(catequesis de adultos): ¿BAUTISMO DE NIÑOS?

Ex presidenta Mary McAleese

La católica ex presidenta de Irlanda Mary McAleese dijo hace poco que el bautismo de bebés viola los derechos humanos. “No se puede imponer obligaciones a personas que apenas tienen dos semanas. No se puede decirles a los 7-8 años, a los 18-19 años: “esto es lo que has contraído, lo que has firmado”, porque la verdad es que no lo ha hecho. El actual modelo de bautismo funcionó durante muchos siglos por qué la gente no entendía que tenía derecho a decir que no, el derecho a no hacerlo. Esto produce niños reclutas a lo que se les exige obligaciones de obediencia vitalicia”.

Estos conceptos parecerían a primera vista de sentido común y muchos seguramente los comparten. Tampoco son nada nuevo. Obviamente no se imponen obligaciones a un niño recién nacido, el cual no puede contraer ni firmar nada. El niño recibe este sacramento de la misma manera que recibe todo lo demás: en dependencia de los adultos. Como es sabido, los niños dependen de sus padres, los cuales dan a sus hijos lo mejor que poseen en lo material, intelectual, moral y religioso. Así como los padres no preguntan a sus hijos si quieren asomarse a la vida, si quieren comer, si quieren ir  la escuela etc., seguros de que más tarde se lo agradecerán, así pasa con la fe. Uno que no ha sido educado desde niño a ir a la escuela, a rezar, a vivir los valores cristianos, muy difícilmente lo hará cuando sea grande. Además, de cualquier manera, el ejemplo de los padres modelará a los hijos a su semejanza. La educación integral y por ende también religiosa de los hijos es un deber de todos los padres. Ya s. Tomás de Aquino en plena Edad Media defendía el derecho de los padres judíos a trasmitirles a sus hijos su fe judía. Los cristianos sabemos que la fe no se la da uno mismo; es un don gratuito de Dios (no es fruto de esfuerzos o meritos) que se recibe en el bautismo y que se alimenta  de lo que uno ve y oye, ya desde chico, por parte de sus propios seres queridos. Lo que es verdad es que cuando el niño llegue a ser adulto deberá efectivamente y en plena libertad hacer su elección de vida. Se lo invitará a personalizar y profundizar su fe con la profesión de los demás sacramentos de iniciación cristiana y adquirir convicciones propias. Es verdad también que el bautismo presupone la fe, pero en el caso de los niños suple la fe de los padres, de los padrinos, de la comunidad cristiana que deben acompañarlos en el crecimiento de su fe. Ya decía un escritor cristiano antiguo, Tertuliano: “El cristiano no nace, se hace”. Si no hay una preparación para eso de los padres y la debida garantía de una educación cristiana, la Iglesia puede no negar pero sí retrasar el bautismo. En realidad el verdadero desafío no es la edad o la supuesta libertad de los niños , sino la irresponsabilidad y en todo caso la superficialidad de muchos padres que bautizan a sus hijos por simple tradición o costumbre.                                                                           P.C.

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