NICARAGUA: REPRESIÓN CONTRA LA IGLESIA

El diálogo nacional patrocinado por la Iglesia entre el gobierno y la Alianza Cívica que representa a la oposición, está en crisis. “Hasta ahora son pocos los avances debido a la falta de voluntad política de parte gubernamental. Estamos evaluando si realmente el gobierno está dispuesto a un verdadero diálogo. Hemos encontrado por parte de los representantes del gobierno irresponsabilidad, mentira y querer dilacionar las cosas”, dijo el obispo auxiliar de Managua, Silvio Báez.

La mesa de negociaciones ha pedido justicia por la muerte de más de 300 entre civiles y policías causada por la represión de protestas pacíficas; y además exige la democratización del país. Hasta ahora solo se ha permitido la entrada al país de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y de la Oficina de Derechos Humanos de la ONU. Estas han acusado al gobierno de graves violaciones a los Derechos Humanos (asesinatos, ejecuciones extrajudiciales, malos tratos, detenciones arbitrarias). Ortega se ha negado a las elecciones anticipadas que le pidió la OEA y rechazó a “aquellos que lanzan maldiciones y nos condenan a muerte en nombre de instituciones religiosas”. Y dirigiéndose a los obispos dijo: “Acuérdense de Cristo que nos enseñó a  amarnos los unos a los otros y este ha sido el esfuerzo permanente en nuestra práctica cristiana, socialista y solidaria”. Apeló a la Constitución que establece elecciones cada 5 años (“la Constitución no puede ser cambiada de la noche a la mañana porque se le ocurre a un grupo de golpistas”).                    

Baez y Brenes, rezando después de ser agredidos

Advirtió que continuarían los ataques “contra los subversivos para afianzar la paz”. Varios sacerdotes y obispos han sido amenazados de muerte por las escuadras orteguistas; hubo además varios templos parcialmente destruidos. La Universidad Católica está cerrada desde hace dos meses. Hay francotiradores profesionales en los techos para disparar contra las manifestaciones cada vez más numerosas. Hasta se llegó a golpear al cardenal Leopoldo Brenes y a herir con una navaja el brazo del obispo Silvio Báez manchando su sotana blanca de sangre en Diriamba, en el mismo templo invadido por las turbas orteguistas; le arrebataron las insignias episcopales y le golpearon en el estómago. La consigna de la Iglesia es: “Ni un muerto más”.

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