ITALIA: LAS BASES CATÓLICAS

Frente a 200 refugiados salvados en el mar, en el quinto aniversario de su primer viaje a Lampedusa, el Papa alabó a los socorristas del Mediterráneo como “buenos samaritanos; el buen samaritano no le preguntó al hombre golpeado por los bandidos quién era, cuál era su procedencia, sus razones de viaje o sus documentos: simplemente  decidió hacerse cargo y salvar su vida. La única respuesta sensata a las migraciones es la solidaridad, sin hacer demasiados cálculos”.

Por su parte el obispo Luigi Bettazzi muy conocido por sus batallas en favor de la paz, de 95 años,  escribió al jefe de gobierno italiano: “Somos muchos los que no queremos sentirnos responsables de barcos bloqueados o puertos cerrados y de gobiernos que después de haber explotados sus países y venderles continuamente armas, reaccionan ahora contra su gente que huye de esas guerras y de esa pobreza. No queremos que el Mediterráneo sea una tumba para una suerte de genocidio”. El sacerdote Gianfranco Formentón en representación de muchos sacerdotes: “Tenemos una población católica que busca bendiciones, va a procesiones y ritos religiosos pero cada vez que el Papa defiende a los inmigrantes y a los pobres, lo dejan de escuchar”. Varios sacerdotes, religiosas y laicos con el obispo Raffaele Nogaro a la cabeza han declarado un “ayuno de justicia” y se han apostado frente al parlamento en nombre de los 33.000 muertos acertados hasta ahora en el Mediterráneo. Declararon: “Estas políticas contra los inmigrantes son un insulto a la humanidad. Nos oponemos a los eslóganes “America first” y “Primero los italianos” y denunciamos como crímenes de lesa humanidad los que se están cometiendo en la frontera sur de Estados Unidos, en el Mediterráneo y en el desierto del Sahara. Denunciamos la hipocresía de la Unión Europea y convocamos a los italianos a la desobediencia civil”. Pietro Bartolo, el médico de Lampedusa que se hizo famoso en la película “Fuocoammare”, dijo en una entrevista: “Me resulta difícil decirme hoy orgulloso de ser italiano. Por más de 25 años no habíamos puesto alambre de púa ni vallas a los inmigrantes africanos; e hicimos historia. Pero desde hace un año hemos levantado dos muros: uno con Libia y el otro, el del miedo y del odio, mucho peor que los muros de cemento. A los italianos se los ha engañado con el cuento de la invasión. No conocen la realidad. Los cuerpos de los inmigrantes que yo atiendo hablan solos; son cuerpos que pesan menos de 30 kilos, deshechos, peor que en Auschwitz. Huyen de guerras despiadadas; es otro holocausto”.

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