Oeconomicae et pecuniariae quaestiones

O cómo la economía debe responder al campo de la ética

 

Pablo Guerra

 

Presentación del documento, en la santa Sede

De la mano del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral y de la Congregación para la Doctrina de la Fe así como con la aprobación de Francisco, la Santa Sede divulgó recientemente un notable documento que podemos catalogar como algo más que un resumen de la doctrina católica sobre el mercado de finanzas. Es sobre todas las cosas, una bocanada de aire fresco y esperanzador sobre una de las dimensiones económicas más controvertidas del mundo contemporáneo.

Efectivamente, bajo el título “Oeconomicae et pecuniariae quaestiones. Consideraciones para un discernimiento ético sobre algunos aspectos del actual sistema económico y financiero”, el documento no escatima en críticas al sistema financiero actual. Pero no se queda solo en una mirada profética: nos anima a cambiar el modelo desde nuestros actos cotidianos y sobre todo con orientaciones claras a quienes tienen mayores responsabilidades en el manejo de los instrumentos financieros.

 

A lo largo de sus 34 numerales divididos en 4 capítulos tenemos un buen ejemplo de cómo entender a la economía inserta en un marco ético. Sus primeras líneas no pueden ser más claras:

 

“Las cuestiones económicas y financieras, nunca como hoy, atraen nuestra atención, debido a la creciente influencia de los mercados sobre el bienestar material de la mayor parte de la humanidad. Esto exige, por un lado, una regulación adecuada de sus dinámicas y, por otro, un fundamento ético claro, que garantice al bienestar alcanzado esa calidad humana de relaciones que los mecanismos económicos, por sí solos, no pueden producir” (N1).

 

Luego de recordar el papel del amor y su incidencia en la anticipación del Reino el Documento es enfático en señalar como una de la “tareas primordiales de la Iglesia” la de fijar “con humilde certeza” algunos principios éticos claros (N. 3). Esos principios deben actuar en todos los planos de la vida humana, incluido la política y la economía. Y con mucha más razón, en un contexto histórico sacudido por la crisis financiera internacional, expresión clara del egoísmo sin límite, tras la cuál “no ha habido ninguna reacción que haya llevado a repensar los criterios obsoletos que continúan gobernando el mundo” (N. 5).  De esa manera, en el numeral 6 se explicita el objetivo del Documento:

 

“emprender una reflexión ética sobre ciertos aspectos de la intermediación financiera, cuyo funcionamiento, habiéndose desvinculado de fundamentos antropológicos y morales apropiados no sólo ha producido abusos e injusticias evidentes, sino que se ha demostrado también capaz de crear crisis sistémicas en todo el mundo” (Vaticano, 2018: N. 6).

Es así que luego de la parte introductoria se avanza en las “consideraciones básicas de fondo”. Este capítulo está repleto de muy importantes consideraciones desde el punto de vista de una ética económica. Valga en tal sentido la larga lista que exponemos a continuación a manera de resumen:

  • el campo de la economía necesita de la ética;
  • esa ética debe fundarse en una concepción de persona no solo racional sino además relacional;
  • las relaciones económicas de intercambio entre equivalentes son tan fundamentales como las relaciones basadas en el don;
  • la antropología relacional descubre motivaciones dirigidas al bien común antes que al mero crecimiento indiscriminado de ganancias;
  • la legitimidad de los sistemas económicos depende no solo del crecimiento del PBI sino fundamentalmente del desarrollo integral;
  • necesidad de contar con nuevos parámetros “donde ganancia y solidaridad no sean antagónicas”;
  • necesidad de la libertad de iniciativa pero enmarcada en criterios éticos para evitar intereses oligárquicos;
  • los mercados no son capaces de regularse por sí mismos, ni de generar los fundamentos de cohesión social ni de evitar las externalidades negativas (caso de las injusticias sociales y ambientales);
  • el sector financiero es un ámbito donde se expresan con mucha facilidad los comportamientos egoístas y donde se comercializan productos potencialmente dañinos para el bien común;
  • las condiciones de asimetría en las que se comercializan algunos productos aunque legales, suponen graves violaciones desde el punto de vista ético;
  • hay un desplazamiento del trabajo como bien hacia mero medio y del dinero como medio hacia un fin en sí mismo;
  • abusivas tasas de crédito configuran usura;
  • la actividad financiera debe estar llamada a contribuir con la economía real: el acceso al crédito por parte de cooperativas y otros instrumentos locales o dirigidos a pequeños productores van en ese camino;
  • particularmente deplorable es la conducta de los fondos de inversión que buscan en la especulación maximizar sus utilidades.

Seguramente cada uno de estos puntos citados merecerían un mayor desarrollo en esta nota. Dejo a los lectores, sin embargo, con la tarea de leer el Documento de forma completa.

A partir del numeral 18 da inicio la tercera parte titulada “Algunas puntualizaciones en el contexto actual”, donde se agudiza el análisis de los instrumentos financieros. Comienza con algunas recomendaciones como la exigencia de certificaciones por parte de organismos públicos para los productos financieros o la mayor coordinación supranacional en materia de arquitectura financiera. En definitiva, se trata de buscar una regulación que conjugue la libertad y tutela de todos. También recurre a la necesidad de incorporar más cooperación y solidaridad en estas estructuras ya que esos valores, al igual de lo sucedido en el milagro de Cafarnaún, suelen generar resultados esperanzadores, multiplicándose los bienes dando frutos inesperados a todos.  Otro de los valores que menciona este capítulo es el de la transparencia: la salud del sistema financiero necesita de la mayor cantidad de información posible y de reglas construidas con total transparencia. Como comportamientos repudiables se citan entre otros,

  • los “excesivos movimientos del portafolio de títulos, con el propósito principal de incrementar los ingresos generados por las comisiones del intermediario”,
  • las políticas empresariales dirigidas a aumentar las ganancias de los accionistas antes que cuidar la salud de las empresas,
  • la creación de títulos de alto riesgo del tipo “hipotecas subprime”,
  • la comercialización de títulos que a cada paso de su compra – venta generan distorsión en sus valores convirtiéndose en “bombas de relojería” favoreciendo las burbujas especulativas,
  • la especulación de tipo “canibalismo económico” con los denominados  credit default swap,
  • la manipulación de indicadores como la tasa Libor o incluso los conocidos casos de lavado de dinero o evasión que muchas veces operan por medio de las finanzas off shore.

Desde un punto de vista más concreto, se mencionan como medidas a tomar en cuenta por parte de los actores en el sistema, la  posibilidad de establecer, “para los intermediarios bancarios de crédito, una clara definición y la separación de la gestión de cartera de créditos comerciales y aquel destinado a la inversión o a la negociación de cartera propia” (N. 22), establecer comités éticos en los Bancos (N. 24; N.28) y establecer acuerdos para limitar el alcance de las plazas financieras offshore (N. 31).

Más ampliamente, se nos invita a consumir y ahorrar con criterios éticos. Aquí hubiese sido útil, además de justo, mencionar explícitamente los casos de finanzas solidarias y bancos éticos, de importante crecimiento en el mundo en estos últimos años.

Concluyendo, el Documento nos invita a actuar con coherencia ética también en los mercados financieros, de forma de evitar el pesimismo y ver con esperanza lo que se puede hacer en la búsqueda del bien común.

 

Se trata, reitero, de un notable Documento, muy bienvenido en las actuales circunstancias, muy afín al Magisterio no solo de Francisco sino incluso anterior (ver el caso de Caritas in Veritate, Encíclica de Benedicto XVI que da a luz en plena crisis financiera internacional) y que por cierto ya está recibiendo críticas por parte de quienes siguen insistiendo que hay que dejar funcionar a los mercados evitando no solo regulaciones sino además cualquier mirada desde la ética.

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