(Tema Central) 200 AÑOS DE KARL MARX

En el marco de los 200 años del nacimiento de uno de los pensadores más importantes y polémicos de la modernidad, la Revista UMBRALES le ha consultado a tres expertos cristianos provenientes del pensamiento filosófico, sociológico y económico sobre su relevancia, luces y sombras y eventuales puntos de contacto con el pensamiento social de la Iglesia.

Nelson Villarreal (licenciado en filosofía, actual Secretario de Derechos Humanos de Presidencia de la República), Pablo Guerra (Doctor en Ciencias Humanas, Coordinador de la Red Temática de Economía Social y Solidaria de la UdelaR) y César Failache (economista, ex vice presidente del Banco Central del Uruguay) responden a las siguientes tres preguntas:

  • ¿Qué es lo que hace de Marx uno de los intelectuales más polémicos incluso a 200 años de su nacimiento?
  • ¿cuáles son a su criterio las luces y las sombras de la obra de Marx?
  • ¿Hay puntos de contacto entre el pensamiento marxista y la Doctrina Social de la Iglesia? ¿Cómo lo analiza usted en su práctica profesional como cristiano?

 

¿Qué es lo que hace de Marx uno de los intelectuales más polémicos incluso a 200 años de su nacimiento?

PABLO GUERRA

La obra de Marx es muy compleja de tratar, al menos por cuatro razones. La primera es por su extensión. Si tomamos como base el año 1843, cuando se hace comunista en París, hasta su muerte acaecida en 1883, tenemos cuarenta años de muy denso trabajo que muchos autores dividen en dos partes: la del joven Marx y la del Marx adulto, la primera etapa más claramente filosófica, la segunda más orientada hacia la economía. En segundo lugar la complejidad tiene que ver por lo intrincado e incluso a veces contradictorio en muchos de sus pasajes. Recordemos en este punto que varios textos compartieron pluma con su camarada Engels, un intelectual con mayor experiencia en el manejo de la economía y algo más ortodoxo. En tercer lugar por la multidisciplinariedad que atraviesa su obra, donde podemos distinguir  marcos teóricos por momentos más propios de la historia, otros más filosóficos, sociológicos o económicos. La cuarta razón es la que explica lo polémico de su obra: además de pretensiones científicas, la obra de Marx es abiertamente política. Ello notoriamente no es exclusivo de Marx, sino que es algo característico de muchos intelectuales que destacaron en el contexto de la cuestión social del S. XIX. La diferencia con otros autores, sin embargo, es la trascendencia que el marxismo tuvo en buena parte del movimiento obrero y de los partidos políticos de orientación socialista y fundamentalmente comunista, sobre todo luego de la Revolución Bolchevique. Con la Guerra Fría, la polarización política e ideológica hizo el resto: a Marx o se lo endiosaba o se lo endemoniaba.

En lo particular siempre traté de desmarcarme de esta visión en blanco o negro. Como sociólogo me enseñaron a respetar a los clásicos. Y Marx es uno de ellos. También me enseñaron a leerlos de la fuente. Y con Marx eso es no solo una recomendación, sino fundamentalmente una obligación, habida cuenta tanta tergiversación ya sea por parte de cierta derecha o por parte de cierta izquierda.  

 

CÉSAR FAILACHE

Una advertencia antes de contestar: las notas que siguen son una primera reflexión a preguntas tan relevantes como las que se formulan, y quiero explicar el riesgo del error y la simplificación excesiva que he tomado al sintetizar las respuestas que siguen.

Lo que hace a Carlos Marx una persona relevante desde mediados del siglo XIX a la actualidad es su vida y su obra, por la relevancia que ha tenido en la conformación del mundo actual. Una vida y obra polémica.

Su vida, si se atiende a su compromiso y dedicación a la construcción del movimiento obrero del siglo XIX. Junto a sus compañeros, entre los que se destaca Federico Engels,  llevan adelante la labor de organización de grupos activistas, sindicatos y partidos políticos orientados a la crítica del sistema capitalista y a la reivindicación de los derechos de los trabajadores. Participa activamente en los inicios de los movimientos socialistas, comunistas y sindicales que han moldeado la historia desde mediados del siglo XIX al presente.

Su obra ha sido y continúa siendo polémica. Si tuviera que definir en un solo aspecto que defina porque es polémica, elijo su crítica ética al capitalismo. Crítica ética porque nos descubre partícipes de un modo de producción que moldea nuestra sociedad, basado en la explotación de los trabajadores.

El sustento de su crítica proviene de tres fuentes. En primer lugar, de su concepción filosófica basada en la filosofía alemana, especialmente de Hegel, que sostiene frente a los primeros embates del positivismo. En segundo lugar, del análisis de la economía de su tiempo, que Marx emprende en base a su estudio de la Economía Política inglesa. Por último, de las discusiones que mantiene, a veces de manera excesivamente cruel y hasta sectaria, con los denominados socialistas utópicos franceses, que también estaban buscando la forma de construir una sociedad alternativa a la de su tiempo.  

El primer aporte de Marx que quiero destacar, simplificando excesivamente la respuesta a la pregunta, es su concepción del ser humano como un ser necesitado de los otros. Para constituirse como sujeto social, cada individuo debe insertarse en el entramado productivo que resulta de la división social del trabajo, y realizar el esfuerzo de des-alienar la conciencia de su propia existencia como ajena al esfuerzo anónimo de miles de trabajadores que le proveen de las mercancías necesarias a la mera subsistencia. Romper lo que llama el fetichismo del mundo de la mercancía es la propuesta con que se inicia El Capital. De esta manera pone en el centro del debate la cuestión de la reproducción material de la sociedad. Y como se resuelve este problema es la pregunta que sostiene la teoría materialista de la historia de la humanidad, y que intentará responder a partir de un enfoque particular de la historia de la humanidad.

El segundo aporte de Marx, proviene de su interés por el problema de la distribución del ingreso social, tema que ha adquirido especial relevancia en las primeras décadas del siglo XXI. Para considerar este problema Marx profundiza en el enfoque de la Economía Política inglesa, propuesta por Smith y perfeccionada por Ricardo. En particular se afilia a la teoría del valor-trabajo, que postula que son las horas de trabajo socialmente necesario la que explican el valor de las mercancías. Asimismo, que dichas horas no vuelven por concepto de salario al trabajador, sino que comprenden un excedente, o plusvalía, apropiado por la clase capitalista (y sus fracciones: capital productivo, financiero y tierra) como ganancia del capital necesario para llevar adelante el proceso productivo. El fundamento de la crítica al capitalismo como un modo de producción basado en la explotación se encuentra -para Marx- en esta particular concepción de la distribución basada en la teoría del valor trabajo.  

En tercer lugar, destacar que la labor del Marx economista se inscribe en el estudio de una corriente teórica particular: la Economía Política Clásica. Si bien realiza aportes de tipo analítico, creo que el aporte principal es poner a prueba dicho enfoque, realizar su valoración crítica, a partir de las categorías de la filosofía de Hegel, y de las propuestas socialistas de su tiempo (del socialismo utópico francés, pero también de la propuesta contenida en el ¨Programa de Gotha¨ del futuro Partido Socialdemócrata Alemán (SPD).  Además, adopta como método la consideración de las experiencias históricas, como declara en el famoso ¨Prólogo a la crítica de la Economía Política¨ de 1859.  

Visto desde hoy, las siguientes tendencias destacadas por Marx, especialmente en El Capital, siguen siendo temas de estudio y especialización de los economistas:  

  1. La acumulación de capital como principal motor de funcionamiento del modo de producción capitalista;
  2. La constante presión a aumentar la productividad de cada hora de trabajo que el trabajador pone a disposición del capitalista, vendiendo su fuerza de trabajo a cambio del salario. Importa retener esta distinción, propia de Marx, entre trabajo y fuerza de trabajo,  como dos categorías separadas;
  3. La tendencia de las economías capitalistas a la introducción de un tipo particular de cambio técnico, basado en el ahorro de trabajo sustituyéndolo por capital, causa principal del aumento de desocupados, que conforman el denominado ¨ejército industrial de reserva;
  4. La tendencia del modo de producción capitalista a extenderse a escala planetaria, como se dice en el Manifiesto Comunista: ¨Bajo pena de muerte, obliga a todas las naciones a adoptar el modo burgués de producción, las constriñe a introducir la titulada civilización; es decir, a hacerse burguesas. En una palabra: se forja un mundo a su imagen¨
  5. La creciente desigualdad en la distribución del ingreso, y los procesos de concentración y centralización del capital.
  6. La recurrencia de las crisis económicas, aspecto que explica el resurgimiento de Marx más reciente, en ocasión del colapso financiero de 2007-8 que inaugura un período de crisis persistente hasta hoy.

En cuarto y último lugar, quisiera destacar un tema por demás polémico, que refiere a los límites de la democracia liberal. Si bien ya Smith sostenía que el Estado se establece como defensa del rico contra el pobre, Marx cuestiona la capacidad del Estado para atender al bien público. Sostiene que la tradición liberal confía en que el Estado preserva las libertades formales, en particular el derecho de propiedad, incluyendo el derecho a la propiedad de la fuerza de trabajo de cada persona, derecho no reconocido en el feudalismo, por ejemplo. Pero pone en cuestión que el Estado se comprometa a aumentar las libertades reales de todas las personas, dada la dependencia del propio aparato estatal de la marcha de la acumulación de capital, que, como se ha visto, no garantiza ni se orienta a dicho objetivo. La democracia parece solo como un mecanismo procedimental basado en elecciones de partidos dentro del capitalismo, por lo que Marx plantea la lucha revolucionaria para implantar el socialismo y comunismo.

 

NELSON VILLARREAL

Hay que situar a Karl Marx en varios contextos y planos si queremos ver su impacto tanto en la sociedad, la economía, la política, la historia de las ideas y la filosofía, que es el tema que fundamentalmente abordaré.

No podemos leer de manera simple la tesis XI de Marx “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo.”; habría que reconocer en esa afirmación la denuncia a la disociación entre el pensamiento intelectual y la acción humana, a la vez que desafiar a comprender la acción, el pensamiento y la realidad en una perspectiva dialéctica (de contradicción) y analéctica (de alteridad). No solo de síntesis teórico-práctica, sino de experiencia dialógica de la persona y la sociedad.

En estas pocas líneas no puedo abordar la relación con Hegel y el idealismo alemán, con el socialismo y la revolución francesa, como con la revolución industrial y la economía inglesa que configuran las distintas fases de su pensamiento.

Más que un intelectual polémico podemos decir de Karl Marx, que emerge como uno de los intelectuales más desafiantes para entender la integralidad de la realidad como un proceso dinámico que debe cambiar hacia la plenitud de lo humano y de la sociedad para trastocar la realidad de desigualdad, alienación y deshumanización que afecta a las grandes mayorías de la humanidad. A pesar que su contexto positivista lo reduce al reduccionismo de la ciencia como dominio racional-cuantitativo, tiene implícito el impulso utópico que destacará E. Bloch, que con su postulación del “principio esperanza” será el puente de sinergia con el cristianismo

Dirá el jesuita francés Jean Yves Calvez, experto en el pensamiento de Marx “Un elemento fundamental en la labor teórica de Marx será su crítica a todos los niveles. La «crítica» implica un talante personal…. Con razón eligió a Prometeo como el primero y más grande de los mártires: prefería el tormento al servilismo. «No puedo realizar en calma —escribía en su juventud— lo que se impone a mi alma, y, huyendo de las comodidades y del reposo, me precipito siempre al combate…Hay que atreverse a emprenderlo todo, sin tregua ni descanso, huir de la apatía que nos aparta de la voluntad y de la acción, no refugiarse en estériles meditaciones y no doblegarse vilmente bajo el yugo, pues siempre nos quedarán el deseo y la esperanza que nos lleva a la acción».”

El método filosófico de Marx será la crítica, como concreción práctica, dialéctica entre teoría y práctica, asumida como praxis, lo que sitúa un pathos socio-cultural-histórico que se expresa en  lo macro como en lo coyuntural. La filosofía no podrá ser la abstracción sino el análisis del devenir en la historia y la realidad social que enfrenta el desorden social establecido, al decir de Emmanuel Mounier. Muchos de sus seguidores dogmáticos perderán la perspectiva del método y transformaran su filosofía en una ideología.  Por lo que una cosa es Marx como intelectual comprometido y otra los que se adscriben al marxismo como ideología, lo que parece contradictorio con el propio referente. Sin embargo distinguir método y utopía sin pretender reducirlo a un dogma es lo que podríamos decir que es lo que permanece como aporte a la historia de las ideas.

Su filosofía se articula en torno al intento de superar el estancamiento en que se hallaba todo el pensamiento en aquel momento, cuya inflexión principal era la incapacidad para abordar los problemas humano-sociales en su misma raíz; busca dar integralidad a un corpus de ideas que expresan filosofía, política y economía en un sistema con pretensión “científica” de la realidad.

 

¿Cuáles son a su criterio las luces y las sombras de la obra de Marx?

PABLO GUERRA

En primer lugar quiero aclarar que me referiré a la obra intelectual de Marx y no a cómo se le ha interpretado y aplicado por parte de los regímenes marxistas – leninistas. Eso sería harina de otro costal. Teniendo en cuenta lo anterior paso a responder la pregunta que se nos formula.

Lo más positivo en la obra de Marx (y también de Engels, ciertamente) tiene que ver con la crítica al capitalismo como sistema que genera explotación del trabajo y amplias injusticias sociales a favor de quien detenta y concentra el poder económico en el marco del libre mercado. Su intento por crear una macro teoría poniendo énfasis en cómo se dan los vínculos entre las relaciones sociales de producción y las fuerzas de producción, continúa siendo ilustrativa, aunque claramente no explique mecánicamente cómo opera el cambio social, mucho menos en términos deterministas. Pero definitivamente, cualquier crítica hoy al capitalismo (y vaya si desde el pensamiento social cristiano se le ha cuestionado y condenado), a la globalización y a la inseguridad laboral que convive con cada vez mayor concentración de riquezas,  debe considerar a Marx como una de sus fuentes más legítimas. El detenimiento en el papel que las clases sociales cumplen en los diferentes formatos económicos, también lo considero un gran aporte del marxismo, no así la teoría de la lucha de clases como motor de la historia, que no comparto. Marx sin duda contribuyó a analizar al hombre en sociedad desde un punto de vista realista, alejado de aquellas lecturas que menosprecian el papel de las estructuras económicas. Otros aspectos positivos tienen que ver con la centralidad que le dio a conceptos como la alienación y enajenación o el fetichismo de la mercancía, hoy tan actuales.

Del otro lado de la balanza mencionaría la dificultad que su marco teórico tiene para dar cuenta del actual capitalismo, muy diferente al de 200 años atrás. También mencionaría la falta de atención a otras estructuras más allá de las económicas o al papel que lo político y lo cultural desempeñan en el entramado social, aspectos que algunos neomarxistas mejorarían tiempo después. Otra de las sombras de Marx fue ese presunto cientificismo que le atribuyó a su marco teórico y que le distanció de otras corrientes claramente anticapitalistas pero a las que tildaba despectivamente como utópicas y precientíficas.

Yendo a algunos asuntos más concretos y en relación a mi propia experiencia analizando economías alternativas, observo algunas carencias del marco teórico marxista. Desde el punto de vista del materialismo histórico, por ejemplo, su concepción de “modos de producción” desatiende las lógicas sociales y económicas que no se catapultan como centrales en el modelo, y cuando hace referencia a éstas, priman las inconsistencias. Por ejemplo, subestima las relaciones de reciprocidad, no así las relaciones de redistribución. Por lo demás, su especial hincapié en el concepto de propiedad menoscaba la importancia de las formas de trabajo y distribución  independientes de lo que el propio Marx llamó “relaciones sociales de producción”. De hecho, reducir éstas a los vínculos de las personas con respecto a la propiedad de los medios de producción parece muy lineal y pierde de vista otros fenómenos que pueden operar como alternativos. Lógicamente que muchas de las aseveraciones se hicieron desconociendo posteriores investigaciones antropológicas que hubieran obligado a reconsiderar algunas formulaciones.

Un ejemplo sobre la falta de atención a las lógicas que inscriptas dentro de determinado modo de producción, sin embargo aparecen a primera vista como distintas a las formas hegemónicas, es su análisis sobre el cooperativismo. ¿Cómo reacciona Marx ante este fenómeno? Sin duda las principales reflexiones las realizaría en el marco de los Congresos de la Asociación Internacional de Trabajadores de 1864 y 1868. Por lo general, la postura de Marx en estos Congresos, promovidos por muchos trabajadores que abrazaban el cooperativismo como forma de superar el sistema capitalista, fue positiva hacia estas experiencias. Sin embargo, en el 18 Brumario de Luis Bonaparte, se despacha contra estas formas asociativas, en el sentido que “renuncian a transformar el viejo mundo…”. Esta visión del cooperativismo como funcional al capitalismo, y agente de retraso de lo adveniente por medio de la lucha de clases, terminaría primando en el contexto leninista por mucho tiempo y afectando el papel transformador que en los hechos estas formas alternativas tuvieron desde siempre.

El caso de la plusvalía, central en el análisis del proceso de valorización capitalista, también arroja debilidades, la mayoría de ellas en verdad compartidas con todos los clásicos que partieron de la teoría de valor – trabajo. Guiado por un propósito noble (desentrañar las relaciones de explotación) termina por elaborar una teoría que hoy resulta al menos inoperante. Recordemos que Marx es anterior a los primeros economistas que abandonaron al trabajo como fuente de valor y recurrieron al sistema de precios determinados por el mercado.  Aún así, sus aportes teóricos en esta materia obligaron a poner un gran esfuerzo intelectual en los mecanismos de distribución al interior de los procesos productivos y en el papel que el salario cumple no solo como pago a un factor productivo, sino fundamentalmente como instrumento para mejorar la calidad de vida de los trabajadores.

Un último aspecto controvertido y que considero flaco en la obra de Marx es respecto a su visión sobre la religión. Aquí Marx (heredero solo en parte de los planteamientos filosóficos de Feuerbach) a  diferencia de otros clásicos de la sociología, creyó que la religión era funcional al control social por parte de las clases dominantes. Si bien puedo entender la alienación que por momentos pueden ejercer las instituciones religiosas, creo que Marx generaliza y se pierde la oportunidad de distinguir a la religión como tal de expresiones religiosas que claramente pueden ser reaccionarias.

 

CÉSAR FAILACHE

Personalmente considero la obra de Marx como un gran aporte por su denuncia de las injusticias de su tiempo y su compromiso personal. Pero no fue un trabajo en solitario, y los temas que trata aparecen en autores hasta ahora insospechados, ignorados o simplificados. Las recientes relecturas de la obra de Adam Smith apuntan en ese sentido.

Hay un aspecto especialmente peligroso del proyecto de Marx, su pretensión anti-utópica y cientificista, que conduce a simplificar los problemas. Las consideraciones sobre la cuestión nacional, las guerras, la vinculación entre imperialismo, colonialismo y capitalismo, la cuestión agraria, la reivindicaciones de las minorías,  la cuestión del método de investigación marxista, la relación entre ética, marxismo y filosofía, la cuestión del alcance del desarrollo, la identidad cultural, la cuestión política respecto a la táctica y la estrategia de la lucha de clases, están planteadas como temas candentes.

Sin duda que la cuestión del cambio político está abierta a debate.  La implosión soviética ha puesto en entredicho un proyecto que se proclamó heredero de Marx, y la pujanza de China en su fase reciente amerita considerar su compromiso con el legado de Marx.  ¿Se trata de experiencias que se llevaron adelante en pos de suplantar el modo de producción capitalista por el socialismo y el comunismo? ¿Cuál es la causa de la implosión de una y el desarrollo reciente de la otra? La crisis reciente ¿ha puesto en cuestión nuevamente la tesis de Marx de que el sistema se derrumbaría por sus defectos intrínsecos?  Las tendencias destacadas por el Marx economista, ¿pueden ignorar las peculiares formas políticas de las sociedades capitalistas actuales?

Sin duda que se debe evitar la lectura reduccionista de Marx, para acompañados con Marx ir más allá de Marx.

 

NELSON VILLARREAL

Marx al plantear el carácter científico de su análisis y propuestas consideraba que los estudios sociales podían alcanzar la misma precisión y certeza que la física. Denostando el sentido positivo y trascendente de la utopía perdió la exterioridad para que se pudiera dar la autocrítica a los procesos históricos que se generaron inspirados en su pensamiento.  Ese reduccionista eclosionó con el propio positivismo y las experiencias históricas del socialismo real. Desde la Escuela de Franckfurt, el pensamiento de Gramsci, hasta el marxismo analítico se genera en parte esa variación crítica. El filósofo de origen marxista Edgar Morin con el pensamiento de la Complejidad, como los filósofos latinoamericanos Enrique Dussel, Hinkelamert, José Luis Rebellato, Yamandú Acosta o el teólogo-filósofo Juan Luis Segundo,  mostrarán la condicionalidad y el rescate de lo que permite el aporte aun permanente para la crítica y análisis social.

En tal sentido la autonomía relativa que adquiere la política en relación a la economía, como a la inversa y el rol que supone la construcción de procesos sociales de cambio que superen desigualdades y alienaciones a través de la democracia, como la autonomía de la sociedad respecto al Estado, instala un límite a la teoría marxista original que no podía percibir las mediaciones del devenir social que no es lineal.

Sigue siendo fundamental cómo Marx ve la historia del hombre en sociedad como la relación fundamental hombre-naturaleza-hombre y ello es clave para permitir la reconciliación del ser humano consigo mismo, la sociedad y la naturaleza. Más allá que se plantea solo como inmanente La historia se desarrolla a partir de la mediación que pone en relación al hombre con otros hombres y a estos con y en la naturaleza, lo que llamamos trabajo como eje estructurador de lo que nos humaniza. Trabajo que no se reduce a empleo o capital sino a acción humana que desencadena todo lo humano y que lo que genera es a la condición social y personal al decir de Juan Pablo II en la Laborem Exercens, como también retoma la OIT. Los procesos acelerados de producción e innovación actual, previstos por Marx, suponen reconocer que la creatividad y acceso al capital que genera la sociedad no depende solo de la acción individual sino fundamentalmente social que debe ser constantemente socializada en base al principio de “a cada cual según su necesidad y a cada quien según su capacidad”  El hombre al transformar la naturaleza, se transforma a sí mismo y ello lo aliena o humaniza. Sin embargo como dirá Simone Weill el acto productivo sin contemplación impide la plena realización humana. El desarrollo de las fuerzas productivas son los hechos históricos básicos, constituyen en un aspecto el fundamento de la historia que incorpora también todo lo que deriva de ella. Experiencia y conciencia están muy ligadas y condicionadas lo que vale para sujetos sociales, políticos o culturales, como locales y en lo personal. Es decir que la influencia del modo de vida real del hombre en sus pensamientos y sentimientos está íntimamente ligada a la estructura económica social que explica la superestructura jurídico- político- ideológica de una sociedad.
A la vez la subjetividades que se generan no son lineales sino que adquieren una relativa autonomía como dimensión cultural al decir de Gramsci y fue estudiado por el teólogo Giulio Girardi en los roles de la religión en la transformación social de la emancipación humana. Aplicable también a las agendas transversales de género, etnia y diversidad sexual.

La capacidad humana para liberarnos y realizar las potencialidades que nos humanizan, no quedar atrapadas en la inmanencia de la historia y quizás el principio esperanza, como la utopía, que no se agota en un proyecto histórico de un sujeto que encarna igualdad para la libertad sea el límite de su filosofía de la historia que el cristianismo ha podido sostener al decir de Umberto Eco.

A 200 años podemos ver analógicamente que muchas de sus preocupaciones siguen vigentes y sus respuestas no pueden ser reducidas a las concreciones histórico-políticas que se inspiran en su pensamiento- La crítica “filosófica”, mediatizada ya por las experiencias históricas, la complejización del devenir del capitalismo y la diversificación del liberalismo y la democracia en la conformación del ser de la política; la Escuela de Frankfurt y la filosofía latinoamericana,  cumplirán una doble función: mostrar, por una parte, la parcialidad de los sistemas especulativos, evidenciada en el análisis interno de los mismos; por otra, patentizar el carácter «ideológico» que se manifiesta en el fracaso por ofrecer soluciones reales a los problemas concretos y en la ceguera para ver y abrir futuro al decir de Calvez. A la vez sigue presente la espada de Damocles que plantea Marx a los filósofos que se «han convertido en contemporáneos filosóficos del presente, sin ser sus contemporáneos históricos».  Asumir el desafío de pensar la realidad en relación a la crítica para humanizar y a la praxis para transformar el mundo de la alienación para ser realmente libres sigue siendo un aporte.

 

¿Hay puntos de contacto entre el pensamiento marxista y la Doctrina Social de la Iglesia? ¿Cómo lo analiza usted en su práctica profesional como cristiano?

 

PABLO GUERRA

Definitivamente hay puntos de contacto. Permítanme una anécdota. Durante varios años fui encargado de dictar un curso sobre historia de las ideas políticas a trabajadores del PIT CNT. En la primera clase solía leer sendos pasajes del profeta Amós donde criticaba la acumulación de riquezas y las injusticias con los más pobres. Cuando terminaba de leer les preguntaba a los presentes si sabían quién podía ser el autor. Las respuestas siempre eran las mismas: Marx. Vaya sorpresa para ellos, que lo que suponían era literatura marxista provenía en realidad de un texto bíblico

Con esto quiero decir, que a marxistas y a  cristianos nos une algo fundamental: la lucha contra las injusticias y la búsqueda de un orden social sin explotados ni explotadores.

No tengo duda entonces de muchos puntos de encuentro. Tampoco reniego de las diferencias, pero el peor de los escenarios posibles aquí, es cuando marxistas y cristianos nos ignoramos y nos cerramos en nuestras propias “verdades”, pues eso termina siendo caldo de cultivo para las desconfianzas y el menosprecio del otro. El Concilio Vaticano II marca un hito en esta materia. En el marco de estos nuevos aires conciliares es que se entiende la obra fundamental de un gran intelectual jesuita, el P. Jean-Yves Calvez, experto en marxismo y autor de varias obras que mucho influyeron para una correcta interpretación de Marx. Este jesuita, era un convencido que el capitalismo generaba desigualdades y que por lo tanto había que tocar la propiedad, en la misma línea de Juan Pablo II cuando se refirió en Puebla a la hipoteca social que le debía pesar. Así como la Doctrina Social de la Iglesia ha variado mucho su posición originaria sobre la propiedad, lo mismo ha ocurrido con el pensamiento marxista. Existen hoy en día en esta materia, más coincidencias que diferencias.  También quisiera destacar a aquellos marxistas que tendieron puentes con el cristianismo. Muchos de ellos, como en su momento lo hizo el francés Roger Garaudy, llamaron a un diálogo que permitiera defender lo que tenemos en común respecto a los valores fundamentales del hombre. Un intelectual marxista sobresaliente en tal sentido ha sido Ernst Bloch, muy estudiado por teólogos fundamentalmente de origen protestante.

Respecto a la segunda parte de la pregunta, debo decir que en mi práctica como sociólogo, investigador y promotor de economías solidarias, he tenido la posibilidad de coincidir con personas de diferente orientación ideológica, entre los cuáles muchos marxistas. Y cuando eso ocurre, todos salimos enriquecidos. Es que cuando los sueños son comunes, los puentes se dan naturalmente.

 

CÉSAR FAILACHE

Cardenal Marx: “Sin Karl Marx no habría doctrina social de la Iglesia”

Si uno se siente comprometido con compartir las luchas por suprimir las formas de injusticia que asolan nuestra sociedad y el mundo actual, las reflexiones de Marx y las que provienen de la Doctrina Social de la Iglesia, y del pensamiento cristiano en general, forman parte del equipaje intelectual para solucionar los problemas mencionados. Sin duda, la contribución de la obra de Marx no debiera ser ignorada ni despreciada, menos por los cristianos. Creo que las obras e intervenciones de Juan Pablo Terra, Juan Luis Segundo,  José Luis Rebellato, Emilio Castro, Luis Pérez Aguirre, para citar algunos, dan testimonio del mismo compromiso con fortalecer la libertad real de cada persona, un tema central en la obra de Marx.

NELSON VILLARREAL

La Enseñanza Social de la Iglesia desde su tradición basada en los profetas bíblicos, los Evangelios, los Hechos de los Apóstoles, la Patrística y toda la tradición de la dimensión social del mensaje cristiano durante los siglos se situará con la Rerum Novarum de León XIII en 1891 tomando distancia crítica del capitalismo y el comunismo. Sin embargo el proceso histórico de contradicciones que irá mostrando  puntos en común cambiarán la relación, hasta la confluencia con el marxismo. Situarán una nueva perspectiva desde el Concilio Vaticano II, el diálogo cristiano-marxista, la Conferencia de Medellín, la Populorum Progessio de Pablo VI y la teología de la liberación latinoamericana, como la Encíclica Laboren Exercens de Juan Pablo II y la actual pastoral global por los pobres, inmigrantes, indígenas, etc, del Papa Francisco, el programa de las tres T (trabajo, tierra y techo) emerge como más radical que las 10 propuestas finales del Manifiesto Comunista.

Podemos situar el aporte teórico más fundamentado del catolicismo  sobre Marx en la obra del jesuita Jean-Yves Calvez cuando publicó en París en 1956 “El pensamiento de Carlos Marx. El libro fue un acontecimiento, en el interior del catolicismo y fuera, hasta convertirse en obra de consulta durante décadas, a izquierda y derecha del mundo político y sindical.

Respecto a los puntos en común, entre otros, está la antropología humanista que se plantea en los “Manuscritos” del 44-45 donde se plantea el principio de humanización en la relación yo-tú que genera el ser social como personas iguales y libres. Será el pensamiento cristiano existencialista quien lo retomará. Finalmente la mediación socio-analítica para la filosofía política, teología, la pastoral y el compromiso laico en el mundo se verán influenciados por el aporte marxista a los cristianos de una generación de la que soy parte.

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