(Misterios de la Biblia) Libro del Apocalipsis: ¿qué significa el libro sellado por los 7 sellos?

Recordemos que en su mayoría el libro profético del Apocalipsis, se compone de una serie de visiones con una cantidad de elementos simbólicos cuyo contenido no se comprende inmediatamente. Debemos leerlas cuidadosamente, y hacerlo mediante la comprensión del significado de los símbolos y hasta de los números, ya que estos significan cosas distintas. De todos modos, no son estas visiones anuncios de catástrofes, ya que están destinadas a consolar a los oyentes y darles esperanza, ya que los cristianos a los cuales va dirigido el mensaje, estaban siendo perseguidos a muerte por el emperador Domiciano.

Pero veamos el texto:  Juan, el vidente, es transportado al Cielo, a la morada divina donde ve a Dios lleno de luz y Gloria, pero no puede ver su rostro; es que el Señor no puede ser conocido plenamente por ningún humano, por eso se le menciona con cierto misterio como el que está sentado en el Trono.  Bajo sus pies hay un océano cuya agua semeja al Cristal. Ese “mar” es el depósito de aguas de los Cielos, y que se derrama sobre la Tierra cuando llueve (una idea de la época).

Rodean el trono otros veinticuatro, que representan a los 12 patriarcas del Pueblo de Israel, cabezas de sus doce tribus, y a los apóstoles de Jesús.

Sosteniendo el trono hay cuatro seres vivientes, llenos de ojos, que representan la Creación y están continuamente adorando y alabando a Dios. Ellos tienen aspecto de un león, un toro, un águila y un ser humano. Son las fieras, los ganados, las aves y la humanidad. El que sean cuatro también es simbólico, puesto que cuatro son los elementos que componen el mundo según la creencia de los antiguos, o sea, el fuego, el aire, la tierra y el viento (Apoc. Cap. 4).

Pero en el capítulo 5 se nos muestra a este libro misterioso.

“Vi entonces en la mano derecha del que estaba sentado en el trono, un libro escrito por ambos lados y sellado por 7 sellos. En ese mismo momento, un ángel poderoso, exclamó a toda voz. “¿Quién es digno de abrir este libro, y romper estos sellos? Pero no se encontró a nadie, capaz de hacerlo y de leerlo, ni en el Cielo, ni en la Tierra, ni en los abismos donde están los muertos.

Yo me quedé llorando al ver que nadie había sido hallado digno de abrir el libro, ni de leerlo”. (Apoc. 5,1-4)

Este libro es dos cosas: la Palabra escrita de Dios, lo que nosotros llamamos el Antiguo Testamento, una Palabra viva y liberadora, pero lamentablemente no del todo entendida para los judíos y los cristianos creyentes de esa época. Pero también simboliza el Plan de Dios, y su proyecto de vida para la humanidad. Y está sellado porque el sentido definitivo y el proyecto de Dios que está contenido en ella, no se puede entender sin la ayuda del único ser de la Creación que puede leerlo. En efecto, muchas profecías del Antiguo Testamento hablan de aquel que dará pleno cumplimiento al Plan de Dios y a la salvación humana. Ese es el mismo Jesús y sólo con Él podemos comprender plenamente las Escrituras.

Así que el texto presenta a Jesús, pero también en forma simbólica.

“Entonces uno de los ancianos me dijo: “No llores más, mira, ha vencido el León de la tribu de Judá, el brote de David, él será quien abra el libro y sus siete sellos”.

Miré entonces y vi entre el trono y los veinticuatro ancianos a un Cordero, que estaba de pie, a pesar de haber sido sacrificado. Tenía siete cuernos y siete ojos, que son los siete Espíritus de Dios, enviados a toda la Tierra.

El Cordero se adelantó y tomó el libro de la mano derecha de aquel que está sentado en el trono. Cuando lo hizo, los cuatro seres vivientes se postraron ante el Cordero. Lo mismo hicieron los veinticuatro Ancianos, que tenían en sus manos, arpas y copas de oro, llenas de perfumes, que son las oraciones de los santos. Entonces cantaron todos un cántico nuevo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; ya que fuiste degollado y con tu sangre compraste para Dios, hombres de toda lengua, pueblo y nación.  Los hiciste un reino de sacerdotes, para nuestro Dios, y dominarán toda la Tierra” Apoc. 5, 5-9

 

Este Cordero que había sido sacrificado, pero estaba de pie, es Jesús, muerto y resucitado para nuestra salvación. Tiene 7 cuernos, pues el cuerno es un símbolo de poder, y el 7 de plenitud. Posee todo el poder de Dios, pero este poder no lo obtuvo por medio de la violencia y la fuerza. Por el contrario, lo obtuvo dando la vida, y aceptando morir en la Cruz para salvar a la humanidad.

“Compraste para Dios, a hombres de todo pueblo, lengua y nación”. Esto en la jerga del mundo antiguo se llama “redimir”.

Si alguien amigo tuyo caía esclavo y tu querías salvarlo de esta condición, debías ir al mercado de esclavos, y allí donde se vendían los esclavos, ofrecer comprarlo, en la subasta que se organizaba. Si lograbas hacerlo y lo comprabas, le podías redimir, o sea liberarlo. Pero no era gratis, debías pagar por él.

Nosotros éramos esclavos del pecado y Jesús pagó un precio muy alto para liberarnos, dio su propia vida. Por eso llamamos a Jesús nuestro redentor. Ha hecho de nosotros un reino de sacerdotes, puesto que todos somos sacerdotes del Señor, por el bautismo que hemos recibido.
La Iglesia es un pueblo sacerdotal, que ofrece un culto agradable a Dios, renovando cada vez que se celebra la Eucaristía el sacrificio redentor de Jesús, porque en la misa todos celebramos, no sólo el cura, porque todos somos el Pueblo de Dios.

Si leemos el capítulo 6, vemos a continuación el significado de los sellos que se van abriendo y a la vez, cada uno de ellos genera un visión más. Es la explicación del proyecto de Dios, y cada sello lo va explicando.

Los primeros cuatro sellos nos hablan de lo que le espera al Imperio Romano, que será castigado a causa de los asesinatos y las ejecuciones de inocentes que realiza al perseguir por su fe a los cristianos.

 

San Juan

El primer sello
Es un caballo blanco, y un arquero poderoso lo montaba, se le dio una corona y salió para vencer y combatir. Estas son las invasiones de los persas, que bajo la dinastía de Cosroes I serán un verdadero tormento para el Imperio Romano, pues amenazarán sus fronteras orientales, y aunque el ejército romano intentaba vencerlos y contenerlos nunca lo logró del todo. El mismo emperador Valeriano, otro perseguidor de los cristianos, fue capturado por el emperador Persa Sapor I y ejecutado por él. Sapor I exhibía en su sala del trono, el cadáver del emperador romano. Esto ocurriría hacia el año 260.

 

El segundo sello
Sale al abrirlo otro caballo, éste de color rojo fuego y lleva una espada, para exterminar a los hombres y hacer que se maten unos a otros. Tras la muerte de Nerón, hubo una guerra civil en el Imperio y cuatro emperadores se sucedieron en el poder. Tras la muerte de Domiciano pasaría lo mismo. Las guerras civiles son las peores guerras y las más sangrientas.

 

El tercer sello
Un caballo negro con una balanza en la mano y anunciando el precio de la harina, el aceite y el vino, son precios elevadísimos. Este caballo representa la carestía y el hambre.

 

El cuarto sello
Es un caballo verdoso, y el que lo monta es la muerte, y detrás de él viene el lugar de los muertos. El color verdoso es el que adquieren los cadáveres cuando se empiezan a descomponer.  Este caballo es la Peste y la mortandad que engendra.

Estas calamidades azotarían al Imperio Romano, pues estaba cimentado en la esclavitud y en la dominación por la fuerza de los pueblos. La tan mentada “Pax Romana” no era la verdadera paz, sino la imposición de la violencia, la paz del garrote. La esclavitud no es la mejor base para cimentar la economía de los pueblos.

 

El quinto sello
“Cuando abrió el quinto sello, divisé bajo el altar de los sacrificios, las almas de los que habían sido  degollados a causa de la Palabra de Dios, y por haberla proclamado. Ellos se pusieron a gritar muy fuerte: “Señor, Santo y Justo, ¿Hasta cuándo estarás sin hacer justicia, y pedir cuentas por nuestra sangre, a los habitantes de la Tierra? Entonces les dieron a cada uno, un vestido blanco, diciéndoles que esperaran, hasta que se completara el número de los hermanos y compañeros de servicio, que deben ser muertos como ellos”. (Apoc. 6, 9-11)

 

El sexto sello
La narración describe ahora un violento terremoto, y señales, en el Cielo, donde el sol se pone negro, y la luna se pone del color de la  sangre. Dos fenómenos astronómicos conocidos, un eclipse lunar en el cual la luna se pone de color rojo, y un eclipse solar total, ambos signos se consideraban en la época como anuncios de desgracias.  También las estrellas caen del cielo, (¿una lluvia de meteoritos?) Luego los príncipes y la gente importante se esconde porque saben que el día del juicio está cercano. Estos fenómenos no deben ser interpretados al pie de la letra, indican una crisis, es que el Imperio se empezará a disgregar y romper en dos, luego de esta época. Era una institución corrupta y se anuncia aquí su caída final.

 

La multitud de los salvados
Pero el sexto sello nos muestra también a la multitud de los salvados, que son sellados por los ángeles: se mencionan como 144.000. El mismo texto dice que son 12.000 elegidos de cada una de las tribus de Israel (el  número 1.000 es usado para representar una gran cantidad, y el 12 multiplicado por 12, habla de la totalidad o casi totalidad del Pueblo de Israel, el primer pueblo de Dios que será salvado).

Luego se ve a una gran muchedumbre de todo pueblo, lengua, raza y nación, que lucían vestiduras blancas, y llevaban palmas en sus manos.

Eran los que habían dado la vida por el Señor en las persecuciones del Imperio, y llevaban túnicas blancas en señal de pureza y luz, pues habían “lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero” (Apoc. 7, 14). Es la muchedumbre de los mártires, que se mantuvieron puros en un mundo corrompido. Por eso llevan palmas en las manos. Hay que recordar que tanto a los atletas vencedores en las olimpíadas como a los gladiadores que vencían en una lucha en el Circo Romano, se les daban palmas como recompensa por su victoria.

Ellos no habían renegado de Cristo a pesar de la cárcel, los azotes y la muerte cruel que habían padecido a causa del Señor. Por eso han triunfado. Por eso en la iconografía religiosa tradicional, a los santos mártires como San Expedito, Santa Inés, o Santa Lucía, por ejemplo, se les representa con una palma en su  mano.

Hay algunos fundamentalistas que llevados en visión al infierno, aseguran que allí hay más condenados que salvados; según ellos el infierno está abarrotado de gente. Nada más lejos de la verdad. Aquí en el Apocalipsis se nos dice que los salvados son más que los condenados. No es verdad que el Apocalipsis es un libro que anuncia únicamente calamidades.

 

El séptimo sello
Al romperse el séptimo sello viene un momento de prolongado silencio.

Significa que Dios ha hecho su obra, ha juzgado al Imperio, y ha castigado las iniquidades de los humanos, ha salvado a su Pueblo, y se ha anunciado la Buena Noticia.

Todos los seres escuchan y contemplan esta obra de Dios, adorando en silencio a Aquel que ha mostrado tanto amor por la humanidad.

 

Eduardo Ojeda

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