesús, y su Muerte y Resurrección.

San Juan, dando por sentado que sus oyentes conocían las otras versiones, dado que los Sinópticos  ya habían sido escritos hace varias décadas cuando el cuarto evangelio había sido escrito; enfoca el anuncio de Jesús y su acción profética llevándonos hacia su Pascua.

 

Conclusión:  ¿Qué fue lo que pasó?

Históricamente y desde el punto de vista narrativo debemos seguir la versión de los sinópticos.

Está más que claro que Jesús sólo busca con este signo despertar al Pueblo y a las autoridades religiosas de su época. Él mismo anunciará que el Templo que él y sus discípulos visitan será destruido y que este ha perdido su sentido (Mt 24,1-2).

No puede ser este Templo construido por el Tirano Herodes, el fundamento de la presencia de Dios  y de su Pueblo, un lugar donde sólo se ostentaban riquezas (recordemos el episodio de la viuda) (Lc 21,1-4). Un lugar donde se discriminaba a la gente y donde sólo algunos elegidos y bendecidos, podían acercarse a adorar a Dios.

Si los niños y los enfermos, atreviéndose a solicitar la atención de Jesús, molestaron profundamente a las autoridades, está muy claro que no tiene sentido que ese lugar sea el lugar privilegiado de amor y adoración al Padre Dios.

Es Jesús mismo el nuevo Templo de Dios, y su Cuerpo entregado por nuestra salvación, el lugar de encuentro, para un nuevo culto a Dios, donde no se le adorará con sacrificios de animales, que sólo eran anuncio del único y verdadero sacrificio agradable a Dios. La misma entrega de Jesús por nosotros.

Por eso no importará ya el lugar donde se adora a Dios, sino que se lo haga en Espíritu y en Verdad.  (Jn 4,21-23). Sobre todo en San Juan se percibe claramente el anuncio de la Eucaristía, como el único culto agradable a Dios.

¿Importa el lugar? Ya no, porque como el mismo Jesús lo anunció: “Donde dos o más estén reunidos en mi Nombre, yo estoy allí en medio de ellos” (Mt 18,20).

 

 

Nota: (*) La palabra “gentil” no tiene nada que ver con la buena educación sino que alude a “las gentes” expresión que designaba a los pueblos que no eran israelitas, a los extranjeros.

Eduardo Ojeda

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