(catequesis de adultos): EL SECRETO DE CONFESIÓN

 

Dos estados en Australia han aprobado la ley que obliga a los sacerdotes a revelar lo confesado por penitentes cuando esto tenga que ver con el abuso sexual de menores. Ya muchos curas manifestaron que prefieren ir a la cárcel antes que traicionar el secreto de confesión. Lo sacerdotes que no acatan la ley podrían ser sancionados hasta con diez mil dólares australianos. El secreto de confesión, como en cualquier orden jurídico, es para salvaguardar la intimidad y los derechos de la persona. Para los cristianos hay un derecho al secreto de confesión porque quien se confiesa de cualquier pecado, se supone que esté arrepentido y Dios siempre perdona. La ley que obliga a los sacerdotes a revelar un secreto reservado a Dios (ya que el sacerdote es tan solo su representante) amenaza la libertad religiosa. La libertad religiosa consiste en poder expresar las propias convicciones religiosas en privado y en común, en el culto, en las prácticas religiosas y en la enseñanza. ¿Sin el secreto confesional, quien estaría dispuesto a confesar sus pecados más íntimos y graves a un sacerdote y a buscar sus consejos? A quien le decimos nuestros secretos le vendemos nuestra libertad. Por otra parte es una experiencia común que quien molesta sexualmente a un menor, no lo confiesa ni al sacerdote ni al policía. Los pedófilos esconden sus crímenes y no se auto denuncian espontáneamente. Además normalmente el sacerdote no conoce la identidad del penitente y éste no tiene la obligación de revelarla para confesarse. Si se rompiera con el secreto, desaparecería también la remota posibilidad para que los culpables se confiesen; ¿quién va a confesarse sabiendo que puede ser denunciado? No habría además la posibilidad de instarlos a denunciar sus crímenes a la policía.

Esta ley es inútil. Lo que hay que hacer es prevenir los abusos y denunciar a los agresores sexuales. La violación del secreto de confesión no ayudará a prevenir los abusos y no ayudará a aumentar la seguridad de los menores.

Para la Iglesia el sacerdote en ningún caso puede violar el secreto de confesión aún a costa de su propia vida, so pena de caer en la excomunión. Su misión es únicamente la de ser instrumento de la misericordia de Dios. Sobre lo escuchado en la confesión, el sacerdote debe guardar absoluto silencio aún con el propio penitente fuera de confesión. Cristo mismo ha puesto a los sacerdotes como intermediarios del perdón de Dios. No ha dicho: “cuando estén en pecado pidan directamente perdón a Dios” sino “a quienes ustedes perdonen los pecados, les serán perdonados” (Jn 20,23).

 

                                        CHRISTOPHER PROWSE

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