(ANIVERSARIO): LA SAGA DE DON CAMILO

Hace 50 años moría el 22 de julio de 1968 Giovanni Guareschi, el autor de “Don Camilo: un mundo pequeño”. Es una saga traducida en películas exitosas en todo el mundo y que cuenta la vida de la pobre gente sobre la ribera del río Po (Italia) y las aventuras de un cura de pueblo. El 10 de noviembre de 2015 el papa Francisco en Florencia, hablando de los grandes santos italianos, recordaba: “Pensemos también en la sencillez de personajes inventados como don Camilo en pareja con Pepón. Me impresiona como en las historias de Guareschi la oración de un humilde párroco está unida a la evidente cercanía con su gente. Don Camilo decía de sí mismo: “Soy un pobre cura de campaña que conoce a sus parroquianos uno por uno y los ama, conoce sus dolores y alegrías, sufre y ríe con ellos”. Hace falta hoy también una Iglesia humilde y cercana a la gente. Cercanía a la gente y oración son las llaves para vivir un humanismo cristiano popular, humilde, generoso y alegre”.

EL CURA Y EL ALCALDE

Aparentemente en los cuentos de Guareschi se trata de la lucha entre el párroco don Camilo y el alcalde comunista Pepón en una provincia roja de la Italia de la posguerra, pero en realidad se describe toda una época en la que se vivía separados en bloques ideológicos, con muros de acero. De la obra de Guareschi se han vendido 23 millones de copias. El escritor empieza describiendo con fuertes pinceladas ese “pequeño mundo de un mundo pequeño plantado en un pedazo de tierra fértil y chata entre el gran río y el monte. De invierno hay una niebla densa y helada, de verano un sol despiadado que golpea los cerebros como un martillo; pero los hombres son siempre hombres”. Todo es real en la prosa de Guareschi. Ese pequeño mundo es el pueblito de Brescello (Parma) de la “bassa” (=llanura) parmense, “perdido en medio de campos de alfalfa, con hileras de álamos en los vallados del río, donde basta fijarse en una casa de la campaña hundida en medio del maíz y enseguida nace una historia”. Guareschi sigue describiendo la vida dura de aquellos trabajadores que luchan con el río que desborda, destacando sus virtudes y defectos, sus logros y peleas. Sobresalen los dos protagonistas del pueblo: un cura beligerante que lucha contra el comunismo no siempre de manera correcta, pero que quiere a su gente; y el alcalde comunista, un mecánico semianalfabeto y arrogante pero que en el fondo tiene un buen corazón y aprecia a don Camilo. Son dos enemigos amigos y siempre logran acordarse cuando se trata del bien del pueblo o está el río en crecida. Son intransigentes en los  principios pero se encuentran a nivel humano. Es la historia de aquellos tiempos de la posguerra de Italia en que los comunistas eran católicos que iban a misa pero luchaban en contra de los curas terratenientes y de la Iglesia por la justicia social. Toda la saga está penetrada de un sano y gran humorismo, de una fina ironía que busca relativizar los bloques ideológicos y levantar los valores humanos. Guareschi era un católico convencido y tuvo problemas hasta con la Democracia Cristiana a la que acusaba de haber abandonado los principios cristianos. En las discusiones apasionadas entre don Camilo y Pepón, siempre termina ganando el primero y eso refleja la postura cristiana y anticomunista del autor. A primera vista son dos los protagonistas de la saga, pero en realidad son tres y el tercero es el más importante. Se trata del Cristo Crucificado del altar mayor que todos los días habla con don Camilo para aconsejarlo, alentarlo, reprenderlo hasta severamente y a veces responderle con una sonrisa a sus ocurrencias.

 

EL TERCER PROTAGONISTA

El escritor y sacerdote católico Alessandro Pronzato ha escrito libros de profunda simpatía hacia don Camilo. En el libro: “Il don Camilo de Guareschi: un cura como se debe”, escribe: “El verdadero don Camilo no es el personaje con la cara de Fernandel en el cine; el verdadero don Camilo se encuentra leyendo los 346 cuentos de Guareschi y tiene las virtudes de un cura ejemplar, si bien con sus defectos”. La imagen de don Camilo traducida al cine es reductiva y a veces caricatural. Guareschi no reconocía a don Camilo en el personaje interpretado por Fernandel, aún si apreciaba el trabajo profesional de Fernandel Desiré y Gino Cervi. En la presentación del cine “Don Camilo monsignore ma non troppo” (1961) Guareschi abandonó la sala de cine enojado por las “interpolaciones y contaminaciones inaceptables”; veía a su personaje totalmente ridiculizado, al que le daba lo mismo agarrar el breviario  o un fusil. En el libro “Breviario de don Camilo” Alessandro Pronzato hace una síntesis de las hermosas intervenciones del Cristo Crucificado del altar mayor, el tercer protagonista. Don Camilo tiene un carácter fuerte y vive un clima de guerra fría; para él “el Evangelio es buena noticia, pero es cosa seria”. Por eso todos los días acude a la oración, se desahoga y dialoga con el Cristo. Es un cura pobre, sin ambiciones, obediente a la voz de Cristo y del obispo, aunque le cueste a su carácter independiente; pero nunca se rebela. Demuestra un humorismo sabio que no divide el mundo entre buenos y malos y sabe acercarse a todos, en el ambiente comunista de la Emilia roja. Posee calidades y defectos, cae en excesos y desmesuras, pero a pesar de todo prevalece la ternura y el perdón, nunca el odio. Sabe intuir lo bueno que hay más allá de las cortezas. En las dificultades se aferra a la cruz del altar mayor y cuando el obispo lo envía a un pueblito de montaña, se lleva la pesada cruz a cuestas. Al Cristo le cuenta los problemas de su gente, de las ovejas que andan perdidas, su desaliento por predicar en vano, sus broncas, sus alegrías. El verdadero antagonista de don Camilo en los años del Concilio ya no será Pepón sino el curita joven que le envía el obispo como capellán: don Chichí. Este no lleva sotana, habla fácil pero es sabiondo y presuntuoso. Quiere cambiarlo todo y enseguida; y el templo se vacía. Don Camilo se queja amargamente porque “se van los viejos y no llegan los jóvenes; se quiere acercar a los lejanos y nos abandonan los vecinos”. Y entonces le pregunta al Cristo (porque sabe que Él lo entiende) como hay que portarse. Y el Cristo: “Hay que hacer lo que hacen los campesinos cuando el río avanza, supera los terraplenes e invade los campos. Hay que salvar la semilla para cuando el río vuelva a su lugar y de nuevo salga el sol. La semilla es la Fe, don Camilo”.

 

JUAN XXIII Y DON CAMILO

Cuenta Pronzato que Juan XXIII pensaba que el Catecismo de aquel entonces no era más actual y que había que hacer un Catecismo accesible a todo el pueblo cristiano; y quería confiarlo a la pluma de un escritor popular, acompañado por un teólogo. El cura Giovanni Rossi de la Pro Civitate Cristiana le indicó el nombre de Giovanni Guareschi y el Papa se manifestó totalmente de acuerdo. El proyecto no se llevó a cabo porque Guareschi no se consideraba adecuado para la tarea y había aire en contra en la curia vaticana. Efectivamente Guareschi tenía enemigos entre los profesionales de la literatura que no lo consideraban un verdadero escritor, entre los comunistas que lo rechazaban por bufón y entre los curiales del Vaticano por heterodoxo. Por eso escribía: “Si los curas se sienten ofendidos los autorizo a tirarme un cirio en la cabeza; si los comunistas se sienten ofendidos pueden pegarme con un trancazo. Pero si alguien se siente ofendido por las enseñanzas del Cristo, no hay nada que hacer; quien habla en realidad no es Cristo sino la voz de mi consciencia”. En efecto era la voz de Cristo, el principal protagonista, la que hablaba a través de la conciencia cristiana de Guareschi. A ese Cristo Crucificado que todo el pueblo unido sacaba en procesión  cuando el Po estaba en crecida, hasta el día de hoy se lo venera en la iglesia de Brescello y se lo lleva aún en procesión por el caserío de la campaña. No por nada Guareschi repetía: “De mis personajes, es Cristo que me pone más en aprieto. Es a Él que me cuesta más hacer hablar”. Más allá de las figuras exóticas de don Camilo y Pepón en el valle del Po de la Italia provinciana de la posguerra, más allá de las calles polvorientas de la “bassa” parmense, esta es sobre todo una historia de fe.

PRIMO CORBELLI

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