(cultura): Poesía y Política. La mística de Ernesto Cardenal

“No queremos diálogo, sino otro gobierno”

Nacido en 1925, Ernesto Cardenal es quizás el poeta nicaragüense más conocido por su militancia política, los acentos revolucionarios, su simpatía hacia el marxismo, por la irreductible oposición a la dictadura y su condición de religioso. Conoció la persecución, fue encarcelado y militó en la resistencia. Tras diversos incidentes en la lucha contra la tiranía en su país, madura su vocación religiosa e ingresa en el monasterio trapense Nuestra Señora de Gethsemaní de Kentucky. En 1961 se trasladó a Colombia, donde estudió teología. Recibe en Managua las órdenes sacerdotales, en 1965. Posteriormente fundó en el archipiélago de Solentiname una comunidad religiosa que, con los años, tendría gran importancia en su vida y escritura. La política lo llevó al decidido enfrentamiento contra la dictadura de Somoza, pues tomó parte en la rebelión contra el dictador. Tras el triunfo de la revolución sandinista, fue nombrado ministro de Cultura de Nicaragua. Un periplo que aún no ha terminado, al considerarse un perseguido político de la actual pareja presidencial.

La educación recibida en el seno de una de las familias más respetadas de Nicaragua, fue propia de la clase alta, lo cual le permitió conocer desde joven las diversas corrientes del arte contemporáneo. Pese a que su origen social parecería destinarlo a no involucrarse en los vaivenes y realidades de un país castigado, muy pronto toma conciencia de la situación política bajo la dictadura de Somoza. Y así también sucederá con su producción poética. Si bien sus primeros textos serán de corte sentimental y refinado aparecerá n fragmentos con el tema social y político. Cardenal le ha otorgado a su existencia los rasgos más profundos del progresismo, pero que se armoniza con la tradición; su obra representa el avance de una generación que llevó adelante los ideales de su época en la poesía, la política, la religión y en todos los ámbitos de la cultura.

 

De Gethsemani al Evangelio de Solentiname

Cardenal narra sus propias Memorias en una extensa y apasionada trilogía (2005), lo que constituye un documento histórico que se despliega en dos escenarios.  Por un lado, allí asoma con mucha fuerza la historia trágica de nuestro continente, las luchas centroamericanas contra las dictaduras militares –particularmente en Nicaragua–, y el drama de la injerencia de Estados Unidos en todo este proceso. Desde un principio, el monje se manifiesta como un auténtico militante a favor de la construcción de una sociedad más solidaria y justa, pero es fundamentalmente el testimonio de su búsqueda personal orientada por una incuestionable fe en Dios lo que marca nuevos derroteros y originales caminos en la expresión poética. No sorprende, pues, que de esta amalgama entre  historia, experiencia política y religiosa personal surja una estética propia de las letras de América Latina. El amor a Dios se une, como en el precepto evangélico, con el amor hacia el ser humano más pobre y marginado. Su vocación religiosa como monje contemplativo lo lleva al monasterio trapense norteamericano de Gethsemani, una experiencia que dejará honda huella en sus obras poéticas tales como por ejemplo Gethsemani,KY (1961) y Salmos (1964). Reveladoras de su propio desarrollo espiritual serán las cartas que cruza con su maestro de novicios, el también monje y poeta Thomas Merton. De regreso a su patria, fundará una comunidad en la isla de Solentiname, en el lago de Nicaragua, sin dejar de participar activamente junto al Frente Sandinista en la lucha contra la dictadura. Luego del triunfo de la revolución será nombrado Ministro de Cultura y con el tiempo, se convertirá en un crítico de los gobiernos posteriores. La historia y la cultura son, por lo tanto, temas de gran importancia para su poesía. Mucho de su vivencia personal será volcada en las páginas de algunas obras tales como El estrecho dudoso, Homenaje a los indios americanos, Los ovnis de oro. Poemas Indios, Quetzalcóatl. De contenido social y político, también hay que recordar su obra Canto Nacional del año 1972; con ocasión del terremoto de Managua escribe el famoso Oráculo sobre Managua (1973). Son muchos los estudios críticos que consideran Telescopio en la noche oscura, Versos del Pluriverso y particularmente el Cántico Cósmico (1989), obras que se incorporan a la tradición de poesía mística latinoamericana.

En cuanto a la experiencia de Solentiname propiamente dicha, Cardenal nos cuenta en la introducción de su obra: “En Solentiname, un retirado archipiélago en el Lago de Nicaragua, de población campesina, teníamos los domingos en vez de un sermón sobre el evangelio, un diálogo. Los comentarios de los campesinos solían ser de mayor profundidad que la de muchos teólogos, pero de una sencillez como la del mismo evangelio. No es de extrañarse: el evangelio o ‘buena nueva’ (la buena noticia a los pobres) fue escrito para ellos, y por gente como ellos. Algunos amigos me aconsejaron que estos comentarios no los dejara perder, sino que los recogiera y los publicara en forma de libro. Por eso fue este libro […] Este libro habla de una situación particular que tuvo Nicaragua, y de la situación internacional de aquel entonces, cuando hubo una mitad del mundo que creía en el comunismo. La realidad ha cambiado mucho, pero me parece que este libro no ha perdido actualidad, y que lo que en él se dice sigue siendo válido como el mismo evangelio. La utopía de entonces es la misma de ahora, y es la que se ha venido teniendo desde los profetas. La fe y la esperanza en un mundo mejor las tienen muchos ahora más que nunca, y me parece que aquellos que no las tienen también las deberían tener”.

 

Una estética imprescindible para comprender los procesos culturales y políticos de Latinoamérica

La opción por el ser humano y su circunstancia se refleja en toda su polifacética obra.  Poesía, el ensayo, la meditación religiosa, la biografía testimonial, la hermenéutica bíblica, la escultura, la política y la teología se despliegan a través del lenguaje entendido como manifestación colectiva en continua interacción entre el individuo y la sociedad. Por eso, la calidad literaria de Ernesto Cardenal, no se mide por los múltiples premios que ha recibido, sino que radica en la fuerza expresiva de la palabra inmersa en lo cotidiano, pero sin dejar de considerar que el mundo tiene visos de sagrado y de divino. Y en ese escenario, recupera una voz humana conectada con Dios y la vida misma. La religiosidad popular y la teología de la liberación ocupan un lugar preponderante en su obra, pero la gran protagonista es el alma que reconociéndose pecadora intenta acercarse a Dios. Así está bellamente expresado en las Cantigas del Canto Cósmico, o en algunos versos de la siguiente selección:

 

Salmo 5

Escucha mis palabras oh Señor
Oye mis gemidos
Escucha mi protesta
Porque no eres tú un Dios amigo de los dictadores
ni partidario de su política
ni te influencia la propaganda
ni estás en sociedad con el gángster.

No existe sinceridad en sus discursos
ni en sus declaraciones de prensa

Hablan de paz en sus discursos
mientras aumentan su producción de guerra

Hablan de paz en las Conferencias de Paz
y en secreto se preparan para la guerra

Sus radios mentirosos rugen toda la noche

Sus escritorios están llenos de planes criminales
y expedientes siniestros
Pero tú me salvarás de sus planes

Hablan con la boca de las ametralladoras
sus lenguas relucientes
son las bayonetas…
Castígalos oh Dios
malogra su política
confunde sus memorándums
impide sus programas

A la hora de la Sirena de Alarma
tú estarás conmigo
tú serás mi refugio el día de la Bomba

Al que no cree en la mentira de sus anuncios comerciales
ni en sus campañas publicitarias, ni en sus campañas políticas
tú lo bendices
lo rodeas con tu amor
como con tanques blindados.

Oficio Nocturno

2 AM. Es la hora del Oficio Nocturno, y la iglesia
en penumbra parece que está llena de demonios.
Esta es la hora de las tinieblas y de las fiestas.
La hora de mis parrandas. Y regresa mi pasado.
“Y mi pecado está siempre delante de mí”

Y mientras recitamos los salmos, mis recuerdos
interfieren el rezo como radios y como roconolas.
Vuelven viejas escenas de cine, pesadillas, horas
solas en hoteles, bailes, viajes, besos, bares.
Y surgen rostros olvidados. Cosas siniestras.
Somoza asesinado sale de su mausoleo. (Con
Sehón, rey de lo amorreos, y Org, rey de Basán).
Las luces del “Copacabana” rielando en el agua negra
del malecón, que mana de las cloacas de Managua.
Conversaciones absurdas de noches de borrachera
que se repiten y se repiten como un disco rayado.
Y los gritos de las ruletas, y las roconolas.
“Y mi pecado está siempre delante de mí”

Es la hora en que brillan las luces de los burdeles
y las cantinas. La casa de Caifás está llena de gente.
Las luces del palacio de Somoza están prendidas.
Es la hora en que se reúnen los Consejos de Guerra
y los técnicos en torturas bajan a las prisiones.
La hora de los policías secretos y de los espías,
cuando los ladrones y los adúlteros rondan las casas
y se ocultan los cadáveres. Un bulto cae al agua.
Es la hora en que los moribundos entran en agonía
La hora del sudor en el huerto, y de las tentaciones.
Afuera los primeros pájaros cantan tristes,
llamando al sol. Es la hora de las tinieblas.
Y la iglesia está helada, como llena de demonios,
mientras seguimos en la noche recitando los salmos.

De: Gethsemani

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